Cuando estuve por La Picota recorrimos las áreas de mínima, media y máxima seguridad. Pude percatarme de que varias personas se acercaban con respeto a López solicitándole algo, y ella, les decía que debían presentarlo en la "reunión del Patio"
La cárcel de La Picota es uno de los centros penitenciarios más célebres de Colombia. Durante los últimos setenta años sus celdas han sido lugar de reclusión de peligrosos narcotraficantes, guerrilleros, paramilitares, delincuentes comunes y también de inocentes que terminaron en problemas con la justicia sin haber quebrantado la ley. Bajo sus murales fueron construidas decenas de míticos túneles para fugas frustradas y exitosas. Miles de personas vivieron en el lugar y muchas murieron con el sueño de salir algún día de allí.
Alrededor del penal se encuentra un populoso barrio llamado La Picota, que está en la localidad de Rafael Uribe, muy cerca de la localidad de Usme y a algunos metros de la troncal de Transmilenio de la avenida Bolívar. Frente a la prisión, al costado occidental de la Caracas, se encuentra la Escuela de Artillería del Ejército Nacional de Colombia. Fui recibido por Imelda López, quien para la fecha era directora del establecimiento, y me habló sobre la población reclusa, el estatus de ésta y las recomendaciones.
Una de las cosas que más llamó mi atención fue que al preguntarle cómo había llegado a ese cargo me dijo que en su época de estudiante fue a la cárcel de la Gorgona a realizar un trabajo voluntario y se vio obligada a pernoctar en las instalaciones en vista de que el barco no regresó a la hora acordada para llevarla de la prisión a su casa. Volvió espantada y convencida de que no regresaría más, pero ya tiene veinte años trabajando en el tema.
Cuando estuve por La Picota recorrimos las áreas de mínima, media y máxima seguridad. Pude percatarme de que varias personas se acercaban con respeto a López solicitándole algo, y ella, les decía que debían presentarlo en la "reunión del Patio".
Fui hasta el comedor para ver cómo era la preparación de los alimentos, pero ese establecimiento, además de que era viejo, tenía para ese entonces unos 4.000 presos, existía un hacinamiento, y estaban esperando la construcción de otro penal que estaba siendo levantado al lado de La Picota.
Me dieron una exposición sobre el programa de cero circulación de dinero, en plena proveeduría, y cómo el interno hacía los pedidos y cómo se hacía la deducción de lo que se pedía.
Pude conversar con muchísimos presos de todo tipo de delitos, desde el delincuente más pobre hasta los diputados que fueron a parar a la cárcel, incluso pude ver cómo era el proceso de los que abandonan las armas en la guerrilla, para entrar en un proceso de reinserción.
Después fui a la Escuela Penitenciaria Nacional "Enrique Low Murta", entrevistándome con su director y su junta, en la cual pude hacer todo un recorrido, observando un gran número de aspirantes. Le pregunté al director como hacían la convocatoria, y me dijo que ellos tenían un convenio con el Ministerio de la Defensa, mediante el cual los que querían hacer el curso completo y entrar en la carrera penitenciaria no prestarían el servicio militar. Algo que tiene mucho sentido porque recibes al estudiante sin ser policía o militar. Me encontré con tremendos laboratorios.
Creo, a mi modo de ver, que dado el impulso que traen los colombianos en materia penitenciaria vale la pena revisar muchos de sus programas. Colombia tiene una población reclusa de unas 111.000 personas. Sin embargo, y aun teniendo un hacinamiento muy grande, por actos violentos sólo murieron 13 internos en 2011 (10 por arma blanca y 3 por objetos contundentes). En Venezuela, durante el mismo año y con 45.000 internos, murieron 560 y hubo 1.457 heridos, ¿qué tal?