20 de noviembre 2017

Crisis orgánica

Represión y tortura

Sin embargo le decimos al puñito gubernamental, que debe entender que sus deseos no se concretarán y para ello queremos citar una sabia expresión popular “deseos no empreñan”

Se ufanan de conocer los postulados del gran teórico social, de ese cultor de la filosofía de la praxis Antonio Gramsci, y hacen alharaca con el conocimiento de sus conceptos. Podríamos afirmar que el chavismo llega al poder a través del concepto gramsciano de guerra de posición en el que la sociedad con la lucha prolongada y permanente conquista el poder y desde allí despliega su hegemonía; muchos de quienes acompañaron al comandante durante años fueron construyendo muchos de los conceptos que hoy por hoy son parte de la sociedad, “Poder popular” “Poder constituyente”, “Democracia obrera” etc. No fue el asalto llevado adelante el 4 de febrero de 1992, lo que podría enmarcarse dentro del concepto de guerra de movimiento, lo que los llevó a la conquista de los espacios de poder. Aunque ese suceso sin lugar a duda fue el punto de inflexión para la concreción, años después, de la toma del mismo.

El fallecido presidente, que citaba con regularidad al pensador, luchó por alcanzar la hegemonía: que su visión del mundo se constituyera en el sentido común de los venezolanos de a pie, a través de su carisma, pero también de la sociedad civil, encargada de la función consensual y de la sociedad política encargada de la función coercitiva por medio del estado. Quizás el presidente Chávez tenía consciencia plena de que la hegemonía gramsciana en esencia no podía ser permanente, monolítica, por lo que debía irse construyendo día a día. Ir construyendo el consenso para lo cual se debe contar con una “sociedad civil” que canalice los conflictos.

Sin duda alguna Hugo Chávez logró la hegemonía, pero desaparecido de la escena, todo aquello se desmoronó y sus aventajados herederos en la corrupción, las triquiñuelas, la represión, la tortura y también el asesinato se encuentran huérfanos de pueblo. Este gobierno se encuentra en lo que el pensador definió como crisis orgánica, que no es más que perder la hegemonía por no seguir construyendo los consensos necesarios para mantener su aplicación. Y la forma que han encontrado para subsanar esa pérdida, una de las soluciones planteadas por el pensador, es mediante la aplicación de la dictadura y el exterminio del adversario. Pero lo que no han tenido claro quienes detentan el poder es la voluntad de la sociedad venezolana, civil y política, de recomponerse en función de nuevos actores y acuerdos que permitan construir un nuevo consenso que enrumbe hacia adelante el país.

La crisis que atravesamos, la mayor de las últimas décadas, es propicia para la construcción de un nuevo sistema. Sin miedo nos atrevemos a plantear la construcción de un nuevo consenso, que no destruya lo diferente, sino que lo acepte y debata permanentemente, lo que hará que se nutra o que sea desplazada por un nuevo consenso, siempre enmarcado en la democracia y la pluralidad. No debemos tenerlo miedo a la disputa, la diferencia, la controversia. Estás son intrínsecas a la democracia, a lo que debemos temerle es a la intolerancia, a la indiferencia, el aplauso. Una democracia es robusta, si en ella hay fuerzas en disputa agonística y de esas contiendas surgen los consensos sociales, la totalidad social que permitirá la construcción de más democracia, ya que esta debe ser constantemente construida, la democracia no debe ser un punto de llegada, sino el transitar de la sociedad. La clase dominante, al perder el consenso, ya no dirige sino domina, a través del aparato represivo del estado y eso es lo que en estos momentos estamos viendo en el país, un gobierno que al no contar con el apoyo de las bases sociales, apela a la coerción más dura, para mantener sus privilegios. Sin embargo le decimos al puñito gubernamental, que debe entender que sus deseos no se concretarán y para ello queremos citar una sabia expresión popular “deseos no empreñan”.

@LeoRegnaultH

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