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Opinión | 12/12/2012 | 4 Comentarios
El engaño
Duele admitirlo pero en el caso de este Hugo Chávez que hoy, lamentablemente, afronta la dura batalla contra la voracidad destructiva del cáncer, hay un episodio de mentira descarnada, no tanto a sus cercanos seguidores, sino a los venezolanos en general, los que votaron por él precisamente, cuando al regresar de Cuba antes del 7 de octubre juró que estaba totalmente curado
ELIZABETH ARAUJO
Hugo Chávez
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Llama por tercera vez mi amiga Celina desde Miami para convencerme de que el estado de gravedad del Presidente es otro sainete, articulado con ribetes electorales, a pocos días de la escogencia de nuevos gobernadores.

A sus 49 años, Celina, habanera y sin dudas integrante de la cofradía de cubanos desplazados que intercambian noticias de la isla en la calle 8, se esmera en contarme las veces que Fidel inventó su propia muerte, hasta que, como en la fábula de Pedro y el lobo, cayó por una dolencia intestinal que se agravó y que debió ser operada de emergencia. De no haber sido por las revelaciones a posteriori del médico español que lo intervino, Celina estaría repitiéndome eso de "amiga, no te la creas, que Fidel se está burlando otra vez del mundo".

De modo que pierdo la batalla en tratar de convencerla, narrándole el suspense de esa noche imprevista en la que Chávez admitió que la cosa era en serio, en describirle el rostro paralizado de Diosdado justo en el instante en que exaltan a Nicolás como hombre leal y por tanto el sucesor, o en el cruce de tuits que surcaron la madrugada, bien para desearle al mandatario su recuperación, bien para soltar un sentimiento lindante entre la incredulidad y el asombro.

Es que la capacidad de mentir es quizás una de las cualidades que separa al hombre del animal. Y ocurre frecuentemente con algunos políticos que valiéndose de argucias, frases imprecisas y promesas que no van a cumplir, engañan a grandes sectores de la sociedad, y le ofrecen una felicidad que termina siendo el infierno.

Duele admitirlo pero en el caso de este Hugo Chávez que hoy, lamentablemente, afronta la dura batalla contra la voracidad destructiva del cáncer, hay un episodio de mentira descarnada, no tanto a sus cercanos seguidores, sino a los venezolanos en general, los que votaron por él precisamente, cuando al regresar de Cuba antes del 7 de octubre juró que estaba totalmente curado.

Hoy el país entero ­chavista y opositor­ se deshace en la polémica acerca de los entuertos de su mandato y del sendero jurídico que deberá tomar la nación para que, en caso de su ausencia el 10 de enero, se oficialice su falta absoluta.

De lo que se deduce que Hugo Chávez mintió, no de la manera como apresurada y nerviosa, me lo hace creer mi amiga, imbuida quizás por las especulaciones que circulan en Miami, sino por la constatación dolorosa de que 8 millones de electores apostaron por un candidato que les aseguró gozar de excelente salud, que había erradicado el cáncer para siempre y que podía parodiar a un roquero, moviéndose en la tarima, al ritmo de los Cadillacs y del empalagoso jingle de Hany Kauam. Pero, más allá de eso, ese Chávez que el sábado admitió que no sabía si asistiría a su propia toma de posesión, empeñó como candidato un sinfín de promesas que la gente creyó con la fidelidad al líder, a quien había que darle otra oportunidad.

¿Por qué Chávez, a sabiendas de su deteriorado estado de salud, se aparece en unos comicios, solo para aplazar las propuestas de su adversario? ¿Se justificó la extraordinaria inversión en un proceso electoral que nadie sabe si habrá que repetir? Como cristiana, no puedo más que desearle su victoria en esta batalla que libra. Pero, como venezolana, no le perdono que haya engañado a tanta gente de la manera más artera y deliberada.

 
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