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Reportaje | 11/01/2013
Sangre llega a liceos
El país se desangra desde abajo: las escuelas también se convierten en escenario de la violencia criminal. Acaban de asesinar a una muchacha en el liceo Andrés Bello, y las armas siguen aguardando una ley
SEBASTIÁN DE LA NUEZ
Inseguridad
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El trabajo de la periodista Thabata Molina, este jueves en El Nacional, reseña la información a partir de una exclamación de la madre. En esa frase se encierra el drama de un país que se suicida: "Contigo se me va la vida, hija mía". ¿Es posible que la nación se conmueva ante tal exclamación de desconsuelo y dolor sin parangón alguno? El venezolano parece ajeno a su propia tragedia, como si no le importara.

En un país normal, la cotidianidad se hubiese detenido hace tiempo. La cotidianidad no puede seguir su curso ante el asesinato de Michelle Andrea Buraglia. Estaba jugando básquet en una cancha del liceo Andrés Bello el martes pasado, tenía 16 años, estaba llena de planes y entusiasmo vital. Se la llevó un tiro que llegó a ella por casualidad, por pura mala puntería.

Capturaron a los muchachos involucrados: uno de ellos es de segundo año. Mientras ocurría el crimen, esa casualidad feroz ensañada con la pura inocencia de una chica de 16 años jugando básquet, crecía el "debate" en la Asamblea Nacional. Nicolás Maduro y Diosdado Cabello fraguaban sus próximos movimientos. La Asamblea Nacional lleva años arrastrando una deuda con el país, y es una ley que al menos imponga en el papel serias restricciones al tráfico de armas en este país.

VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS
En 2009, el Centro Gumilla realizó una encuesta en escuelas de Catia y Petare indagando sobre los niveles de violencia. Publicó los resultados en la revista SIC de marzo de 2010. Los resultados eran alarmantes. De los estudiantes encuestados, 73% habían presenciado situaciones violentas dentro de sus planteles.

Sólo una cuarta parte de quienes respondieron al estudio manifestó no haber observado situaciones de violencia y 2% no contestó. Del personal directivo y docente que labora en los planteles, 68% manifestó haber presenciado situaciones violentas dentro del plantel.

Al indagar en los tipos de acción violenta percibidas o sufridas en los planteles, los estudiantes respondieron de este modo: agresiones verbales (88%), agresiones físicas (79%), abuso de poder (24%) y abuso sexual (5%). Por su parte los docentes distribuyeron las evidencias de violencia de este modo: agresiones verbales (89%), agresiones físicas (83%), abuso de poder (15%), abuso sexual (5%).

Decía el estudio publicado en SIC (el Gobierno bolivariano, tan preocupado por la salud de su pueblo, jamás se ha molestado en mandar a hacer una investigación semejante) que los mecanismos que se popularizan dentro de escuelas y liceos, para la resolución de conflictos, son violentos. De hecho, el caso del liceo Andrés Bello al parecer se originó en un pleito entre adolescentes. Y la respuesta fue esa, disparar desde un segundo piso a un blanco móvil en la cancha, con tan mala suerte que el disparo tuvo otro destino.

El estudio indicaba que los casos de abuso de poder y abuso sexual eran bajos; pero que no existen mecanismos que combatan ese tipo de acciones. Si bien la mayoría de los hechos calificados como violentos ocurren en las inmediaciones del centro educativo, también un alto porcentaje ocurre en las propias aulas de clases.

La violencia en los centros educativos es abierta y desafiante. En las escuelas venezolanas también se aprende ahora sobre la materia que más y mejor distingue a la sociedad venezolana, la violencia. Hace algún tiempo, la profesora Luisa Pernalete, docente con amplia experiencia en Fe y Alegría, hablaba del caso "me mataron mi canaimita".

Resulta que a una maestra, en una escuela pública de Ciudad Guayana, le llegó uno de sus alumnos más pequeños llorando porque "me mataron mi canaimita". Al parecer, no le había querido prestar su computadora a un familiar mayor, quien sacó una pistola y en venganza le pegó un tiro al aparato, que quedó inservible.

El niño venezolano está rodeado: en la familia absorbe la violencia. En la televisión ve a figuras de autoridad como los diputados o al propio Presidente insultando al prójimo. Y en la escuela, ahora, resulta que en cualquier momento puede convertirse en víctima. Una cifra más.

 
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