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Otra mirada | 09/01/2013
La bufonada
Aún agradezco a los Tres Chiflados por aquellas risas que nos arrancaban en aquellos días de la infancia. Usted y yo no somos más que actores de reparto en esta comedia del absurdo que vivimos todos los días con la política nacional
MIGUEL ÁNGEL LATOUCHE
Chávez
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Cuando niño, aún en la época de la televisión en blanco y negro y sin cableras, durante el tedio de algunos días de encierro nos dedicábamos a ver algunos capítulos de esa serie genial de situaciones que representaban los tres chiflados.

Estos tipos geniales protagonizaron unos 190 cortos para Columbia Pictures entre 1934 y 1958. Larry, Curly y Moe no sólo obtuvieron éxito mundial sino que además iniciaron un subgénero de comedia llamado slapstick o bufonada que se caracteriza por situaciones jocosas que conllevan a las chanzas, los golpes, la farsa y las bromas prácticas. Se plantea un argumento sencillo que se lleva al límite mediante el absurdo inverosímil.

¡Ah! como nos reíamos mis hermanos y yo cuando Curly le lanzaba un pastel en la cara a Moe y este molesto le pinchaba los ojos, o cuando se elaboraba una trama, cualquiera, desde una mentira evidente para los observadores pero que se mantenía velada para los protagonistas, qué decir de las situaciones inesperadas llevadas al absurdo o de los giros ridículos. Las ocurrencias de estos personajes de la ficción se han convertido en un clásico de la televisión de todos los tiempos que han tenido influencias en comedias de situación tan exitosas como Seinfeld, por ejemplo.

Aún agradezco a los Tres Chiflados por aquellas risas que nos arrancaban en aquellos lejanos días de la infancia. Todavía, a estas alturas de la vida, disfruto viendo alguna de las repeticiones que a veces nos ofrecen los canales por cable. Larry, Curly y Moe me enseñaron que a veces la realidad y la ficción no se encuentran separadas del todo, que si nos descuidamos podemos formar parte del elenco de actores que elaboran la comedia del absurdo y que el desatino tiene el potencial de convertirse en un asunto cotidiano.

Disfruto prender la televisión y encontrarme con estos sujetos capaces de hacernos reír aun cayendo en la tragicomedia, no me gustaría tenerlos como gobernantes o como asambleístas, aunque a veces parece. Acaso no es gracioso escuchar a alguna ministra decir con desparpajo "es que la oposición no es otra cosa que un cero a la derecha", a mí me parece hilarante. Esa capacidad que tenemos los venezolanos para hacer chanzas, para descubrir de manera ociosa el filón gracioso de casi cualquier situación nos ha salvado de situaciones comprometedoras y/o potencialmente peligrosas.

Nos encanta jugar con el absurdo, fíjense: -la situación del hombre es delicada pero estable, es estable pero evoluciona, está sano pero no aparece, todos han conversado largamente con él pero nadie ha escuchado su voz, libra una batalla pero no está tan enfermo. Se ha informado verazmente sobre su situación pero nadie sabe cuál es el mal que le aqueja, ni cuál es el tratamiento, ni cuál es su situación médica-.

Otros más: -Si Ud. pregunta mucho es porque defiende intereses inconfesables, ajenos, quizás sea un traidor a la patria, a lo mejor le tarifa el Imperio, no se meta en lo que no le interesa, se trata de un asunto privado, no sea entrépito, respete-.

Sigamos: -estamos más unidos que nunca, somos hermanos del alma, no existen divisiones internas, nosotros sabemos qué hacer, allá ustedes que son malucos, mala gente y apátridas, no hay reconciliación posible, no hay nada sobre lo cual conversar, no hay necesidad de una comisión de médicos independientes, vayan a lavarse ese paltó, se trata de un mandato continuo-.

No pregunten mucho no sea que se los lleve caprán.

Últimos: -Somos comunistas pero rezanderos, elevemos las plegarias más allá de la iglesia apátrida, todo se resuelve en un acto de fe, prendamos unas velitas, hagamos una misa en el Parlamento¬-. Coloque usted las comillas donde corresponda querido lector, lo demás es pura echadera de vaina, pura ficción, a fin de cuentas todos funcionamos bajo la buena fe, no son necesarias las aclaratorias, si no que lo digan Caperucita y Palo Quemao, a ritmo de Alí Primera, desde el Hemiciclo de la Asamblea Nacional. Tómeselo todo con soda y dispóngase a reír, usted y yo no somos más que actores de reparto en esta comedia del absurdo que vivimos todos los días en este país en el cual los diputados se juramentan en nombre y por autoridad del Líder Máximo.

Así pues me dispongo a salir a la calle, abro la puerta y es como si encendiera la televisión en un canal que, para ahorrar costos o simplemente para joderlo a uno, pasa repeticiones infinitas de esas comedias de bufonadas que hacen que uno se desternille de la risa. Por suerte aun tenemos la capacidad de reírnos de nosotros mismos sin mayores complejos. A Larry, Curly y Moe me los tropiezo de manera frecuente de un lado de la acera y del otro, aunque parezca inverosímil.

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