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Opinión | 13/12/2012
Carta a Santa
El deber de un ministro de Educación es elevar y cuantificar sabiamente el número y la calidad de las clases, mientras que esta señora, preocupada como todas las damas del gobierno solo por la política, tomó sus decisiones para jugar a la abstención
AGLAYA KINZBRUNER
Maryann Hanson
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Querido Santa: Me imagino que te habrás preguntado muchas veces cómo fue que de un respetable obispo de comienzos de la Cristiandad en Myra, Anatolia, querendón en exceso con los niños que siempre protegías y les llevabas regalos hasta dar con tus huesos en Bari para después ser llamado también, Nicola di Bari, te convertiste en un abuelito gozoso vestido de rojo con tu jo, jo, jo, anunciándote desde lejos y te contestaré muy honestamente: puro marketing.

Pero, en fin, el marketing es cosa de nuestros días y sin eso quizás tu recuerdo se hubiese perdido. Aquí en Venezuela el marketing nos tiene inundados. Ellos tienen unos candidatos para gobernadores que nos los quieren vender como santos. Dígame Jaua que ni para San Cocho. A la ministra de Educación te pido fervorosamente que le traigas de regalo unas orejas de burro porque lo que hizo con los niños venezolanos es totalmente vergonzoso.

El deber de un ministro de Educación es elevar y cuantificar sabiamente el número y la calidad de las clases, mientras que esta señora, preocupada como todas las damas del gobierno solo por la política, tomó sus decisiones para jugar a la abstención.

La abstención a las clases de los niños para favorecer la abstención de la oposición. Como si no hubiese muchos chavistas que quisieran optar por una educación de calidad. No todos pueden darse el lujo de ser como tú que, y eso te lo digo aunque te quiera mucho, sólo trabajas una vez al año y no haces otra cosa que fomentar la regaladera. ¿No será que eres un infiltrado? Más que un regalo cualquiera yo quisiera más bien pedirte un favor.

Te lo anoto aquí seguido no sea que ya que eres mayor pudieras adolecer del síndrome de memoria breve confusa o confusa breve, da igual. Lo cual me recuerda cómo andaban espantadas el otro día las manicuristas en la peluquería donde me estaba atendiendo cuando alguien comentó que estaba circulando una terrible enfermedad que se manifestaba con vómitos y diarrea y se llamaba el síndrome. Lo peor de todo fue que la más alarmada era una chica que se acababa de graduar de la Misión Ribas.

Bueno Santa, ¿tienes a mano tu agenda? Hay que ser prácticos nolens volens aunque por tu cultura y proveniencia quizás hayas pertenecido a alguna escuela filosófica, lo que explicaría el Eterno Retorno.

¿Estás listo? ¿Qué será Iphone, tableta o libreta? No importa. Lo que realmente importa no es lo que traigas sino lo que te lleves. Vamos a ver si logro ser clara. Tú llegas obviando el tráfico caraqueño en un trineo halado por nueve renos.

Quizás hasta los dejes en la terraza y bajes en ascensor. Eso haría más fácil tu cometido: ¡por favor, Santa, llévate a Oscar Schemel y sus encuestas de vuelta al Polo Norte! Ahí seguramente será muy apreciado por los pingüinos.

 
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