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Economía | 15/11/2012 | 3 Comentarios
"Maldición petrolera"
En los acuerdos de la Faja, el nivel de impuesto del petróleo a las empresas asociadas a Pdvsa es muy elevado. Las consecuencias de esta política son previsibles: la producción del crudo se ha estancado y declinado
LUIS CARLOS PALACIOS
Petróleo
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Los recursos naturales pueden ayudar a conformar resultados políticos y la escogencia de las políticas de desarrollo, como ha ocurrido en buena parte de los países petroleros.

Un caso interesante es el Medio Oriente, donde la "maldición petrolera" ha estado presente. Ross et al (2011) consideran que el petróleo impide la democracia y puede causar una "maldición política", cuando posibilita que la élite política cultive un padrinaje que propicia el gasto público inflado, ineficiente y con redistribuciones, alimentado por el ingreso externo. Arezki y Brückner (2009) presentan la evidencia según la cual los auges de precios del petróleo conducen al incremento importante del gasto de gobierno, deuda externa, riesgo de default, y un incremento del riesgo soberano.

 En nuestro caso, el problema no es sólo la "maldición petrolera" con todas sus consecuencias negativas, además estamos construyendo "el socialismo del siglo XXI", un sistema sui generis.

Venezuela, tras un inicio vacilante, desarrolló una política petrolera, después del 2002. El elemento central de esta política son los acuerdos de la Faja, donde el 60 por ciento de los activos son de Pdvsa y el nivel de impuesto a las empresas asociadas es muy elevado.

Las consecuencias son las previsibles: la producción no sólo se ha estancado sino que ha declinado, y más en términos per cápita. Hoy estamos produciendo sólo 2,4-2,2 millones de barriles diarios (producción de crudo), y algo más en condensados, con el agravante de los litigios comerciales. El nivel de exportaciones en volumen es más bajo, compensado por un nivel de precios altos, alrededor de 100 dólares por barril.

Tal ha sido el padrinaje respecto a los "aliados" de América Latina que tenemos acuerdos de subvención con toda una pléyade de países. Los precios altos del petróleo han permitido un crecimiento exponencial de la deuda, que en parte la está pagando el petróleo.

El precio de la gasolina es el más bajo del mundo, a pesar de que parcialmente se importa, y la nómina de Pdvsa se ha más que duplicado. El reciente evento electoral dejará un déficit fiscal que puede llegar al 15-18 por ciento del PIB (considerando el conjunto de Gobierno, Banco Central y Pdvsa) con la moneda claramente apreciada, escasez importante de divisas y claros síntomas de una devaluación futura.

La inflación (o la escasez) del año que viene reflejará este desequilibrio.  Por otro lado, está en marcha la estatificación de la economía. Avanza el largo brazo del Estado para incorporar a nuevos sectores de la economía, por ejemplo a través de las comunas. Somos algo similar a un sistema "rentista-socialista", con una clara tendencia declinante, basado en el ingreso externo petrolero. El petróleo da los recursos, que pasan a la élite en el poder, la cual los utiliza en forma corrupta; y el sistema afirma a esta élite.

Como comentan Acemoglu y Robinson (2012), "La sinergia entre instituciones políticas e instituciones económicas extractivas crea un círculo vicioso, donde las instituciones extractivas, una vez consolidadas, tienden a persistir".

¿Qué se puede hacer? Desmontar el sistema, paso a paso, una vez que se consiga el predominio en el poder. Para ello es necesario participar en todos los eventos de importancia, ir construyendo poco a poco la base del futuro. ¿Y qué hacer con el petróleo, la base de todo el sistema? Por los momentos, analizar los acontecimientos y formular propuestas, y luego, cuando se llegue al poder, producir mucho pero teniendo cuidado en no utilizarlo en gastos sobredimensionados y guardar para el futuro.

 Esta idea se asemeja al caso de Chile, donde previo a la aprobación del presupuesto se establece el precio probable del cobre, y parte de ese ingreso se ahorra. En Venezuela se ha eliminado el ahorro, el dinero pasa a las "arcas" del Presidente que lo gasta para construir su "sistema". Ahorrar parte de la riqueza petrolera no es más que la aplicación de la regla de Hotelling-Hartwick. Se trata de una idea importante, aplicable en los países petroleros (el petróleo es agotable) que algún día deberíamos instrumentar. Sin embargo, puede ser que el ingreso petrolero per cápita sea muy bajo cuando se llegue al poder, por lo que posiblemente quedará para más adelante. La lucha actual es de resistencia, de guardar todos los espacios posibles, a pesar de las condiciones adversas.

 
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