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Opinión | 13/12/2012
Socialfascismo
La pretensión del tte coronel de eternizarse monárquicamente en el poder ha quedado demostrada plenamente mediante las continuas y perversas legitimaciones plebiscitarias a las cuales han sido convocados los venezolanos cada 6 años
RAFAEL LÓPEZ PADRINO
Chávez
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Uno de los problemas más complejos que encaran los regímenes autoritarios es el de la sucesión del poder, en especial en aquellos gobiernos altamente personalizados como el que preside el comandante-presidente.

Los matices promonárquicos del régimen del tte coronel se evidenciaron desde sus mismos inicios. Una vez electo Presidente en 1998, impulsó una reforma constitucional ­a su medida­ que le ha permitido el control absoluto y el manejo discrecional de todos los poderes del Estado, así como de los cuantiosos recursos de la renta petrolera.

Al margen de la propaganda gobbeliana el socialfascismo bolivariano representa un proyecto proto-monárquico y excluyente, que usurpa y publicita una postura socialista para su "comercialización ideológica". La pretensión del tte coronel de eternizarse monárquicamente en el poder ha quedado demostrada plenamente mediante las continuas y perversas legitimaciones plebiscitarias a las cuales han sido convocados los venezolanos cada 6 años. Por ello la alternabilidad en el poder en el fachochavismo lucía impensable, al menos hasta el 2030 según los deseos expresados por el propio iluminado de Sabaneta.

Sin embargo, este escenario político cambió radicalmente la noche del pasado 8/12, cuando el tte coronel anunció una recurrencia del "secretísimo tumor maligno", así como la necesidad de viajar a Cuba para un nuevo tratamiento médico. Esta "reaparición de células malignas" ocurre después de que él mismo había señalado ­en tres oportunidades­ estar totalmente "curado del cáncer" durante la campaña electoral.

Obviamente, el tte coronel le mintió premeditadamente al país cuando presentó su candidatura para las elecciones del pasado 7-O. Las expectativas de una falta absoluta a los deberes relativos a su condición de primer mandatario o la muerte misma, lo han obligado a pensar en su inminente sucesión en el poder.

En una decisión de talante monárquico ha escogido a su propio sucesor: Nicolás Maduro. Decisión que desestimó las opiniones del PSUV, del Polo Patriótico y de otras organizaciones políticas que lo apoyan, supuestos pilares de su revolución inexistente.

La escogencia de Maduro, singular exdirigente sindical recordado por sus reposos laborales, más que por sus logros en favor de los trabajadores del Metro de Caracas, no es sorpresa alguna.

Maduro es uno de los cumpleórdenes más cercanos al inquilino de Miraflores, quien se convirtió en funcionario del régimen no por sus méritos profesionales sino por su grado de genuflexión y lealtad para con el proceso.

El excéntrico show mítico-religioso en torno a la enfermedad del comandante-presidente está llegando a su fin. Maduro ha sido escogido como el "sucesor del trono", y responsable de darle continuidad a la barbarie socialfascista bolivariana del siglo XXI. La restauración de la monarquía caribeña avanza ante una sumisión vergonzante de partidos y organizaciones políticas que supuestamente dicen ser de izquierda.

 
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