22 de septiembre 2017

Jovito Villalba en el tiempo actual

Jóvito Villalba

Jóvito Villalba fue quien,-como José Martí-, emplazó la memoria de Bolívar para que no abandonara a su pueblo: “¡Libertador!, ha llegado de nuevo la hora de que tu acción coincida con nosotros en este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos”

El pasado 8 de julio marcó un nuevo aniversario del fallecimiento de Jóvito Villalba, ocurrido en el año 1.989. Militante estudiantil en 1.928 contra la tiranía de Juan Vicente Gómez. Militante toda la vida a favor de la democracia y del pueblo venezolano.

Cumplió los 20 años de edad recluido en una prisión dictatorial, en las más crueles condiciones; en ambos tobillos le quedó secó el hueso por la tortura vil de los grillos. Su rebeldía no se apagó jamás para servir con dignidad e inteligencia a la causa de la libertad, la justicia y el progreso social de su país.

Hombre de Derecho justo, fue un constitucionalista de profundas y modernas ideas que en esencia eran la doctrina de los Derechos Humanos, de los cuales en Venezuela puede considerársele precursor visionario.

Honra del foro y la tribuna, del trabajo político para darle al ciudadano cauce y herramientas en la lucha por un destino de superación nacional y de auténtico bienestar, dentro de una vida fecunda y enaltecida, Jóvito Villalba es hoy un símbolo viviente y verdadero de la Democracia venezolana. El conocido escritor y premio Nobel, Gabriel García Márquez, que lo estudiara cuando vivió en Caracas y pudo conocerlo, observó en su personalidad a un líder con nobleza y sin rencores; tres condiciones extraordinarias destacó en él, “optimismo, dinamismo y pobreza”. Y es que su esencialidad humana era superior a sus detractores, a los tiranos de mayor o menor cuantía, a los olvidadizos de la patria que cargan esta palabra en la boca, porque para ellos la Patria es un negocio.

Cuando en 1.952, la dictadura de aquel entonces, -que asesinaba y torturaba como toda malignidad hecha gobierno-, desconoció el clamoroso triunfo de la Unidad liderado por Jóvito Villalba, en las elecciones de ese año, sólo una trampa contra la buena fe y la decencia política y moral, contra la Constitución y las leyes, pudo arrancarlo de su presencia junto al pueblo en las amargas horas de su destino. Después del duro y forzado destierro de años que los militares aventureros le impusieron, Villalba regresa a su trinchera cívica, pacífica y nacional, fiel a la Democracia y a la Ley, y es un ardoroso y consciente propulsor de una gran unidad de la nación venezolana para lograr estabilizar y desarrollar la Democracia.

El mismo verbo insuperable del brillante orador que en 1.952 proponía una concertación política de todos los demócratas, “sin perseguidos ni perseguidores”, para enrumbar la Nación a la merecida altura de un mejor destino, reitera su consigna de la Unidad, de la unión honorable de fuerzas y voluntades del pueblo en todos sus estamentos, en pro de la democracia y del avance de sus instituciones, de sus contenidos políticos, de su cultura y de su constancia moral conforme a la civilización y el Derecho. Por eso solamente valdría haberlo colocado, por voluntad del pueblo, en la máxima dirección de la República; explicables eventos y azares impidieron que sucediera así, pero la gran personalidad histórica, el convicto y fehaciente venezolano, el abnegado luchador, ejemplo de desprendimiento y de la honestidad de hombre público, siguió siendo, a contraluz de infortunados avatares-, el símbolo viviente del ideal histórico de una grande y eficiente unidad para la democracia real.

Sus palabras de premonición e intuición social, sociológica, política y humana, encontraron el eco suficiente y necesario en la historia que venía desde 1.928, cuando desde el Panteón Nacional, los estudiantes, por la voz de Jóvito Villalba, dijeron junto al sepulcro del Libertador: Que tanto como el aire que es indispensable para que respiremos, la libertad no puede faltar nunca, pero eso sí, también la de justicia, techo, cultura y pan; jamás, una caricatura infame consistente en “el derecho a la libertad de la miseria”.

Jóvito Villalba fue quien,-como José Martí-, emplazó la memoria de Bolívar para que no abandonara a su pueblo: “¡Libertador!, ha llegado de nuevo la hora de que tu acción coincida con nosotros en este momento de definirnos ante el destino y ante nosotros mismos”. Era con respeto, con sinceridad, sin cálculos obscuros, cómo esa convocatoria al héroe salía de aquella voz juvenil e incontaminada, para que siguiera alumbrando con su alto pensamiento y su valor, la atrasada realidad del país.

Hoy vive Venezuela una dolorosa depresión de su destino histórico; 2017 ha marcado la realidad oprobiosa de un régimen que con delirio patológico de lo maligno, en términos humanos y políticos, se ha convertido en insólito verdugo. El pueblo victimado y escarnecido con vileza, ha visto regresar la tortura, los presos políticos y la represión de todo medio que informe la verdad. La carencia de bienes y servicios hace imposible hasta el menor bienestar. En ese cuadro pavoroso, de insólita ruptura del poder con la población, el régimen pretende abolir la Constitución Nacional sancionada en elecciones populares, mediante una inconstitucional constituyente para sustituirla por otra, prefabricada en tenebroso laboratorio del totalitarismo, con el propósito de establecer un aberrante sistema político, a sabiendas de que su favoritismo popular no pasa una mínima anuencia de un 10 o 15 por ciento, que cuando más, sería el piso político de tan impresentable dictadura. Tal despropósito deviene en aberración y fraude.

En esta hora de agonía venezolana, de agravios a la Nación y sangrientos ultrajes a la Democracia, se hace indispensable una grande y efectiva Unidad venezolana, para una defensa propia de nuestra vida como República, como país y como pueblo.

Surge entonces, el respetuoso y emocionado recuerdo de Jóvito Villalba y su infatigable discurso por una verdadera Unidad Nacional.

No pretendemos prorrogar visiones del pasado, ni volver a hechos y circunstancias que ya pudieran ser parte del olvido, pero el recuerdo afirmativo de Villalba en esta hora, se parece al que el propio Jóvito dedicó al Libertador en una hora tiránica de Venezuela, en verdad menos escandalosa pero cruel como ésta, que osa consolidarse.

Este saludable buen recuerdo reconforta el propósito de la unidad de los venezolanos de hoy para librarnos de la dictadura del presente, y, de mañana, para la gran causa de la convivencia democrática y de un destino mejor para Venezuela. No es evocación solamente, es defendernos del escarnio actual.

Jóvito Villalba, prócer civil, insobornable demócrata, luchador esclarecido, voz que aún puede clamar a nuestro lado, sin impertinencias ni excesos, visionario y promotor de la unidad como herramienta eficaz de la democracia, la libertad y el Estado de derecho, bien vale un gran recuerdo.

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Edición del 2017/09/21
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