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Reportaje | 10/01/2013 | 1 Comentarios
Pendiente con Maduro
El sucesor designado por el presidente Chávez recibe cautelosos elogios de la prensa anglosajona, donde escrutan y analizan al vicepresidente obteniendo una evaluación general no despectiva, de hecho “afable" es la palabra que más se usa para caracterizar a ese ubicuo funcionario
MARIO SZICHMAN/ Especial para Tal Cual
Nicolás Maduro
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La secuela lógica de la insuficiencia respiratoria es la ausencia total de respiración. El presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías está padeciendo de insuficiencia respiratoria, según señalan fuentes oficiales, y su prognosis no es muy alentadora. Sus posibilidades de recuperación son magras, y la prensa anglosajona ha comenzado un escrutinio de su probable sucesor, el vicepresidente y canciller Nicolás Maduro.

Y la evaluación no es despectiva. Inclusive algunos sugieren que Maduro podría ser mejor presidente que Chávez. Tal vez la caracterización más sorprendente fue la de Jonathan Weathley, quien señaló en The Financial Times que Maduro podría cumplir en Venezuela el papel de Dilma Rousseff en Brasil.

Tanto Chávez como el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva poseen dedos juguetones, y han tenido grandes dificultades para distinguir entre sus bolsillos y las rentas públicas. Pero la presidenta Rousseff ha mostrado mayor tino con las finanzas del Estado. Según señaló el periodista Weathley, "el carisma no es todo. En ocasiones, el tecnócrata puede revelar destrezas sorprendentes y eclipsar a su antecesor, inclusive si es un gigante político".

Un "roundup" del Wall Street Journal con entrevistas a funcionarios diplomáticos indicó una opinión favorable hacia Maduro en muchos de ellos. "Afable" es la palabra que más se usa para caracterizar a ese ubicuo funcionario cuyo cargo actual es indefinible (¿es presidente encargado, vicepresidente en ejercicio, o ambas cosas a la vez?) Y, como dijo el periódico, nadie lo considera "tan pendenciero o emotivo como el jefe de Estado venezolano". El gobierno colombiano ha expresado gratitud por los esfuerzos de Maduro para impulsar el proceso de paz con la guerrilla de las FARC.

Tal vez el elogio mayor que recibió Maduro fue de un diplomático que reside en Caracas, quien dijo que el funcionario "ha obtenido reputación internacional como alguien que no es un demente".

Todavía existe sorpresa por la conversación telefónica que mantuvo Maduro con Roberta Jacobson, la principal diplomática estadounidense para el hemisferio americano, aunque eso no significa que Maduro piense hacer una política internacional más acorde a los intereses de Washington. Es "nuestro hombre en La Habana" para el Gobierno cubano, y durante su paso por la cancillería ha robustecido los vínculos con China, Irán y Rusia. El hecho de que se pueda hablar con Maduro, es una cosa, dijo un diplomático al Wall Street Journal. "En cuanto a obtener un acuerdo, esa es otra historia".

¿PODRÁ QUITARSE LA SOMBRA DE CHÁVEZ?
El grave problema que confronta Maduro una vez se supere el período de incertidumbre causado por las numerosas agonías y recuperaciones del presidente Chávez es si seguirá la lección del maestro, o intentará imponer su propio estilo. Hasta ahora, ha sido como esos aprendices de bailarín, que siguen en el piso las marcas de pisadas que dibujan sus instructores.

La agencia noticiosa Reuters señaló que Maduro ha incurrido en la costumbre de visitar sitios en construcción, hospitales y refinerías petroleras "en escenas que hicieron recordar" las protagonizadas por Chávez y divulgadas por la televisión en cadenas de múltiples horas de duración. También ha intentado copiar la retórica de su mentor y su estilo de vestimenta, pero, como dice el periodista Wheatley, "ha fracasado en su intento de capturar su carisma".

De todas maneras, todos esos gestos los hace Maduro mientras el presidente está vivo. Si termina reemplazando a Chávez, muchas cosas pueden cambiar. Pues Maduro tiene una gran ventaja sobre Chávez: lo vio gobernar. Y como señalaba Hegel, en la relación amo-esclavo, sólo el esclavo aprende.

Y el esclavo ha aprendido mucho. Maduro no es ya el hombre que en sus primeros tiempos como canciller se perdía en los aeropuertos de Nueva York tratando de descubrir la salida. Ha calibrado las virtudes y defectos de Chávez, y seguramente ha extraído valiosas enseñanzas. Por ejemplo: que no puede estar en todos los lugares al mismo tiempo, y debe delegar en sus subalternos (Carlos Andrés Pérez solía bromear que era imposible ejercer la presidencia en un país gobernado por él).

LO QUE VENDRÁ
Por supuesto, dos palabras terminadas en "dad" continuarán durante el próximo gobierno chavista: irresponsabilidad e impunidad. Pero habrá menos ocasiones de lavarse las manos a raíz de actos ilegales cometidos por funcionarios públicos. Muy pocos suponen que en un gobierno presidido por Maduro seguirán las vejaciones a magistrados como las cometidas contra la jueza Afiuni. O que se ejercerán venganzas personales contra presos políticos. O que el gobierno se quedará cruzado de brazos si surge otro caso como el de Franklin Brito.

Las personalidades deciden el estilo de gobierno. Maduro no parece un hombre capaz de aprovechar sus resentimientos personales para cobrarse agravios. Y es difícil que sus complejos de inferioridad se atraviesen en el camino de sus decisiones políticas.

O que su egolatría lo conduzca a salvar el planeta y la humanidad. (Si bien Maduro anunció públicamente esa intención en una reciente entrevista en La Habana, no parece figurar entre sus obsesiones principales).Nadie considera a Maduro un hombre que goza humillando o burlándose de sus subalternos. O que es capaz de desenterrar el fémur de algún prócer para rezarle a Changó (En ese sentido hasta el energúmeno del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, parece un santo laico al lado del presidente Chávez).

¿Superará Maduro a Chávez? No es descabellado pensarlo. Chávez consiguió algo impensable en la política venezolana: bajar tanto la barra de la concordia política, del trato decente hacia al adversario, del respeto por la opinión ajena, que cualquiera que lo reemplace tendrá buena acogida ­al menos al principio­ y recibirá un período de gracia. En ese sentido, para fortuna de todos los venezolanos, el presidente Chávez será siempre irremplazable.

 
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