18 de octubre 2017

No hay igualdad de género en la cocina

misión gula

La cocina venezolana es tremendamente machista

"Las hallacas de mi mamá son una mierda". ¿Quién podría escribir algo así? Esta sacrílega frase de autor anónimo sin complejo de Edipo apareció hace algunos años en un muro de Ca- racas en el sector de La Florida, pero no duró mucho tiempo. 

A los pocos días, un alma caritativa decidió borrar este grafito que, en ocho palabras pintadas en letras de molde con spray negro y fea caligrafía, puso contra la pared la esencia misma de la cocina venezolana y todo lo que se ha dicho y escrito sobre ella. 

Quien quiera que haya sido el que le mentó las hallacas a su progenitora, no tuvo el valor suficiente para identificarse ni sostener su irreverente acusación y su acción no hace sino incrementar el expediente de estupidez que por unos cuántos miles de años ha rodeado el trabajo femenino en las tareas del hogar y el machismo culinario que caracteriza nuestra cocina. 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que hombres y mujeres deben recibir los mismos beneficios, recibir las mismas sentencias y ser tratados con el mismo respeto y eso se conoce como igualdad de género. 

¿Se aplica este principio en Venezuela y, concretamente, en la cocina venezolana? Pienso que no. La cocina venezolana no conoce igualdad de género, es machista, tremendamente machista, al menos en el tratamiento y reconocimiento que se le da a sus actores, pese a que, desde sus orígenes, surgió de manos femeninas, desde el primer sorbo de leche materna hasta la última sopa que nos hizo la abuela. 

Sin necesidad de recurrir a cifras estadísticas, con sólo mirar alrededor nuestro, podemos afirmar que hay más mujeres que hombres metidos en una cocina, especialmente en la cocina doméstica. Sin embargo, si leemos páginas especializadas en periódicos y revistas, si visitamos blogs o sitios de cocina, si recorremos estanterías de libros dedicados a lo culinario, si vemos los innumerables programas de televisión especializados en el tema, nos parece que el oficio de los fogones es cosa de varones. 

Fueron manos indígenas las que moldearon las primeras tortas de casabe y las primeras arepas que sirvieron de sustento a los grupos humanos originarios que se establecieron en el territorio. 

Fue la india quien siguió pilando maíz para las arepas que alimentaron incluso al conquistador, sin reparar en las consecuencias. Fueron manos esclavas femeninas llegadas de ultramar las que guisaron los primeros platos criollos en la consolidación de la colonia. Fue en los fogones traseros de las casas, junto al trabajo de las cocineras, donde comenzó a fraguarse la idea de libertad republicana. Fue mamá quién nos enseñó a comer con cubiertos y a amarrar las hallacas. Cuando ella no está, es la señora de servicio quien se encarga de la comida, o una tía, o la abuela, o la vecina. 

Sin embargo, en la cocina profesional, mandan los hombres. 

NdA: Si les interesa el tema, en el Capítulo VI de #ElSeñordeLosAliños hablamos de esto y más. 

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