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Escribo y comento | 18/11/2012 | 1 Comentarios
Los enemigos latinos
Los gobiernos antiimperialistas de América Latina organizados en el ALBA requieren de una política agresiva norteamericana tipo Reagan o Bush­ para así poseer un enemigo simbólico y perfilarse como adalides del antiimperialismo continental. Por eso Romney era para ellos su candidato secreto
FERNANDO MIRES
Barack Obama
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El triunfo obtenido por Barack Obama en las elecciones que tuvieron lugar en noviembre del 2012 ha descompuesto el ánimo de diversos grupos ideológicos. Y no sólo en los EEUU.

Ese es el motivo por el cual en esta ocasión he decidido referirme a los enemigos latinoamericanos de Obama. A fin de simplificar, los he clasificado en tres sectores. Los gobiernos antiimperialistas. La ultraderecha ideológica.  Los tecnócratas de la economía pseudocientífica.

Los gobiernos antiimperialistas de América Latina organizados en el ALBA requieren de una política agresiva norteamericana tipo Reagan o Bush­ para así poseer un enemigo simbólico y perfilarse como adalides del antiimperialismo continental. Por eso Romney era para ellos su candidato secreto.

Un gobernante que no invade pueblos, que se abre al diálogo, que hace caso omiso a insultos, que busca el debate, y que perfila su acción en plazos largos, es lo menos que conviene a los ideólogos antiimperialistas.

No es casualidad que los argumentos del radicalismo de izquierda coincidan en ese punto con los segundos enemigos: la ultraderecha continental. Según opinión compartida, Obama es un gobernante débil: retira sus tropas de Afganistán, pronto hará lo mismo en Irak, no invade Cuba, no bombardea Teherán ni ataca a Siria, en fin, no se hace respetar en el escenario internacional y por eso los EEUU han perdido su lugar en el mundo.

Sin embargo, cualquier balance muestra lo contrario. El apoyo tácito, a veces explícito de los EEUU a las rebeliones árabes, ha hecho posible que por primera vez surgieran movimientos políticos en la región que no hacen del anti-norteamericanismo su bandera.

También en América Latina: la era de las invasiones ha quedado atrás y los antiimperialistas ya no tienen en contra de quien gritar. Ese éxito no lo soportan ni los antiimperialistas ni los ultraderechistas del continente.

Estos últimos, acostumbrados a apoyar salidas de fuerza, golpistas por convicción, belicistas por doctrina, añoran esos días antipolíticos de la Guerra Fría de la cual ellos son sus sobrevivientes ideológicos.

El tercer sector latinoamericano antiObama es el formado por una tecnocracia pseudocientífica, ligada políticamente a la ultraderecha, aunque también se encuentran ahí teóricos del capitalismo salvaje de Estado ­entre otros, los fans de China: nuevo paraíso de la tecnocracia internacional­.

Según opinión predominante, Obama es para ellos un demagogo que enfrenta la crisis dividiendo a la nación y movilizando de modo populista a las clases pobres en contra de las clases pudientes.

Siguiendo la opinión de dichos tecnócratas, la crisis sólo puede ser enfrentada de acuerdo a criterios "científicos", los que para ellos son siempre los mismos: des-estatización radical, privatizaciones, reducción del monto circulante, disminución drástica de impuestos, despidos masivos. La otra alternativa, arguyen, sería imitar a la "decadente Europa": La Europa del "Estado del Bienestar".

Lo que callan los tecnócratas es que esa masa de sectores empobrecidos no la creó Obama. Es, por una parte, el resultado de las medidas reguladoras de los gobiernos republicanos, los mismos que condujeron a un hiperdesarrollo de las especulaciones en el sector inmobiliario.

Por otra, es resultado de migraciones, particularmente de latinos, las que ningún gobierno norteamericano ha podido controlar. Se trata ­no hay que recurrir a Huntington para afirmarlo­ de una masa migratoria difícil de integrar.

Ahora bien, el dilema es integrarla o no. Crear un Apartheid social o no. Y los medios de integración sólo pueden ser dos: representación política y ayuda social, aunque eso signifique recrear estructuras similares a las de la "decadente Europa". Sobre ese punto, valga un comentario.

El diagnóstico proto-fascista acuñado por Oswald Spengler en los años 20 del pasado siglo, la "decadencia de Occidente", tiene hoy su réplica en la visión de la "decadencia de Europa", visión compartida por ultraizquierdistas, ultraderechistas y tecnócratas de diversos países de América Latina.

Pero quizás habría que recordar que la crisis económica de nuestro tiempo no comenzó en Europa sino en el ultraliberal Estados Unidos de Bush.

Tampoco estaría de más recordar que la crisis económica no ha afectado ni a Alemania, Holanda, Suiza, Austria, ni a los países escandinavos, ni a la misma Inglaterra y muy levemente a Francia.

Y esas son precisamente las naciones en las cuales fue erigido desde hace mucho tiempo un Estado social que ha funcionado en el bien-entendido de que la economía no comienza ni termina en números sino en seres humanos. Hay que convenir entonces en que la avanzada política social de esos países, lejos de acelerar la crisis, ha sido su eficaz muro de contención.

Ni Europa está en decadencia ni Obama es populista. Al contrario, la suya es una política que busca la integración de los hasta ahora excluidos. Lo contrario sería aceptar pasivamente la desintegración social de la nación.

Pero como dijo Obama en esa pieza maestra de oratoria que fue el discurso pronunciado con motivo de su reelección: "Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera. Abierto a los sueños del chico de la parte sur de Chicago que ve que puede tener una vida más allá de la esquina más cercana. A los del hijo del ebanista de Carolina del Norte que quiere ser médico o científico, ingeniero o empresario, diplomático o incluso presidente; ese es el futuro al que aspiramos. Esa es la visión que compartimos. Esa es la dirección en la que debemos avanzar. Hacia allí debemos ir". Y hacia allá va Obama.

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