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Política | 17/10/2012 | 2 Comentarios
¿Un país enfermo?
Sería injusto calificar de enferma a una población cuyo 44% demostró tener una alta conciencia democrática, no obstante las amenazas permanentes y por todos los medios a que ha estado sometida
ARNOLDO JOSÉ GABALDÓN
Capriles
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A fines de 1992 me encontré en Nueva York con Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, con quien había venido trabajando en el contexto de una serie de iniciativas relacionadas con la Cumbre de Río de Janeiro, celebrada en junio de ese año. Enrique había regresado de Caracas y llegó consternado por las opiniones mayoritarias que había recibido, orientadas a promover a como diese lugar el cambio del gobierno, antes de cumplir su periodo constitucional. Al verme, me soltó a "boca de jarro": tu país está enfermo.

Proviniendo tal expresión de un avezado diplomático, no acostumbrado a lenguaje tan crudo, me impresioné profundamente y se me quedó grabado en la memoria ese grave juicio, sobre el cual he estado reflexionando por muchos años.

Hoy, después de los sorpresivos resultados electorales del 7-0, el juicio de Enrique se posa nuevamente como una hipótesis de psicología social que debe ser analizada. ¿Está la psiquis de los venezolanos tan enferma, que haya podido producir ese comportamiento electoral? ¿Cómo es posible que fuese exitosa la campaña electoral del candidato de un gobierno, cuyos pasivos son tan abultados? ¿Cómo pudo ser favorable el balance político-administrativo de la población sobre el gobierno, cuando en él debían tener un peso formidable: la inseguridad ciudadana que acusan todos los estratos sociales; las fallas tan serias de los servicios de electricidad, agua y salud; la destrucción visible de la infraestructura nacional; el deterioro de la industria petrolera, que alguna vez llegó a ser orgullo nacional?

Y podemos alargar esta lista de pasivos indefinidamente, si nos referimos a aspectos tan grotescos como la creciente corrupción administrativa; el estilo Aponte Aponte, como modelo para impartir justicia; la inflación y el desabastecimiento, el atropello cotidiano de los órganos del sistema público de información, contra todos los que disentimos del gobierno, entre muchas otras agresiones a los derechos ciudadanos.

Si por otra parte se examinan las acciones adelantadas por la alternativa democrática, se encuentra que el candidato Henrique Capriles Radonski resultó ser un verdadero gladiador político, en términos de su carisma, inteligencia, estrategia, coraje y vigor para enfrentar su duro compromiso. La campaña electoral fue admirable: una demostración de alta planificación y logística.

Y esta singular hazaña fue precedida por un arduo proceso de concertación política durante casi tres años por parte de la MUD, que permitió elaborar un programa coordinado de gobierno, llevar planchas unitarias al Parlamento y adelantar unas elecciones primarias organizadas desde la base por la sociedad civil, inéditas en América Latina, para escoger al candidato presidencial y todos los candidatos a gobernadores y alcaldes.

¿ESTÁMOS ENFERMOS DE LA PSIQUIS?
Mas, volvamos a la hipótesis inicial: ¿los venezolanos somos un pueblo enfermo de la psiquis? La respuesta es definitivamente no. Centraré mi argumentación en dos razonamientos de peso, aunque hay otros también importantes al respecto.

La principal causa del comportamiento anómalo que observa una proporción importante de la población, es consecuencia del modelo de desarrollo rentístico petrolero que prevalece en el país desde hace unas ocho décadas.

Dicho modelo incrementó sus perversiones sociales durante los últimos años, gracias a los abundantísimos recursos financieros percibidos por el Estado y la demagogia populista exacerbada al máximo y sin escrúpulos, por el régimen chavista. Lamentablemente hay que llegar a la conclusión de que vastos sectores sociales se han acostumbrado a la dádiva fácil a través de las misiones, a trabajar poco y a vivir rutinariamente, sin verdaderos retos existenciales ni espíritu de superación.

Por otra parte, sería injusto calificar de enferma a una población cuyo 44% demostró tener una alta conciencia democrática, no obstante las amenazas permanentes y por todos los medios a que ha estado sometida. A una población que a pesar del miedo existente, expresó con tanta firmeza su deseo de cambio para que lleguemos a ser una democracia moderna, en que todos podamos vivir y progresar en paz. Éste deberá ser el núcleo motriz del avance político de Venezuela en su futuro mediato.

En cualquier caso debemos estar alertas, porque como ha sido analizado en extenso, en los llamados "petro-Estados", como es el caso de Venezuela, se anida siempre el germen del autoritarismo. La sociedad civil perece ante el control y peso ilimitado del Estado. Después de 1999 se ha estado imponiendo un estilo de gobierno autocrático, que podrá ser mucho peor, tras otro periodo con igual orientación. Nos corresponde a los sectores democráticos hacer todo lo posible para que ello no llegue a ocurrir.

 
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