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Opinión | 10/11/2012 | 5 Comentarios
El papá de los helados
El Presidente confiesa su indignación porque su revolución no ha podido echar a andar ni siquiera una fabriquita de helados Coppelia. Si no pueden hacer helados, ¿cómo van a producir más barriles de petróleo o más arroz, o azúcar y ni hablar de energía eléctrica?
ELIZABETH FUENTES
Hugo Chávez
24 5a

Sospecho que fabricar helados debe ser equivalente a aprobar plastilina en pre-escolar. Tan fácil, que hasta maquinitas para hacer helados de juguete inventaron, lo que convierte su producción en un asunto de imberbes, de analfabeta si se quiere, porque hay niñitos que todavía no saben leer pero saben hacer sus heladitos de lo mejor.

Entonces, cuando en el primer Consejo de Ministros el Ciudadano Recontraelecto Presidente de la República confiesa su indignación porque su revolución no ha podido echar a andar ni siquiera una fabriquita de helados Coppelia, pues no nos queda otra que hacer los chistes pertinentes aunque con un susto inmenso en el estómago. Si no pueden hacer helados, ¿cómo van a producir más barriles de petróleo o más arroz, o azúcar y ni hablar de energía eléctrica? Y justo a los tres días se paraliza Planta Centro.

Lo peor del asunto es que a la ministra de no sé qué cosa, cuando fue increpada por el Presidente, no le quedó otra que responder que, igualito al chiste del infierno venezolano, el problema era que una máquina estaba estropeada (por falta de uso), no tenían materia prima ni tampoco material para los envases y menos aún transporte público, por lo que los trabajadores se veían obligados a caminar 45 minutos para llegar a la fábrica y llegaban muy cansados los pobrecitos. Entonces como no tenían nada qué hacer, se sentaban a esperar la hora de salida, como los personajes de The Office.

Pero, aunque usted no lo crea, hay algo aún peor en toda esta comiquita: en la información oficial suministrada por una de las agencias "noticiosas" de Miraflores el día de su inauguración, justo 15 días antes de que se paralizara, dejaron colar esta prenda: "la materia prima con la cual se elaboran los helados es totalmente producida en Venezuela. La crema de leche proviene de Machiques, el cacao de Barlovento y las naranjas de Monagas".

O sea, camaradas, que ¡sólo iban a fabricar tres sabores de helados: mantecado, chocolate y naranja! Es decir, el concentrado del más puro socialismo ramplón, donde hasta la libertad de escoger esa pendejada queda reducida a su mínima expresión única y exclusivamente por la incapacidad, la piratería o su visión de negocios, generalmente enfocada al "cómo quedo yo ahí" que atraviesa toda la gestión pública.

Pero, orgullosísimo de su ¿trabajo? el gerente general de Lácteos Los Andes, Aníbal Espejo, señalaba que en su obra hecha en socialismo los helados sólo iban a costar 10 bolos, "a diferencia de los vendidos en el mercado capitalista, que oscilan por el orden de los 15".

Lo que cualquier economista amateur traduciría en que el mercado socialista se diferencia del mercado capitalista, en que el socialista vende su mercancía más barata pero, opps, nunca se consigue. O si el muchachito le arma una llorantina a la mamá porque quiere un helado de fresa, pues la señora tendrá que acudir al mercado capitalista y seguir enriqueciendo a los burgueses malucos porque con cinco bolos más su niñito saborea lo que le da la gana.

Vargas Llosa en su extraordinario libro La Civilización del Espectáculo, sostiene que en la política, las ideas han sido sustituidas por la publicidad y la inteligencia y la probidad, por la demagogia y el talento histriónico.

De eso me recordé mientras leía que la indignación de Hugo no se debía a la fortuna que seguramente se ha perdido al montar una fábrica de helados inoperante, sino porque Fidel Castro le mandó una nota diciéndole que quería probar los Coppelia de acá, cuando todos sabemos que ya Fidel no debe distinguir una compota de una gelatina y que, de ser cierto, pues Hugo se habría empujado para Cuba, mandaba a comprar cualquier sabor en la Coppelia de allá y también le caía a coba a Fidel diciéndole que eran venezolanos porque, total, ese viejito ni cuenta se iba a dar.

En todo caso, si yo fuera Hugo ­porque la venganza es un helado que se come frío­ obligaría a William Ojeda a ir a la reinauguración del Coppelia de Falcón, porque, si mal no recuerdo, fue en la Coppelia cubana donde Ojeda armó aquel zaperoco hablando horrores del socialismo y de Hugo Chávez y, dice él, se lo llevaron preso los agentes del G2 cubano...

 
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