El punto es que esta oferta del tercer gobierno de Hugo Chávez, materializada ahora en la "ciudad debate", suerte de espectáculo circense en plazas, donde la militancia sin oficio del PSUV "concibe" cómo desea vivir, no es otro que acabar con el Estado democrático
En su obra Un mundo feliz, Aldous Huxley profetiza sobre una sociedad perfecta que fabrica ciudadanos en serie, y desde laboratorios controlados por el Estado emergen embriones adultos que ejecutan su misión, según su condición en la escala social asignada, de modo que los alfas estarían destinados al mando y los épsilones quedarían relegados para servir a los demás.
Les juro que el recuerdo fugaz de esa novela de ciencia ficción, de la que se cumplen justo ahora los 80 años, se me atravesó por la mente cuando nerviosa, y a la espera de que el pitcher del Caracas hiciera el tercer out, cambié de canal y quedé atrapada por minutos en un espacio nocturno que ViveTV dedica al debate ideológico y donde los jóvenes rebeldes y el invitado de ocasión no tienen nada que discutir porque, sencillamente, están de acuerdo en todo.
Les debo el nombre del disertante, un profesor de cabello blanco, chaqueta de cuero marrón y lentes de carey que explicaba a unos boquiabiertos alumnos de la Universidad Bolivariana las gratificaciones que tendría la adopción de esa locura que llaman el Estado Comunal, donde todos los ciudadanos serían felices.
El punto es que esta oferta del tercer gobierno de Hugo Chávez, materializada ahora en la "ciudad debate", suerte de espectáculo circense en plazas, donde la militancia sin oficio del PSUV "concibe" cómo desea vivir, no es otro que acabar con el Estado democrático, los fundamentos de la libertad individual, el pluralismo político y la separación de poderes. María Corina Machado no se está con eufemismos y proclama: esto es comunismo.
En la medida en que escuchaba al profesor describir los procesos de participación del "pueblo" en la asignación de prioridades de cada comunidad y la distribución de recursos y presupuestos asignados, no pude sacarme la sonrisa de los Diosdado Cabello y de los ministros que se mudaron de casa de la noche a la mañana, mientras un montón de tontos útiles, alrededor de una mesa en un solar, se explayaban acerca del drama de la cloaca de aguas negras que atraviesa la calle y todavía no ha sido reparada.
El inning se hizo largo. El bateador de las Águilas se fajaba sacándola de foul, aumentando mi angustia, por lo que volví a la charla sobre la vialidad del Estado socialista, centralizado, militarista y policial.
Los chicos escuchaban alelados y yo, preocupada por lo que pasaba en el interminable noveno inning, terminé por acrecentar mis temores cuando me enteré de que, por órdenes presidenciales, serán creados 3 mil comunas y 30 mil consejos comunales, a fin de sustituir los estados, municipios y parroquias.
Regresé a Meridiano TV y sentí alivio al ver la expresión de Juan Carlos Gutiérrez mirando al cielo y agradeciendo el triunfo de mi equipo. Impulsada por el morbo retorné al profesor y entonces me pregunté si alguien que estuviera como yo oyendo semejante monserga estaría dispuesta a cambiar sus ratos de alegría por un experimento sombrío que ha fracasado en la historia.