CARACAS, miércoles 6 de mayo, 2015
Facebook Twitter RSS
Temas del día
Cronicario | 30/11/2012
Sacrificio deportivo
Wang Junxia, una de las atletas más deslumbrantes de la historia, narra que dejó de correr con 23 años por amenazas del tiránico y célebre técnico Ma Junren
CARLOS ARRIBAS / El País (Madrid)
Wang Junxia
0 0a

Pocas historias hay en el atletismo tan fugaces y dolorosas, y tan rodeadas de misterio, como la de Wang Junxia, plusmarquista mundial de 3.000 y 10.000 metros desde septiembre de 1993. Tenía entonces 20 años. Tres años más tarde, después de proclamarse campeona olímpica de 5.000 metros y subcampeona de 10.000 en los Juegos de Atlanta, Wang desapareció del mapa. Dejó el atletismo completamente.

De Wang, nacida en China en 1973, no se supo más hasta hace unos meses. Se supo que estaba viva porque la IAAF la seleccionó para su Salón de la Fama. Fue como la señal de la vuelta a la vida, o a la actualidad, como ella misma reconoció el lunes, charlando en una cafetería de Madrid, donde está unos días de turismo junto a su marido, visitando a su amiga Liu Dong, quien vive en la capital desde que se casó con el técnico Luis Miguel Landa. Junto a todos, y con su colaboración, contó su historia.

Su vida, su carrera, siempre se han contado como un pequeño apéndice de una historia más grande, la de Ma Junren, el tiránico entrenador, vilipendiado por la prensa occidental, que le acusó abiertamente de dopar a sus atletas, el famoso Ejército de Ma que revolucionó el fondo mundial aquel 1993, y también ridiculizado en Europa y en Estados Unidos cuando hablaba de que su secreto era la sangre de tortuga y sopa de caparazón y caldo de crestas de gallo.

“Pero el secreto no era otro que el entrenamiento”, dice Wang, traducida por su marido, Huang Tianwen, con quien vive en Denver (Estados Unidos) desde 2008. “Estuve tres años con Ma, de los 18 a los 21, y lo único que hacía era entrenarme. Nada más: dormir, correr, entrenarme, dormir, competir. Una vida muy sencilla, un entrenamiento de caballos, y mucho frío. Nos entrenábamos hasta lesionadas. Sufríamos todos los días”.

Una vida que comenzaba a las cinco de la mañana, cuando empezaba a correr 30 kilómetros en ayunas —“y corriendo de verdad, no rodando, sino corriendo a tope, luchando, luchando desde la salida”, precisa— y continuaba con otros 20 kilómetros por la tarde. Todos los días. Una vida que alcanzó todo su esplendor en 1993, el año increíble que desafía toda la lógica. Quizás solo el gran Paavo Nurmi pueda en la historia haber hecho tanto y tan distinto un mismo año. En abril corrió un maratón en 2h 24m, récord asiático; en agosto, ganó en Stuttgart el Mundial de 10.000 metros; entre el 8 y el 13 de septiembre fue capaz de lo siguiente: correr un 1.500 en 3m 51,92s, la cuarta mejor marca de la historia actualmente, batir en dos ocasiones el récord de los 3.000 metros (lo dejó en 8m 6,11s, una marca a la que nadie se ha acercado desde entonces a menos de 6s) y batir también el récord mundial de los 10.000 (29m 31,78s, la segunda mejor marca conocida es 22s más lenta), y en octubre corrió otro maratón por debajo de 2h 30m.

“No sabía que nadie había sido capaz de hacer eso nunca. En aquel momento yo no pensaba en cómo me miraba la gente, si era una sorpresa o sospechaban, pero ahora mismo, 20 años después, yo también me sorprendo y pienso ¿Dios mío, cómo podía correr tan rápido?”, dice. “No nos enterábamos de nada. No sabíamos que pensaban fuera que todo era dopaje, porque solo nos entrenábamos y entrenábamos. Vivíamos en una residencia cerrada, sin música, sin periódicos, sin radio, sin televisión, no sabíamos nada”.

Su marido no resiste e interviene. “Wang nació para correr. Era feliz corriendo, el sufrimiento era por otra cosa. Ella corría con la cabeza, no con las piernas”, dice. “El entrenamiento era importante, pero el milagro lo hacía su naturaleza. Ella es un milagro”.

Wang es un milagro de la naturaleza que soporta los castigos de Ma —“les pegaba”, dice su marido, “pero no por entrenarse mal, sino por otras cosas, por pintarse, por dejarse el pelo largo, por usar sujetador... Era como el ejército”— pero no eternamente. En diciembre de 1994 lidera un motín: todas las atletas salvo Qu Yunxia, aún plusmarquista mundial de 1.500, huyen de Ma.

¿Por qué? “No lo puedes saber ahora. Estamos escribiendo un libro. Ahora no lo quiero decir. Compra el libro y lo sabrás todo”, responde sin tapujos. No confirma si es, como se publicó en su momento, porque Ma se quedó con sus premios, porque, como alguien dijo, se quedó con el Mercedes que le dieron por ganar el Mundial de Stuttgart y lo estrelló adrede, para hacer daño. Es todo. “Es una larga historia, una acumulación de pequeños detalles. No solo una cosa, muchas...”.

Con un nuevo entrenador, Mao Dezheng, Wang se prepara para los Juegos de Atlanta, el principio de su final. Wang cuenta cómo Ma le amenazaba, llamaba a su familia, que vivió tan angustiada como ella, temiendo por su vida. “Conseguí llegar y ganar los 5.000 metros y ser segunda en los 10.000, pese a que los corrí debilísima, enferma de diarrea, con migrañas, con fiebre y sin fuerzas. No pude ni calentar”, dice Wang. “Lo peor ocurrió después”.

“Ma, que era el director de atletismo”, toma el relevo el marido de Wang, “se vengó prohibiéndole comer en el centro de atletas, le dejó sin dinero, sin lugar para entrenarse, sin entrenador. Le obligó a retirarse. Otras mujeres, otra gente, dijeron que trató de matarla, otra gente”.

“Ma era muy fuerte en China entonces, tenía mucho poder y dijo en público que si yo volvía a correr, me rompería las piernas o me cortaría la cabeza, o a mi familia. Por eso lo dejé todo, porque mi madre me lo suplicó. ‘No corras más, que te van a matar’, me dijo”, recuerda Wang. “Yo sufrí una crisis de depresión, tristeza y estrés”.

Wang salió de la crisis. Se casó. Tuvo un hijo. Mendigó al Gobierno —“ya que no me dejáis correr, dejadme salir al extranjero”— y le permitieron ir a estudiar inglés a Boulder, en Estados Unidos, en 1998. “Allí la conocí en 1999, en una recepción por la visita del primer ministro chino”, dice su marido, su segundo marido. “Luego ella volvió a China y estudió Derecho en Pekín. Y volvió a correr en 2000, enseñando a la gente cómo mejorar su salud. En 2008 volvimos a encontrarnos en Shanghái. Nos casamos en el año olímpico en China y nos fuimos a vivir a Denver, donde trabajo. Tenemos una hija”.

“Yo solo soy ama de casa, ayudo a mi marido”, dice Wang. “Quiero olvidar el atletismo, pero no puedo. No quiero correr más. Y mi hija, si quiere ser atleta, que lo sea, como si quiere ser cantante. Quiero que haga lo que le haga más feliz”.

“Wang hizo lo que quería, lo que le hacía feliz, y por eso batió récords, no es que corriera para batirlos, sino para ser feliz”, resume su marido. “No le gustaba entrenarse, sino correr. Se retiró joven y podría haber batido más récords. Se retiró porque quería proteger su vida. Porque en vez de batir (break, en inglés) récords, le habrían roto (break) las piernas”.

Notas anteriores en Cronicario
mineros chilenos
21/04/2015
Yo, violada
La historia de una adolescente violada por más de quince pandilleros no constituye un caso aislado en medio de la violencia que vive El Salvador. Esta crónica, publicada originalmente por el periódico El Faro, detalla uno de los mecanismos de intimidación más crueles y frecuentemente utilizados por las maras salvadoreñas
mineros chilenos
19/04/2015
Lulú quiere viajar
Hoy quiero confesarte que me gustaría viajar, salir de esta historieta y conocer mundo como lo hacen los seres humanos. Me fascinaría ir de compras en el boulevard de un país lejano, lucir allá mis bucles y mi sempiterno trajecito rojo.
mineros chilenos
17/04/2015
Yo vi el cadáver de Stalin
La muerte de Stalin fue un hecho repentino, no llegaba a imaginármelo muerto. Formaba parte de mí mismo y no entendía de qué manera podríamos vivir sin él. Una especie de entorpecimiento se adueñó de todos. Los hombres se habían hecho a la idea de que Stalin pensaba por ellos. Sin él se sentían perdidos.
mineros chilenos
13/04/2015
EL HINCHA
Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio, que al final se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval
mineros chilenos
06/04/2015
Carta de amor
Porque no hay dinero que compre este sentimiento que me mantiene vivo. Por esto y más te digo desde el fondo de mi alma que te amo Venezuela, alma que desde mi nacimiento lleva tatuada tu bandera, ante ti y ante el mundo juro que no descansare hasta verte correr de nuevo luego de levantarte de esa silla de ruedas en la que te tienen para jugar contigo.
mineros chilenos
23/03/2015
Elefantes en la red
¿Qué pensará el pueblo que ve transcurrir el domingo, el sagrado día que antes dedicaba al descanso y al esparcimiento, llevando horas de sol en una cola para conseguir que comer? ¿Qué cruzará por la mente de quienes sufren en los ruinosos puestos asistenciales clamando por sus vidas cuando ven la dolce vita de quienes integraron este elenco revolucionario en los suntuosos predios del imperio?
mineros chilenos
19/03/2015
CAMINO A LA TORTURA
Aunque se han conseguido logros para erradicar la ablación, lo cierto es que 70 millones de mujeres africanas la han sufrido y en una treintena de países del continente se sigue practicando a diario, sobre todo, en la franja saheliana
 
Tu Comentario
Para participar, necesitas ser usuario registrado en TalCual. Si no lo eres, Regístrate Aquí
Correo Clave
Caracteres restantes: 280
Las opiniones aquí emitidas no reflejan la posición de TalCual.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio.

TalCual se reserva el derecho de no publicar los comentarios que utilicen un lenguaje no apropieado y/o que vayan en contra de las leyes venezolanas y las buenas costumbres.

Los mensajes aparecerán publicados en unos minutos.
Destacadas