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Opiniones encontradas | 22/10/2012
Como una gracia
Así que lo que le gusta es el voluntarismo de Chávez que pasa por encima de los procedimientos de las instituciones porque le da la gana y ya, porque encarna la voluntad del pueblo. Esa es pues la nueva coartada
PAULA VÁSQUEZ
Chávez
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La moda de ahora entre los intelectuales "progresistas" es decir que el populismo es cheverísimo. Siguiendo al sumo representante de la intelectualidad de izquierda latinoamericana, el filósofo argentino, muy reconocido, leído y bien afianzado ­ como debe ser ­ en la academia sajona, Ernesto Laclau, los científicos sociales progresistas definen a la "razón populista" como la respuesta alternativa válida a la democracia liberal o representativa.

El argentino radicado en Londres no escatima elogios para el Comandante. El triunfo de Chávez es, como él mismo dice en una entrevista que le hicieron en el diario argentino Página 12, una "victoria para América Latina". Sobre todo para esa en donde reina Cristina Kirchner.

El populismo vive pues un momento de gracia en el pensamiento alternativo y contestatario. Para Laclau, en cierta manera su máximo representante, o en todo caso el más leído en América Latina, "el constitucionalismo busca mantener el poder conservador".

Así que lo que le gusta es el voluntarismo de Chávez que pasa por encima de los procedimientos de las instituciones porque le da la gana y ya, porque encarna la voluntad del pueblo. Esa es pues la nueva coartada.

Cuando vi que Laclau se reunió con Jean-LucMelenchon en un ciclo de conferencias organizado por el gobierno argentino hace poco, todo se aclara. Uno es el brazo político del pensamiento del otro. Tal para cual.

No es que sean autoritarismos los neopopulismos de América latina que hoy tienen el poder con un proyecto geopolítico muy específico; No. Para nuestros ilustres personajes estos gobiernos siguen, para decirlo en el lenguaje comeflor, una racionalidad diferente y contrahegemónica.

Como si en Venezuela el neoliberalismo no fuera también una realidad con la que hay que lidiar por la arbitrariedad de los precios, la escasez y la falta de protección social. Como si la política económica venezolana no fuera monetarista. Y como el fondo de este tipo de análisis siempre es moral, el punto es que Chávez es bueno porque tiene buenas intenciones con los pobres y por eso no importa que haga lo que le da la gana con la Constitución.

Un fantasma moralizador recorre la política latinoamericana. A punta de compasión humanitaria se justifica el estado de excepción. A punta de sentimientos buenos se legitima el fin de las instituciones y de los diferentes.

 
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