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Opinión | 23/03/2012
Sociedad inexistente
Lo que busca el Presidente es una polarización que conduce a profundizar la división del país cuando éste lo que reclama y lo que requiere es la unión, la reconciliación. El autócrata está desfasado, perdió el sentido de la realidad. Acude a la brutalidad. Esa división de la sociedad venezolana nada tiene que ver con la Venezuela contemporánea
Pompeyo Márquez
Marcha
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Chávez divide a la sociedad venezolana entre ricos y pobres, entre burgueses y proletarios, entre patriotas y realistas, pero esa sociedad no existe, esa no es la sociedad venezolana, porque ella es más compleja, tiene una estructura mucho más rica como para encasillarla en esos términos.

La experiencia que recientemente nos transmitiesen los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, Felipe González y Ricardo Lagos nos habla de los vacíos que pueden tener las democracias, en especial en América Latina, y de cómo éstos pueden ser llenados con el funcionamiento armónico, independiente y autónomo de los poderes públicos, donde la justicia funcione de manera autónoma, sin limitaciones ni perturbaciones de otros poderes. Todo ello contrasta con lo que sucede en una autocracia militarista como la que padecemos los venezolanos, donde todo lo decide un solo individuo.

Cardoso, además, colocó en lugar preponderante al ciudadano: "El gobierno no puede apropiarse de la ciudadanía" expresó, al tiempo que dibujó un Estado al servicio de los ciudadanos, en el que no existan posiciones de dominio: "Monopolio, público o privado, es dañino".

Lo que busca el autócrata es una polarización que conduce a profundizar la división del país cuando éste lo que reclama y lo que requiere es la unión, la reconciliación. Y lo hemos dicho muchas veces: un país dividido en dos pedazos, sin reglas de juego definidas, no está en capacidad de avanzar, está condenado al atraso, y en la mitología de Chávez esa sociedad que él inventa, así como la reconstrucción de la historia venezolana a su manera equivocada, es una sociedad que no existe.

Reconciliar a los venezolanos y enterrar tantos odios promovidos desde el poder, que se acentúan cuando el autócrata en aplicación de aquello de amigo y enemigo, ricos y pobres, propio de regímenes totalitarios, discrimina a más de la mitad de los venezolanos y venezolanas.

El autócrata está desfasado, perdió el sentido de la realidad. Acude a la brutalidad. Esa división de la sociedad venezolana nada tiene que ver con la Venezuela contemporánea.

Aquí hay un sentimiento de cambio que tiene que expresarse en octubre mediante el triunfo de Capriles y la consiguiente derrota al continuismo militarista, de una camarilla militar-civil que se quiere apoderar del país indefinidamente.

Lo que está en juego son entonces cosas muy grandes, y se requiere una labor titánica de desarrollo de la unidad, de poner a esa unidad en movimiento en todo el país para impedir que Venezuela siga dominada por esa camarilla que la ha conducido casi a la orilla de la guerra.

Debemos concebir ese movimiento unitario como indispensable para derrotar electoralmente a la autocracia y gobernar todos juntos durante el período que transitemos para reconciliar a los venezolanos, unir al país e iniciar la reconstrucción del aparato productivo mediante la inversión estatal, privada nacional e internacional, bajo el concepto de una economía mixta como pauta la Constitución, respetando a la propiedad privada, a la empresa privada.
 

 
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