Mantener equilibrio emocional en Venezuela cuesta bastante, las cosas no resultan como se planifican, se escapan factores que no controlamos fácilmente
SANDEL J. SANGUINO GUERRERO
Decía un profesor en Mérida que allí no podía aterrizar cualquier piloto, necesitaría un curso especial, pues para entrar se debe mantener altura y precisión poco común en otros aeropuertos del mundo. La ciudad es una meseta rodeada de montañas cercanas, picos; enormes obstáculos naturales dificultan aun a expertos su aterrizaje normal: "quien aterrice aquí lo hará en cualquier aeropuerto del mundo", sentenciaba.
Hace días un usuario de Internet golpeó sillas y escritorios en una oficina que presta servicio; no le resolvían un problema de conexión que tenía. No había manera de que las operadoras solucionaran por teléfono; y en la oficina lo referían a las operadoras, hecho que le produjo impotencia y ataque de estrés, por decirlo educadamente.
Mantener equilibrio emocional en Venezuela cuesta bastante, las cosas no resultan como se planifican, se escapan factores que no controlamos fácilmente. Sería bueno ver a esos conferencistas de sonrisa amplia, que cobran por hablar bonito, cómo se desenvuelven usando transporte público, haciendo "diligencias" que el común de los mortales venezolanos hace, y aparte andar "a la buena de Dios" trabajando para medio comer.
En economía se usa la expresión: "condiciones normales de mercado" donde las cosas se dan si no hay interrupciones, ejemplo: el urbanismo o puente serán construidos en seis meses; claro, esto en condiciones normales de mercado: si no hay lluvias, catástrofes o algún factor impredecible. El venezolano se consigue a diario con situaciones imprevistas, cada vez más insólitas, increíbles en otros países. No hay condiciones normales de mercado y de vida mucho menos.
Con cierta frecuencia algún artista viene a presentar su espectáculo, y si no se venden suficientes entradas se suspende "hasta nuevo aviso", sin explicaciones; los fanáticos quedan con las ganas y fastidiados hacen colas, no para ver el concierto, sino para que le reintegren la entrada. Comunicarse por celular es a veces problemático, "quedamos hablando solos" dice una amiga. Los teléfonos suenan ocupados sin estarlo, tener electricidad veinticuatro horas al día es una dicha, conseguir lo que se quiere comprar (si se tiene el dinero) es como ganar la lotería, llegar puntual no es cuestión de querer serlo, viajar sin encontrar algún puente caído nadie lo cree; que el sueldo alcance para comer, ir al cine, pagar alquiler, cable, Internet, ir de vacaciones, es sueño de soñador con pies lejos de la tierra.
Por eso venezolanos en el exterior logran rápidamente lo que se proponen, pues tenemos postgrado en estiramiento de recursos, equilibrio emocional e indiferencia ante la "cansonería" de quienes se encadenan. Somos pilotos bien entrenados y la cotidianidad de otro país es "pan comido".