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Reportaje | 07/01/2013
Violaciones "normales"
En la India se debe luchar para extirpar las causas de la violencia contra la mujer que terminan impunes. Las penas, que son severas y van desde siete años de reclusión a la muerte, se imponen pocas veces
LA NACIÓN/ARGENTINA
Violaciones en India
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La India es un país lleno de contrastes y contradicciones, con crecientes perfiles de modernidad que conviven con conductas que reflejan un atraso verdaderamente atávico e inaceptable para una sociedad que aspira a ser moderna. Por eso, allí se generan episodios de una crueldad y una cuota de primitivismo inaceptables que muestran que, como conjunto, aún no ha aprendido a respetar como se debe a sus propias mujeres.

Con una inmensa población, la India aloja formalmente a la democracia con mayor población de todo el mundo. Pero la cobarde violación grupal de una joven de 23 años en un autobús en Nueva Delhi ha puesto en marcha inesperadas y multitudinarias protestas que evidencian que vivir en democracia es realmente mucho más que poder elegir a las autoridades a través de las urnas.

Es un conjunto de valores esenciales que deben ser respetados por todos.

Entre ellos, el derecho de la mujer a ser tratada igualitariamente y respetada.

Esto no ocurre en la India, situación que es inaceptable para un país con pretensiones de liderazgo y una sociedad que cree ser moderna.

Decenas de miles de personas se manifestaron pacíficamente en Nueva Delhi y en otras ciudades del país por la muerte de la joven a causa de las heridas sufridas en el brutal ataque de violación perpetrado el 16 del mes pasado por seis hombres en el ómnibus. Durante 13 días luchó por salvar su vida la joven. Los agresores, cinco mayores de edad y un menor, ya fueron acusados y su juicio ha comenzado.

Los casos de violaciones de mujeres denunciados en 2010 fueron más de 20.000, cifra engañosa porque la mayoría de estos actos termina en el más absoluto silencio. Las violaciones han crecido un 25 por ciento en apenas el último quinquenio. En Nueva Delhi, el año pasado hubo más de 600 violaciones, pero sólo una de ellas terminó con una condena judicial para sus perpetradores.

La víctima, en el caso que por su crueldad y salvajismo conmociona ahora al mundo entero, falleció en un hospital de Singapur como resultado de las gravísimas heridas recibidas en el bárbaro ataque que sufriera. Lo que naturalmente encendió nuevamente las protestas y potenció los reclamos al gobierno, al que se acusa de pasividad.

Lo sucedido debería avergonzar a las autoridades indias y provocar un cambio de actitud, además de conducir a una condena ejemplar contra los seis cobardes responsables de la tragedia.

Por desgracia, la policía (cuyos efectivos cuentan con menos de un 4% de mujeres) con frecuencia no acepta siquiera las denuncias de violaciones y tan sólo la cuarta parte de los casos judiciales de violación terminan en condenas después de transitar años de lentos y engorrosos procesos judiciales.

Hay en los tribunales penales indios decenas de miles de casos abiertos, pero sin resolver. Las propias víctimas de las violaciones con frecuencia son increíblemente acusadas de haberlas generado ellas mismas con actitudes o atuendos considerados provocativos.

Para la India es tiempo de cambiar, de endurecer su legislación, mejorar sus medidas de prevención y hacer mucho más eficiente el proceder policial. Las penas, que son severas y van desde siete años de reclusión a la muerte, se imponen pocas veces.

Los reiterados episodios de violencia contra la mujer deben terminar de una vez. Así lo está exigiendo la sociedad india a los gritos. Esa clase de violencia ha aumentado a medida que la mujer ha ido saliendo paulatinamente del aislamiento en el que se encontraba e integrándose a la sociedad, concurriendo a las universidades y compitiendo con los varones por las oportunidades de trabajo. A mayor presencia social, mayor riesgo para la mujer de ser maltratada, lo que es absurdo.

Por esto las autoridades de la India deben cambiar aceleradamente de actitud y proteger eficazmente y con toda diligencia a las mujeres. Lo que acaba de ocurrir con la muerte de la joven violada en un colectivo en la propia Nueva Delhi proyecta hacia el exterior una imagen deplorable. India debe luchar para remover las causas de este flagelo.


 
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