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Opinión | 21/11/2012
Hablemos del licor
Chávez y su gente detestan a los yanquis, pero los imitan, adquieren sus hábitos y sobre todo sus gustos, y así el licor que eligen sus militares para sus encerronas y borracheras es el whiskey, que como se sabe, es la bebida nacional de los gringos
CARLOS J. SOUCRE
Guardia
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Sí, ya está cercano diciembre en que las gentes desean alegrarse y expandir más la imaginación. Y ya se sabe que no hay nada como el licor para recordar y... para olvidar, olvidar lo que se sufre y nos deprime, y dígame usted, ese negro acontecer del 7-O.

Bien, con el licor nos sentimos rebosantes de libertad, también, muy saludables y con la mejor disposición para el trato y la armonía con nuestros semejantes. Ingerir licor es un arte y nunca para borracheras, así como comer no es para hartazgos.

Agreguemos esto: El licor no debe tomarse en cualquier vaso, pues su grato sabor también se obtiene de donde se lo ingiere.

Pero esto no es mi tema, sino lo atinente a otras cosas exteriores, diríamos más prosaicas; por ej.: Cuando ingerimos una cerveza nos sabe horrible, pero pienso que debe ser por la que hoy se produce en Venezuela, que sabe a orina de burro.

Recién venido a Caracas, tomábamos la Pilsen alemana de donde emergía un lejano y exquisito amargor, en un bodegón que estaba por la esquina de Piñango; aquella cerveza "Zulia" también era excelente.

Ahora vamos a escandalizar con el whiskey que es la bebida predilecta (Siempre en mis escritos tiendo a negar lo que otros aprecian, y así, nunca esperamos a que digan: Esto es lo que nosotros pensamos.

Es algo así como higiénico no pensar lo del otro, lo cual no quiere decir que seamos intolerantes). ¿Qué pensamos del whiskey? Pues, que es una bebida pobre, de sabor metálico y de efecto anestesiante.

Todos se sienten enaltecidos porque toman whiskey, se inflan de importancia, y hasta cualquier lechuguino con un whiskey en la mano asume también allí especiales y altos atributos.

Ahora veamos esto: Chávez y su gente detestan a los yanquis, pero los imitan, adquieren sus hábitos y sobre todo sus gustos, y así el licor que eligen sus militares para sus encerronas y borracheras es el whiskey, que como se sabe, es la bebida nacional de los gringos.

Dijimos que esta bebida anestesia, sí, cuando por rareza la hemos tomado me pueden clavar alfileres y permanezco insensible, y lo peor: Congela el sexo, de manera que los que han hecho votos de castidad ­sacerdotes y monjas­, el whiskey les ayudaría mejor allí que los mismos poderes de Dios y de la Virgen.

¿Y qué decimos del ron? Es algo plebeyo, pero excitante; me place ingerirlo y hacerlo decente con alguna mezcla e insuflándole un aroma con algunas gotas de Amargo de Angostura (No sabemos, pero me parece, que desde que Fidel Castro está allí, los cubanos de Miami no siguieron llamando más a esta bebida "Cuba libre").

Nos agrada el vino, y en Navidad me las arreglo para tener algunas botellas de Oporto J y de sangre Moscatel que ingiero por vasos enteros, ¿y el brandy? Esto es una pócima abominable que me provoca el vómito y trastorna mi presión sanguínea.

No dispongo de espacio para hablar también de los alimentos en estos días en que también se piensa comer con ferocidad pantagruélica.Allí también blasfemaríamos.

 
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