CARACAS, domingo 19 de mayo, 2013
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Diez en Uno | 25/07/2012
Caracas malquerida
Vista como una de las ciudades más inseguras del mundo, y abandonada por sus gobernantes, Caracas cumple 445 años de fundada. No hay homenaje posible que el reconocimiento de sus propias calamidades. Estas apenas son diez
Caracas
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1. Motorizados. Si algo distingue a Caracas de otras urbes es, entre otras cosas, la exasperante cantidad de motos que transitan por calles, avenidas y autopistas, y cuyos conductores –no todos, desde luego– tienen licencia para irrespetar las normas de tránsito y pasearse sin casco, hablando por celular y zigzagueando por la vía en una cola de autos. Para muchos analistas, más que un gremio constituyen una secta, que se identifica por su “enemistad” con el automovilista y la solidaridad automática cuando les ocurre un accidente. Una escena clásica de motorizados en Caracas es el  cierre de la autopista durante un cortejo fúnebre, frente al cual no queda más remedio que padecerlo sin protestar. Según cifras extraoficiales, los motorizados en Caracas rondan los 160 mil, y la imagen que transmiten lamentable e injustamente se asocia a robos, hurtos, asaltos y homicidios. Se trata de una generalización, que se refuerza cada vez que alguien llega a su casa y echa el cuento de cómo un motorizado asaltó a un automovilista en plena avenida o frente a un módulo policial. Hay que advertir que una cantidad considerable de motorizados son víctimas del hampa a diario. En particular los mototaxistas, oficio que pasa de ser “denigrante” a “salvador” cuando alguien necesita rápidamente llegar a un sitio. Según los reportes de la prensa, al menos un motorizado es asesinado cada semana en la capital. Muchas han sido las iniciativas para controlar las irregularidades que genera este fenómeno masivo y restringir el paso de motos por algunas arterias viales. Pero, lo impopular de la medida, obliga a los funcionarios ejecutantes de planes de control y seguridad a pasar de la fase de aplicación a la fase del disimulo, y así los motorizados se convierten en los reyes de la ciudad.

2. Basura. Hay quienes creen que la basura son las vísceras de  Caracas. No es verdad. Hubo una Caracas limpia y ordenada, pero ya quedan pocos los que pueden corroborarlos. El asunto hoy es tratar de caminar por la ciudad sin tropezarse con un montón de basura, acumulada en alguna esquina o debajo de un árbol. Como todo lo que ocurre bajo esta revolución, la situación es peor en los sectores populares, por diversas razones, entra las cuales destacan el paso irregular de los camiones de recolección, los malos hábitos de muchos habitantes, la inexistencia de botaderos de desperdicios, y hasta la creencia de que la basura forma parte del paisaje del barrio. En algunos lugares la basura pasa semanas y meses sin ser recogida, de modo que sirve de referencia toponímica para saber una dirección. A las constantes quejas de las comunidades y los esfuerzos de las autoridades se añaden los conflictos internos de las empresas recolectoras o sus choques con las alcaldías y concejos municipales. En un afán por centralizar hasta la basura, el gobierno optó por intervenir en marzo dichas empresas, incluso tuvieron la osadía de aumentar las tarifas. Pero, ni modo: el camión recolector sigue sin pasar y la basura sigue en el mismo lugar. En clara imitación al presidente Chávez, el alcalde Jorge Rodríguez juró que renunciaba si fallaba en la realización de esta tarea. No ha renunciado.

3. Buhoneros. Los hay en todas partes y son demostración de las cifras de desempleo en el país. Desde hace unos años, el Instituto Nacional de Estadísticas los considera en el renglón de “ciudadano con empleo”, o con el eufemismo de “integrante de la economía informal”. Desde el año 2007 los buhoneros del casco histórico de Caracas y los que trabajaban en Sabana Grande fueron desalojados tajantemente, con la promesa por parte del entonces alcalde, Freddy Bernal, de ser reubicados. Pero como toda promesa del ejecutivo, no se cumplió, y los vendedores ambulantes quedaron sin sitio donde trabajar, pues los mercados en donde supuestamente se ubicarían no habían sido construidos. Los vendedores informales comercian toda clase de artículos, desde ropa hasta comida, y están regados por toda la capital, empezando por el metro y terminando en grandes plazas. Ahora, cuando la inflación acumulada de este año está en 30% y somos el país en el mundo con la más alta inflación, los buhoneros se han vuelto necesarios. La cifra que maneja el propio gremio supone unos 20 mil trabajadores informales que se rebuscan a diario y tienen que luchar con la delincuencia y la insalubridad que supone trabajar en la calle. Luego de tres años del decreto de su salida y de la reubicación parcial que nunca termina de ser final, la buhonería no está ni cerca de desaparecer, pues sigue sin ser atacado el problema de fondo: la insuficiencia del mercado laboral formal.

4. Metro. Elogiado como “la joya de la corona” de la cuarta república, bajo los designios de la revolución bolivariana, el Metro forma parte también de los enemigos de la capital. Fue inaugurado en 1983 con la Línea 1 pero con el aumento de la población se han construido hasta los momentos cuatro líneas y se estima abrir para el 2012 la línea 5 y la línea 6. Mientras tanto, los millones de usuarios que bajan a sus andenes y pasillos, toman aire y se arman de paciencia para montarse en una suerte de “trenes del terror”. Si no viene retrasado (y por ende, repleto de pasajeros), los vagones carecen de aire acondicionado, o se quedan atrapados entre dos estaciones durante largos minutos. A este rosario de problemas, se agregan ahora los robos en dentro de los vagones, con agresión y heridos. Pero la mayor de las calamidades del Metro son las fallas eléctricas, que la empresa hace creer mediante información a los usuarios que se trata de un arrollamiento. Si eso fuese así, el de Caracas sería el metro en donde más gente se suicida o se cae. Definitivamente, el Metro figura dentro de las maravillas que esta revolución estropeó, no solo pintando caras del Che en vez de Bolívar, sino convirtiéndolo en una pesadilla a lo Freddy Krueger.

5. Colas. Son un fenómeno único en Venezuela. Según cálculos de los automovilistas ociosos, la velocidad promedio de circulación en Caracas no supera los 15 kilómetros por hora, un número que arroja luces sobre la magnitud de los atascones de la capital. Es estúpido escuchar los “reportes el tránsito” de la radio y de la televisión, como si en algún momento van a decir en cuál avenida o autopista el tránsito está libre. La autopista Francisco Fajardo parece un estacionamiento en la mañana, al mediodía y al final de la tarde. Es que a pesar de que en algunos municipios se ha intentado implementar algunas medidas como el plan que impide la circulación de vehículos según el número de placa, no se ha visto gran impacto por la resistencia de autoridades, incluyendo al Tribunal Supremo de Justicia. Parece que las colas forman parte de las costumbres del caraqueño.

6. Inseguridad. Aunque la bonanza económica ha caracterizado estos años, la inseguridad en Venezuela se incrementa. Pero es Caracas una de las ciudades más peligrosas del país y del mundo: de acuerdo a la organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública, la capital venezolana es la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez (México) y delante de Bagdad. Según ONG’s internacionales, desde 1999 hasta 2010, la delincuencia ha acabado con la vida de 25.106 personas en Caracas, y en ese mismo período se contabilizan 59.733 heridos por hechos violentos.  En el Plan Estratégico 2020, la Alcaldía Mayor afirma que la capital de Venezuela es 6 veces más violenta que Bogotá y 3 veces más violenta que Medellín y ocurren más asesinatos que en Sao Paulo. Y este problema no mejora en 2010: solo en el primer semestre, Distrito Capital presenta 2.597 muertes violentas. Esta situación, ha convertido a la otrora sucursal del cielo en la ciudad de la muerte, donde nadie está exento de ser víctima de la delincuencia.

7. Plazas. De acuerdo a la OMS, ciudades como Caracas deben disponer de al menos 10 metros cuadrados de áreas verdes por habitante. Pero este parámetro no se cumple en la capital, ya que solamente hay  1.5 metros. Los caraqueños viven encerrados porque no hay suficientes espacios para la recreación y, especialmente, porque la delincuencia azota a la ciudadanía. Atrás quedaron los días de paseos por parques y plazas, porque hasta en el “tranquilo” Parque del Este los ciudadanos están a merced del hampa. Ni hablar de las plazas, que están “tomadas” por indigentes y malandros. Ahora, los centros comerciales, que eran el lugar más seguro para el esparcimiento, también se han convertido en sitios peligrosos, hace unas semanas ocurrió un tiroteo en el Recreo y asesinaron a un hombre en el Sambil…Es así, como con la falta de espacios para la recreación, sumada a la inseguridad, que los caraqueños no tienen lugar para el esparcimiento.

8. La urbe vertical. El hecho de que como valle estamos reposando en el seno anillado de un gigante verde, aunado a la tendencia de las capitales económicas a crecer desproporcionadamente, han gestado una ciudad que en sus márgenes crece hacia el cielo. Es decir, una buena parte de la población total de Caracas hace vida doméstica en “la punta del cerro”; ahí donde descansa un universo de esa forma de vivienda constituida casi siempre por cuatro paredes de bloques rojizos sin friso y una lámina metálica, verde generalmente; que conocemos como ranchos. Puede que algún forastero llegando  por la autopista Caracas-La guaira a eso de las 11 de la noche se maraville con el espectáculo de las millones de luciérnagas despiertas que crean la ilusión de un pesebre, pero la realidad que allá arriba se vive no tiene nada que ver con este ensueño. Por su carácter improvisado, los ranchos no cuentan ni de lejos con las condiciones mínimas de seguridad o salubridad con las que debe contar cualquier habitación. Cada año en toda Venezuela se construyen unas 35 mil viviendas regulares, en contraste con las 80 mil viviendas precarias que se registran. En la escala caraqueña las cifras son proporcionales.
 
9. Huecos y troneras. Constituyen uno de los paisajes y dolores de cabeza más recurrentes y agudos de conductores y transeúntes de la ciudad de Caracas. A lo mejor parezca exagerado hablar de peatones cuando las mayores víctimas de estos campos minados que son las calles de la ciudad resultan ser los carros; pero si pensamos en los caminantes de un bulevar de Sabana Grande que sigue estando en reparaciones aun después de ser inaugurado, no es difícil imaginar unos tacones rotos cuando no unos tobillos dislocados. En el caso de los que van al volante, la situación se pone un poco más incomoda: vuelcos, choques, tráfico, amortiguadores fundidos. Por ejemplo: el 4 de febrero del año pasado, Caracas fue testigo del caso de un cráter que engulló casi hasta la mitad a una camioneta Terios en la vía frente al Colegio Cervantes, en la Avenida principal de Las Palmas. Actualmente, el presupuesto para acabar con los huecos en las vías de la capital asciende a BsF 128 millones.    
 
10. Del cielo al infierno. Cuando Antonio Guzmán Blanco, hacia finales de los 1800, ordenó que se utilizara su afluente como la vía principal de desagüe de las aguas residuales de Caracas, el río Guaire dejó de ser la fuente de agua de toda la ciudad y el lugar placentero que una vez fue. Actualmente, el caudal que atraviesa el valle de Caracas se encuentra en una situación ecológica alarmante y representa una amenaza ambiental y a la salud de los venezolanos que están expuestos a entrar en contacto con sus aguas cada vez que se desborda a causa de las lluvias. Actualmente el MPPARN (Ministerio del Poder Popular para el Ambiente y los Recursos Naturales) de Venezuela desarrolla un plan de saneamiento del río Guaire por fases y estima que con la construcción de plantas de tratamiento, desviación de aguas negras y eliminación de varias clases de desperdicios, este sea completamente recuperado y saneado para el año 2014. Andrés Bello lo celebra y Caracas lo añora: “De Anauco a las orillas un distrito /que me tribute fáciles manjares, /donde vecino a mis queridos lares /entre peñascos corra un arroyito.”

 


 

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