21 de noviembre 2017

Sin unidad no hay futuro

Henry Ramos Allup Henrique Capriles

Decirse en privado las verdades que tengan que decirse, sostener acalorados debates, discusiones de cualquier tenor y, luego de todo esto, decidir si siguen juntos o no

Si la derrota electoral fue mala, el espectáculo que han venido dando importantes dirigentes de la oposición es todavía peor. La cordura, la mesura, la sindéresis desaparecieron de su comportamiento. La Mesa de la Unidad Democrática está muriendo y, al parecer, no tiene posibilidades de sobrevivir.

Por José Ignacio Guédez, secretario general de la Causa R, nos enteramos que los integrantes de la entente opositora no han sostenido ninguna reunión desde el 15 de octubre. No han sido capaces de sentarse alrededor de una mesa a analizar y discutir sobre lo ocurrido.

Decirse en privado las verdades que tengan que decirse, sostener acalorados debates, discusiones de cualquier tenor y, luego de todo esto, decidir si siguen juntos o no.

Guédez tuvo que renunciar a su cargo como secretario de la Asamblea Nacional para dejar patente lo que ocurría y tratar de lograr cambiar lo que venía sucediendo, pero lo visto este martes 23 de octubre nos dice que falló en su intento.

Si las aguas estaban revueltas terminaron de convertirse en un maremoto con la decisión de los gobernadores militantes de Acción Democrática de juramentarse ante la Asamblea Nacional Constituyente.

Esa decisión contradice todo lo que se le había dicho a los electores desde que Nicolás Maduro anunció su convocatoria a la Constituyente. Lo que se afirmó días antes de las elecciones a gobernadores y lo que los propios elegidos manifestaron después de lograr el triunfo. Creemos que la coherencia en política es algo bastante vital.

Hay quienes argumentan que no juramentarse ante la ANC cancelaba la ruta electoral y democrática para enfrentar al gobierno de Maduro. Que quienes participaron en esos comicios sabían que había que pasar por ese requisito. Que en la MUD calcularon que la victoria sería tan contundente que el Gobierno no los podría obligar a asistir a la ANC, pero los resultados los agarraron fuera de base.

Tal vez esto sea así, pero se le debió hablar claro a la gente.

Faltó liderazgo político.

El caso, es que después de las juramentacionnes hubo quienes decidieron lavar sus trapos al sol y la emprendieron contra los que hasta hace poco eran sus compañeros de ruta.

Mala decisión. La situación que vive el país reclama a sus dirigentes conductas mucho más responsables de las que han sostenido estos últimos días o, para ser más precisos, de las que han venido observando desde diciembre de 2015.

Tenemos al frente al gobierno más corrupto de la historia venezolana, y que conste que para ser los primeros en ese renglón la competencia era muy dura. La administración de Maduro es una de las peores que ha sufrido el país en toda su vida independiente. Tiene el rechazo de la abrumadora mayoría de la población. Eso no ha cambiado.

Hay, aún hoy a pesar de la derrota electoral del pasado 15 de octubre, una gran oportunidad para salir de este desastre por vías civilizadas.

Eso implica sentarse en una mesa todos los factores políticos opositores y trazar una ruta que todos sigan.

Eso implica también sentarse con el gobierno de Nicolás Maduro, sin pena, y lograr condiciones electorales equilibradas. Que todas las irregularidades que se produjeron el pasado 15 de octubre no se repitan. Esperamos que dentro de los partidos opositores aparezcan los dirigentes que hagan recobrar la sindéresis, la cordura y el sentido común.

Si no se logra una unidad lo más amplia posible, mayor de la que existía en la MUD, el futuro del país es seguir en manos de Maduro y su combo. Es condenar a Venezuela a no tener futuro.

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