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El país en el diván | 10/09/2012
La duración de la cura
El psicoanálisis ha sido muy iluminador en cuanto a las complejidades y vaivenes del cambio humano. El análisis insume tiempo porque lo que está en juego muchas veces no acepta soluciones fáciles ni superficiales
ADRIÁN LIBERMAN L.
Psicólogo
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El psicoanálisis es uno de los más formidables métodos para modificar el sufrimiento humano. Es un procedimiento que apunta a instaurar cambios permanentes en la personalidad, redundando en el bienestar de quien lo emprende. Sin embargo, una de las objeciones que se le hace, es el tiempo que insume para ello.

Especialmente en estas épocas de premura, la pregunta acerca de la duración de la cura aparece muy tempranamente, en las primeras entrevistas con los consultantes. Cada vez más, las personas que acuden al consultorio del analista lo hacen siguiendo el modelo del taller mecánico, el sufrimiento emocional es algo que no funciona bien y que se aspira sea reparado a la brevedad.

Sin embargo, el psicoanálisis no puede ser breve ni aspirar a serlo. Especialmente porque a lo largo del proceso, es el mismo analizando quien se resistirá a las modificaciones que demanda. El fenómeno de las resistencias, que es inevitable en el proceso y que lo alarga, es parte fundamental del mismo.

Los síntomas del analizando son sus creaciones personales, inadecuadas, productoras de angustia, pero creaciones al fin. Por ello se requiere de tiempo y de una labor de insistencia, vía interpretaciones, para que el analizando se sienta ganado a dejar estos síntomas. En cierta manera, el análisis es una labor de pérdida, de desprendimiento de formas patógenas de funcionamiento por otras mejores.

Pero como toda pérdida, genera sentimientos de tristeza y de miedo frente a lo desconocido. Así el analizando deberá irse convenciendo que perder es ganar, lo que nuevamente insume tiempo. Además esto pasa porque el analista renuncia a adoctrinar, educar, aconsejar o influir en el comportamiento de su paciente.

No le instruye acerca del funcionamiento de la terapia excepto en cuanto al acuerdo mínimo para que ésta tenga lugar. Y además, el funcionamiento mental está hecho en buena parte de repeticiones. Hay una tendencia a reiterar lo conocido, en función de la historia inconciente de cada quien, una fuerza que se opone al cambio lo que nuevamente, elonga el procedimiento terapéutico.

El psicoanálisis ha sido muy iluminador en cuanto a las complejidades y vaivenes del cambio humano. El análisis insume tiempo porque lo que está en juego muchas veces no acepta soluciones fáciles ni superficiales. Muchos analizandos inician el proceso por cosas como comportamientos autodestructivos, insatisfacción en sus relaciones significativas, fracasos reiterados, etcétera.

El tiempo que se destina a la cura de estos motivos de sufrimiento es función directa de su importancia. Pero además a medida que el proceso se desenvuelve, el analizando va sintiendo que éste es fuente de conocimiento inédito sobre sí mismo, que revela aspectos nuevos, y que esto tiene efecto en su vida cotidiana.

Puede decirse que hay un placer gradual que se va adquiriendo en la tarea y ello contribuye a sostenerla y prolongarla. Así, el psicoanálisis va a contravía de la premura que caracteriza nuestra cultura. Invita a la duración necesaria para que la verdad individual surja, y que de ella se derive un bienestar auténtico y duradero.

 
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