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Desde el principio | 04/11/2012
Entre colombianos
No es fácil, hay obstáculos formidables por vencer, todo puede irse al diablo y en las primeras declaraciones de los negociadores de las FARC se aprecia jactancia, desproporción y empeño en dejar creer que las negociaciones son prueba de su fortaleza y no de su debilidad
AMÉRICO MARTÍN
Juan Manuel Santos
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"Nosotros haremos un acuerdo en algún momento pero nuestras armas serán la garantía de que se cumpla lo acordado. Ese es un tema estratégico que no vamos a discutir" Manuel Marulanda comentando el diálogo de paz con el presidente Pastrana

1 A la luz de ciertas declaraciones proporcionadas por las FARC pareciera que lejos de acercarse, las partes del diálogo de paz se alejan. Santos ­hombre de visión y pulso­ se aferra a una ley no escrita en este tipo de intercambio: cuando alguien va a hacer una concesión importante la precede de afirmaciones "principistas" dirigidas a sus propios y desconfiados militantes. Si se trata de eso, no hay por qué alarmarse, si por el contrario refleja poca voluntad para los acuerdos, el desenlace puede ser frustrante.

Después de cinco décadas en las que las FARC paladeó la posibilidad de una victoria similar a la de los sandinistas, negociar la conclusión del conflicto armado sólo será posible si entienden que aferrarse a las armas es más oneroso que buscar un espacio político legal. Los que piensan que no resultará, tienen razones para desconfiar aunque "razones" no sea idéntico a "razón", y eso depende de que el acuerdo se ajuste a las condiciones previamente establecidas.

Debe aceptarse que hay diferencias llamativas entre el diálogo Pastrana-Marulanda (1998­2002) y el que estamos presenciando en este momento. Pastrana despejó 42000 km2 en el Cajuán, que según se acepta le sirvieron a las FARC para crecer militarmente y alcanzar notoriedad. Se le reprocha a Pastrana su supuesta o real candidez. Esperó demasiado de aquellas negociaciones. Soñaría quizá con el Nobel de la Paz.

Plinio el joven glosado siglos después por un personaje de Don Quijote, el bachiller Sansón Carrasco, sostuvo que "no hay libro tan malo que no contenga algo bueno". Contra Pastrana llovieron maldiciones. Los que lo habían felicitado por la amplia ilusión de paz que despertó lo condenaron casi con saña. Pero en descargo suyo despunta un logro indudable: si militarmente las FARC se fortalecieron, políticamente se arruinaron. Santos aprovecha ahora la debilidad militar actual de las FARC y su ruina política para abrir un "caminito de maíz" hacia la paz. Si se está sobrestimando, quizá reaparezca la guerrilla. No vencerá ya, pero conservará tal vez capacidad de ejecutar crueles atentados que el gran pueblo colombiano no merece.

2 Lo que ahora promueve Santos intenta ser más eficaz. La parte medular del temario del acuerdo jamás la habían aceptado las FARC. Lo de bulto es que Marulanda nunca soltaría las armas en tanto que Timochenko contempla la posibilidad de hacerlo. Por eso hubo un previo contra desconfiados: "se aprueba todo o no se aprueba nada" y de sus cinco puntos, a mi manera de ver, la nuez se vislumbra en los tres últimos. El quinto, que parece ornamento para la tribuna, creo que va a ser clave: 3. Fin mismo del conflicto armado. Dejación de armas y reintegración de los guerrilleros a la vida civil. 4. Punto final a la larga tragedia del narcotráfico 5. Derechos de las víctimas.

"Derechos de las víctimas". En mi libro La Violencia en Colombia, editado por la colección Los Libros de El Nacional, trabajé con detenimiento este aspecto cardinal que puede con razón ralentizar o impedir negociaciones consideradas fundamentales para un país atormentado por la violencia. El conocido realismo político del presidente Uribe no pudo desestimarlo en su intento de resolver el drama paramilitar. Uribe promovió la "Ley de Justicia y Paz" dirigida al desarme y la reinserción social de paramilitares de derecha, extensible eventualmente a irregulares de izquierda. Su señuelo fue "relativizar" los términos de las confesiones a que se obligaban quienes quisieran acogerse al instrumento normativo, aparte de reducir las penas por diversos crímenes.

Los altos jefes paramilitares aceptaron, pero los familiares de sus víctimas se pararon con firmeza. La Corte Constitucional acogió la exigencia de las víctimas y el presidente acató su decisión. Varios de los jefes paramilitares se consideraron engañados pero ya no pudieron dar marcha atrás. Las familias menoscabadas tendrán que ser satisfactoriamente indemnizadas.

3 Con semejante jurisprudencia, con ese duro antecedente, ¿cómo hubiera podido Santos dejarlas de lado? Pero creo que para las FARC será un trago amargo: ¿deberán indemnizar a los deudos con fondos propios?, ¿podrán circular por las calles sin riesgo de toparse con algún antiguo secuestrado o un familiar dispuesto a cobrarse? Lo único que puedo imaginar es que siendo ese un mega problema, hay cuando menos un antecedente que viene al pelo.

En España cuatro grandes líderes: el rey Juan Carlos I, el presidente Adolfo Suárez, el secretario general del Partido Comunista Santiago Carrillo y el jefe del PSOE, Felipe González, enterraron un millón de muertos, firmaron el Pacto de La Moncloa y lograron establecer una sólida democracia, sin venganzas ni malos recuerdos.

No es fácil, hay obstáculos formidables por vencer, todo puede irse al diablo y en las primeras declaraciones de los negociadores de las FARC se aprecia jactancia, desproporción y empeño en dejar creer que las negociaciones son prueba de su fortaleza y no de su debilidad. Si no cambian ­mucho deseo que lo hagan­ será como internarse en los pantanos infectados de yacarés que alguna vez aislaron a Paraguay.

Las partes están negociando sin detener el fuego. Santos fue claro al respecto: "las operaciones militares seguirán o se incrementarán" ¿Podrá algo así tener éxito? En la incertidumbre, lo aconsejable es buscar lo mejor sin dejar de prepararse para lo peor. Es lo que está en juego en la agobiada nación hermana.

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