Los bloques de integración son más el ruido que hacen que las cosas concretas que producen. Mientras esto sucede millones de personas siguen sin tener acceso a educación, empleo y sistemas de salud dignos
Una mirada al mundo puede asustar. Ya no son sólo las guerras en sus distintas manifestaciones, que en suma se llevan por los cachos a tanta gente inocente. Los desastres naturales vienen haciendo lo suyo, silenciosa o ruidosamente.
No hay día en que las crónicas no reporten algún evento natural que a su paso arrasa con todo. La crisis financieras golpea duro en sociedades que, ilusoriamente, vivían en cierto estado de bienestar y que eran ejemplo a seguir, por ejemplo España.
La noticia común era la hambruna en Africa, pero, cómo es eso que en España ya millones se están yendo a la cama sin las tres comidas diarias? Muchas voces autorizadas vienen advirtiendo sobre la gravedad de la crisis consecuencia del descomunal crecimiento demográfico, la explotación indiscriminada de los recursos naturales, los mortales enfrentamientos entre grupos étnicos, religiosos o políticos, la especulación y las burbujas financieras, la insalvable brecha entre ricos y pobres, la criminalidad exacerbada, etcétera.
La comunidad internacional no ha sido capaz no tanto de crear consensos, sino de empeñarse en construir bases sólidas que le den margen amplio de sustento al planeta tierra. Cada país atiende la crisis a su manera, la presión social obliga a los gobiernos a colocarse gríngolas y concentrarse en los problemas internos.
Es muy tímido el interés por comprender y atender la dimensión sistémica de las actuales circunstancias. No se puede afirmar, fehacientemente, que haya un solo país que haya sorteado la crisis sin dificultad, está claro que unos sufren los embates más que otros.
China, por ejemplo, es verdad que sigue creciendo, pero cuántos chinos son beneficiarios del boom? Dos tercios para ser optimistas? Si eso es así quiere decir que por lo menos 500 millones de chinos están fuera de la cobertura benefactora del mercado. Lo mismo en La India, en Brasil, sólo por nombrar las más grandes economías emergentes.
Estados Unidos, Europa, Japón, ya no son lo que eran antes. El encantamiento productivo, innovador y tecnológico de sus fuerzas internas han perdido terreno, aunque ello no sea definitivo. El tablero mundial está en reacomodo. En América Latina, países como Perú y Colombia, hacen notables esfuerzos por poner al día a sus economías. Algunos países más pequeños igual han conseguido avanzar algo.
Otros tantos, Venezuela incluida, transitan por periodos de arreglo institucional y político, que trastocan sus cimientos históricos, descuidando, incluso atentando contra el necesario fortalecimiento de sus economías.
Los bloques de integración son más el ruido que hacen que las cosas concretas que producen. Mientras esto sucede millones de personas siguen sin tener acceso a educación, empleo y sistemas de salud dignos.Ciertamente el mundo se complica.