Lo que nos proponÃamos el domingo 7-O, y por lo cual miles de personas, ojalá millones, vamos a trabajar sin descanso, es lograr una transición democrática, no sólo por el desgaste de la revolución, sino también por nuestro propio esfuerzo
Después del resultado de las elecciones presidenciales del 7-O, inesperado para muchos, los venezolanos debemos reflexionar profundamente sobre lo que está pasando en nuestro país, en especial quienes nos oponemos al actual gobierno.
Lo primero que debemos hacer es entender lo que pasó; que desde nuestro punto de vista se reduce a dos factores fundamentales: en primer lugar hay una gran cantidad de venezolanos que aún creen profundamente en el proyecto chavista, más allá de sus carencias; y, por supuesto, el abuso sin tapujos de todos los recursos del Estado para perpetuar un discurso anacrónico.
Lo que nos proponíamos el domingo 7-O, y por lo cual miles de personas, ojalá millones, vamos a trabajar sin descanso, es lograr una transición democrática, no sólo por el desgaste de la revolución, sino también por nuestro propio esfuerzo.
Y es que a pesar del revés electoral, pareciera que estamos en un proceso irreversible de pérdida de apoyo por parte del gobierno; a lo cual hay que agregarle que le vienen unos años difíciles tratando de cumplir unas desmedidas promesas en un marco económico nada sencillo.
Sin embargo, el objetivo no es esperar a que esto se acabe por su propio peso; lo que los sectores democráticos nos proponemos es acelerar el proceso. Pero debemos cambiar de estrategia, o al menos ajustarla; y por supuesto, eso pasa por hacer política.
Henrique Capriles hizo una campaña admirable, recorriendo cientos de pueblos con un discurso conciliador; pero parece no haber logrado demasiado apoyo del chavismo de base, logrando un crecimiento básicamente en los indecisos y nuevos votantes. Y es que por las condiciones de la campaña la comunicación fue muy distante, en un solo sentido, y hecha por el candidato y pocos más.
Pero la pregunta que más he escuchado en estos últimos días es por qué ocho millones de personas aceptan las condiciones en las que vivimos. La respuesta es tema suficiente para un libro, o varios; pero yo voy a saltar directo a la solución del problema: entendernos.
Si queremos finalmente lograr la unidad nacional alrededor de un proyecto democrático, libre y justo, debemos comprender las aspiraciones, deseos, preocupaciones y condiciones de vida de todos, en especial de esas grandes mayorías que son quienes de peor forma sufren los problemas del país.
El reto que tenemos es recordar que en democracia todos somos políticos, y los seis millones y medio de venezolanos que votamos por un cambio, debemos salir masivamente a encontrarnos con los otros, a hablar, a vernos; no desde los prejuicios que nos nublan, sino desde una genuina perspectiva de que todos podemos encontrar en nuestros puntos de encuentro las claves para un país magnífico, Venezuela.