CARACAS, jueves 18 de diciembre, 2014
Facebook Twitter RSS
Temas del día
Cronicario | 30/11/2012
Sacrificio deportivo
Wang Junxia, una de las atletas más deslumbrantes de la historia, narra que dejó de correr con 23 años por amenazas del tiránico y célebre técnico Ma Junren
CARLOS ARRIBAS / El País (Madrid)
Wang Junxia
0 0a

Pocas historias hay en el atletismo tan fugaces y dolorosas, y tan rodeadas de misterio, como la de Wang Junxia, plusmarquista mundial de 3.000 y 10.000 metros desde septiembre de 1993. Tenía entonces 20 años. Tres años más tarde, después de proclamarse campeona olímpica de 5.000 metros y subcampeona de 10.000 en los Juegos de Atlanta, Wang desapareció del mapa. Dejó el atletismo completamente.

De Wang, nacida en China en 1973, no se supo más hasta hace unos meses. Se supo que estaba viva porque la IAAF la seleccionó para su Salón de la Fama. Fue como la señal de la vuelta a la vida, o a la actualidad, como ella misma reconoció el lunes, charlando en una cafetería de Madrid, donde está unos días de turismo junto a su marido, visitando a su amiga Liu Dong, quien vive en la capital desde que se casó con el técnico Luis Miguel Landa. Junto a todos, y con su colaboración, contó su historia.

Su vida, su carrera, siempre se han contado como un pequeño apéndice de una historia más grande, la de Ma Junren, el tiránico entrenador, vilipendiado por la prensa occidental, que le acusó abiertamente de dopar a sus atletas, el famoso Ejército de Ma que revolucionó el fondo mundial aquel 1993, y también ridiculizado en Europa y en Estados Unidos cuando hablaba de que su secreto era la sangre de tortuga y sopa de caparazón y caldo de crestas de gallo.

“Pero el secreto no era otro que el entrenamiento”, dice Wang, traducida por su marido, Huang Tianwen, con quien vive en Denver (Estados Unidos) desde 2008. “Estuve tres años con Ma, de los 18 a los 21, y lo único que hacía era entrenarme. Nada más: dormir, correr, entrenarme, dormir, competir. Una vida muy sencilla, un entrenamiento de caballos, y mucho frío. Nos entrenábamos hasta lesionadas. Sufríamos todos los días”.

Una vida que comenzaba a las cinco de la mañana, cuando empezaba a correr 30 kilómetros en ayunas —“y corriendo de verdad, no rodando, sino corriendo a tope, luchando, luchando desde la salida”, precisa— y continuaba con otros 20 kilómetros por la tarde. Todos los días. Una vida que alcanzó todo su esplendor en 1993, el año increíble que desafía toda la lógica. Quizás solo el gran Paavo Nurmi pueda en la historia haber hecho tanto y tan distinto un mismo año. En abril corrió un maratón en 2h 24m, récord asiático; en agosto, ganó en Stuttgart el Mundial de 10.000 metros; entre el 8 y el 13 de septiembre fue capaz de lo siguiente: correr un 1.500 en 3m 51,92s, la cuarta mejor marca de la historia actualmente, batir en dos ocasiones el récord de los 3.000 metros (lo dejó en 8m 6,11s, una marca a la que nadie se ha acercado desde entonces a menos de 6s) y batir también el récord mundial de los 10.000 (29m 31,78s, la segunda mejor marca conocida es 22s más lenta), y en octubre corrió otro maratón por debajo de 2h 30m.

“No sabía que nadie había sido capaz de hacer eso nunca. En aquel momento yo no pensaba en cómo me miraba la gente, si era una sorpresa o sospechaban, pero ahora mismo, 20 años después, yo también me sorprendo y pienso ¿Dios mío, cómo podía correr tan rápido?”, dice. “No nos enterábamos de nada. No sabíamos que pensaban fuera que todo era dopaje, porque solo nos entrenábamos y entrenábamos. Vivíamos en una residencia cerrada, sin música, sin periódicos, sin radio, sin televisión, no sabíamos nada”.

Su marido no resiste e interviene. “Wang nació para correr. Era feliz corriendo, el sufrimiento era por otra cosa. Ella corría con la cabeza, no con las piernas”, dice. “El entrenamiento era importante, pero el milagro lo hacía su naturaleza. Ella es un milagro”.

Wang es un milagro de la naturaleza que soporta los castigos de Ma —“les pegaba”, dice su marido, “pero no por entrenarse mal, sino por otras cosas, por pintarse, por dejarse el pelo largo, por usar sujetador... Era como el ejército”— pero no eternamente. En diciembre de 1994 lidera un motín: todas las atletas salvo Qu Yunxia, aún plusmarquista mundial de 1.500, huyen de Ma.

¿Por qué? “No lo puedes saber ahora. Estamos escribiendo un libro. Ahora no lo quiero decir. Compra el libro y lo sabrás todo”, responde sin tapujos. No confirma si es, como se publicó en su momento, porque Ma se quedó con sus premios, porque, como alguien dijo, se quedó con el Mercedes que le dieron por ganar el Mundial de Stuttgart y lo estrelló adrede, para hacer daño. Es todo. “Es una larga historia, una acumulación de pequeños detalles. No solo una cosa, muchas...”.

Con un nuevo entrenador, Mao Dezheng, Wang se prepara para los Juegos de Atlanta, el principio de su final. Wang cuenta cómo Ma le amenazaba, llamaba a su familia, que vivió tan angustiada como ella, temiendo por su vida. “Conseguí llegar y ganar los 5.000 metros y ser segunda en los 10.000, pese a que los corrí debilísima, enferma de diarrea, con migrañas, con fiebre y sin fuerzas. No pude ni calentar”, dice Wang. “Lo peor ocurrió después”.

“Ma, que era el director de atletismo”, toma el relevo el marido de Wang, “se vengó prohibiéndole comer en el centro de atletas, le dejó sin dinero, sin lugar para entrenarse, sin entrenador. Le obligó a retirarse. Otras mujeres, otra gente, dijeron que trató de matarla, otra gente”.

“Ma era muy fuerte en China entonces, tenía mucho poder y dijo en público que si yo volvía a correr, me rompería las piernas o me cortaría la cabeza, o a mi familia. Por eso lo dejé todo, porque mi madre me lo suplicó. ‘No corras más, que te van a matar’, me dijo”, recuerda Wang. “Yo sufrí una crisis de depresión, tristeza y estrés”.

Wang salió de la crisis. Se casó. Tuvo un hijo. Mendigó al Gobierno —“ya que no me dejáis correr, dejadme salir al extranjero”— y le permitieron ir a estudiar inglés a Boulder, en Estados Unidos, en 1998. “Allí la conocí en 1999, en una recepción por la visita del primer ministro chino”, dice su marido, su segundo marido. “Luego ella volvió a China y estudió Derecho en Pekín. Y volvió a correr en 2000, enseñando a la gente cómo mejorar su salud. En 2008 volvimos a encontrarnos en Shanghái. Nos casamos en el año olímpico en China y nos fuimos a vivir a Denver, donde trabajo. Tenemos una hija”.

“Yo solo soy ama de casa, ayudo a mi marido”, dice Wang. “Quiero olvidar el atletismo, pero no puedo. No quiero correr más. Y mi hija, si quiere ser atleta, que lo sea, como si quiere ser cantante. Quiero que haga lo que le haga más feliz”.

“Wang hizo lo que quería, lo que le hacía feliz, y por eso batió récords, no es que corriera para batirlos, sino para ser feliz”, resume su marido. “No le gustaba entrenarse, sino correr. Se retiró joven y podría haber batido más récords. Se retiró porque quería proteger su vida. Porque en vez de batir (break, en inglés) récords, le habrían roto (break) las piernas”.

Notas anteriores en Cronicario
mineros chilenos
10/12/2014
Una condesa en el Soho
Venezolanisíma, esta niuyorker mira la ciudad desde la cúspide de su edificio en el Soho : « The Cornner » ve como se mueve la gente, más ella nunca deja de moverse ; Belkis Rodriguez descubrió hace más de dos décadas que »hacer dinero puede ser divertido » y a partir de allí no ha parado de divertirse.
mineros chilenos
09/12/2014
Quimeras
Cuando te levantas por la mañana lo único seguro que tienes es el rostro. Ni tu nombre sabes, ni tu nuevo oficio, profesión u ocio. Sales de la casa donde dormiste, o desayunas con quienes en esos momentos son tus hijos, pero para el día siguiente, quizá no poseerás ni mujer ni niños, ni perro ni casa
mineros chilenos
07/12/2014
Proyecto Alcatraz
A pocos metros de la línea de gol, el oval llegó a manos de Marco Reyes que, pese a verse flanqueado por tres adversarios, se arrojó y posó el balón sobre la zona de marca para lograr el primer y único ensayo a favor del equipo de Tocorón, en un torneo de rugby siete en el centro de Venezuela. Reyes no pudo ocultar su alegría y abrazó a su mentor deportivo, el empresario Alberto Vollmer quien, además de presidir la marca de Ron Santa Teresa, encabeza uno de los planes sociales más importantes que se desarrollan en Venezuela
mineros chilenos
05/12/2014
Buscando a mi padre en Twitter
¿Dónde está Miguel?, 77 años, 1,72 de estatura, 75 kilos de peso, pelo cano. Vestía chaqueta clara el día de su desaparición, pantalón gris, gafas de pasta, zapatos desgastados, diabético y... diagnosticado de Alzheimer desde hace dos meses. Las alarmas saltan de uno a otro extremo de la geografía española.
mineros chilenos
02/12/2014
Y la mejor hallaca es…
Y al final de la jornada nos correspondían unas diez hallacas y quedábamos tan contentos. Lo más lejos que llegué en el ámbito de elaboración hallaquil fue hacerme "amarradora oficial" un par de años consecutivos en la casa de mi amiga María Inés en Caracas. Hay que decirlo todo, no amarraba bien, pero esa casa era una gozadera
mineros chilenos
28/11/2014
Masacre de Encrucijada
Al conmemorarse seis años de la Masacre de La Encrucijada, el Partido Socialismo y Libertad inaugurará en Maracay la Casa de los Trabajadores Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena como homenaje
mineros chilenos
27/11/2014
Dámelo o te mato
Moisés bajó por el ascensor. Mientras descendía le mandó un mensaje de texto a Franklin preguntándole por qué salida de Plaza Venezuela lo estaban esperando. Esperó que le dijeran que por la del metrobús porque era la más cercana, pero no le respondió.
 
Tu Comentario
Para participar, necesitas ser usuario registrado en TalCual. Si no lo eres, Regístrate Aquí
Correo Clave
Caracteres restantes: 280
Las opiniones aquí emitidas no reflejan la posición de TalCual.

TalCual no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio.

TalCual se reserva el derecho de no publicar los comentarios que utilicen un lenguaje no apropieado y/o que vayan en contra de las leyes venezolanas y las buenas costumbres.

Los mensajes aparecerán publicados en unos minutos.
Destacadas