20 de noviembre 2017

Ricardo Sucre: “La MUD perdió la dirección de la calle”

Ricardo Sucre

El politólogo Ricardo Sucre urge a darle un contenido, direccionalidad, a la protesta cívica en la calle. Asume que el gobierno aún tiene margen de maniobra pero que la MUD está llamada a alcanzar el poder

¿Qué resultados cree han dejado más de 70 días de protesta? ¿La posición de la Fiscal, la de exministros y ex funcionaros de alto nivel?
Efectivamente todas esas cosas son logros que pueden ser más o menos, no todos son endosables. Ya la Fiscal había mostrado en 2015 ciertas distancias, había bajado el tono. Recordemos que ella era una mujer implacable, en la época de Chávez. Incluso la misma Constituyente podríamos decir que fue catalizada por la protesta. Pero el logro político más importante es que el hecho de fuerza en la oposición se concretó. Muchos nos preguntábamos en 2016 si la oposición tenía la fuerza para producir en desenlace. Yo decía que no, que la estrategia debía ser buscar las regionales y sobre eso construir fuerza. Yo veo a la oposición muy abrazada a las tesis de Ucrania, de las fracturas del régimen, de los costos de tolerancia. Yo creo que todos compraron esa tesis. En todo caso se trata de construir el derecho a la rebelión, y eso te lo dan las elecciones de 2018. Yo diría que el hecho de fuerza ocurrió: la oposición mostró una fuerza que no se esperaba, y el gobierno tampoco lo esperaba. Creo que el gobierno, algo muy de Maduro, subestimó a la oposición. 

Ahora con esa fuerza, ¿qué hacer con ella?
Me luce que ahorita se está apagando, pero no quiere decir que desaparezca porque son flujos. Pareciera que la calle se apaga y ahora se canaliza por las acciones de Luisa Ortega. Pero cómo la oposición direcciona esa energía. Yo no veo una estrategia clara, más allá de “la fractura del régimen”.

¿Cómo se evidencia esa fractura? Se pensó que era el pronunciamiento de la Fiscal, o el de Padrino y las “atrocidades” de la Guardia.
Yo no soy de esa tesis, pero lo que entiendo de quienes la plantean y en el discurso de la oposición que la compró, se trata de un hecho que genere un efecto dominó, una serie de pronunciamientos en cadena que lleve al gobierno contra la pared a admitir que no tiene la fuerza y decida su salida o negocie una transición.

¿Esa fractura depende de un filtro militar?
Creo que al final, sí. Lo de la Fiscal, por ejemplo una acción penal contra Maduro, con un Parlamento donde unos diputados disidentes del PSUV se sumen a la MUD para lograr la mayoría calificada, la presión internacional, todo eso conduciría a que los militares tomen una decisión, por ejemplo.

¿Cómo ha evaluado la acción de la MUD?
Por el lado de los aciertos, hay un mayor grado de coherencia y unidad. Me da la impresión que el nuevo reglamento de la Mesa y el G9 están funcionando. Las encuestas recientes que he podido ver ubican a la Mesa en 50-54 por ciento de aprobación, que es bastante bueno para las circunstancias. Luego, el Parlamento ha tenido un protagonismo muy relevante y aunque esté en desacuerdo con algunas decisiones, como foro es muy importante y ha ayudado mucho a la presencia internacional. La MUD está allí como instancia de dirección, es el acierto principal. Ahora, el pasivo es cuál es la visión, hacia dónde conducen esa fuerza. Es una ausencia que veo existe después del 19 de abril cuando la MUD perdió la dirección de la calle y la haya tomado los grupos de la barricada y la “épica de la lucha”. La MUD convoca pero ya no lo controla.

¿Es recuperable ese control político de la calle?
Sí, pero la calle tiene que tener nombre y apellido. No le puedes poner cuatro peticiones. Por ejemplo, “regionales” y solo eso, o “referéndum consultivo de la Constituyente”, o “elecciones presidenciales”. Había que ponerle nombre concreto. Tienes que construir tu derecho a la rebelión, no simplemente un manual de Ucrania. Esto es serio, aquí hay vidas en juego, esto no es un documental o una serie sino la realidad.

¿Esa “épica de la lucha” tiene futuro?
La historia de Venezuela es una buena escuela para entender que ese tipo de lucha no da resultados satisfactorios. Se intentó con Pérez Jiménez en los primeros años, buscando una fractura en las Fuerzas Armadas y lo que hubo fue más represión. Se intentó con la lucha armada de los 60, y tampoco. Eso dejó unas heridas que aún estamos pagando, y como lo dice un libro de Ángela Zago: “Aquí no ha pasado nada”. Lograr esa fractura es solo posible a través de la demostración de que tengo razón, de que soy mejor, y eso corresponde a un tipo de personalidad que yo no veo en Venezuela. Aquí se modela es el malandreo, los guerreros y guerreras urbanas, luchadores. Tú no modelas aquí a Luther King porque son comeflores, ingenuos, no tienen burdel, no tienen kilometraje. Esa tesis funciona en esa condición. Lo otro es una rebelión. Creo que esa lucha no tiene vida en el sentido de un logro político, sino que dejará cuentas por cobrar y resentimientos. 

Si el gobierno busca que lleguemos al “no pasa nada”, la represión desmedida y el ataque a residencias civiles no ayuda.
No voy a glorificar la violencia del lado opositor. No es lo mismo que la violencia del Estado, claro, que incluye hasta pillaje y humillación. La estrategia del gobierno pareciera ser que la calle se está apagando y hay que aprovechar para que no vuelva a tomar fuerza, por eso ahora no dejo que marchen, los disperso rápido, hago operaciones de inteligencia y el amedrentamiento brutal para que la gente se asuste. El tema es delicado, porque hay gente que manifiesta pero hay grupos armados bajo el discurso de la violencia legítima y el Estado opresor, y debe haber una responsabilidad.

Hay otra calle, la que reclama que no llega el agua, el gas, el CLAP. Y también hay represión de la fuerza pública o de grupos civiles. Eso pareciera que no va a parar.
Esa “calle social” va a permanecer. El punto es el mismo para esa y para la “calle de convicción”: a dónde conduces eso. Eso pueden ser mecanismos de catarsis, de desahogo, quizá con un mayor aprendizaje político. Hay una nueva fisionomía de la protesta. Pero la tarea pendiente de la Mesa es darle un contenido, una dirección, un hacia dónde. Es la forma en que esa calle tenga una eficiencia. 

¿Integrando las calles “social” y “de convicción”?
Yo no la integraría ahorita. Porque eso pasa por tener la fuerza y la capacidad de conducir un movimiento político que al final genere un derecho a la rebelión, y yo no veo que eso exista ahora y puedes perder las dos “calles”. La primera te la van a reprimir y la segunda perderá su fuerza. Yo trataría es darle un contenido a esa “calle social” y protegerla para que no la infiltren, y a la “de convicción” mostrarle un puerto, que debe ser un escenario electoral.

La Constituyente es un escenario electoral.
Nadie quiere Constituyente, pero en varias encuestas al preguntar qué debía hacer la oposición un 54% decía que sí. Ya no va a participar, por supuesto. Allí hay truco. El 80% de la gente no la quiere, pero qué haces frente al hecho político. Allí está la “real politik”. La gente razona bien cuando dice que hay que participar así sea para expresar el desagrado.

Con la Fiscal y el chavismo disidente que defiende “el legado” se abre otro actor. ¿Pueden asumir espacios que la MUD no?
Pareciera que vamos a un escenario con multiplicidad de fuerza. Y no creo que ellos puedan dar esas respuestas que la MUD no puede. La MUD tiene que poder y tiene la cualidad para eso, pero necesita una mejor estrategia o visión. En principio, la Fiscal cataliza al chavismo crítico que estaba disperso. Ahora hay tres polos con espacios institucionales: el Gobierno con el Ejecutivo, la MUD con la Asamblea Nacional y el chavismo disidente con la Fiscalía. Yo no veo lo de la Fiscal aún más allá, más que como un catalizador.

El chavismo pone la Constituyente primero que las regionales, cual barricada, una guarimba electoral. ¿Cómo superarla?
Yo hubiese participado en ella. Si te adhieres al recurso de la Fiscal frente a un TSJ que te anuló y lo justificas diciendo que es por la soberanía jurídica, igual es buscar la soberanía popular. En las guerras el general no escoge el terreno a combatir. Esa es la política. Pero ese paso ya está anulado. Entonces lo que queda es una operación muy riesgosa: analizar si llamas a la abstención, al voto nulo o estudias quiénes están postulados y ‘cayetanamente’ promueves esa candidatura. Es evidente que esos 545 no van a ser “patria o muerte con Maduro”. Hay que buscar la que garantice una institucionalidad y un puerto electoral que hay que construir en el discurso.

Dirían que “se legitima” la pretensión de Maduro, cuyas bases comiciales dan pie a que gane siendo minoría.
Sí, y aquí se está ensayando un nuevo esquema de elecciones que pudiera regir post constituyente. El gran problema es que vas a perder el manto de invencibilidad de haber ganado con 60% en 2015, y el gobierno dirá que has perdido fuerza. Todo eso es cierto. Allí está el análisis electoral de que no había nada que hacer, pero yo difiero porque aunque Pedernales vote 48 veces más que Maracaibo, la opinión pública de ahí replica el ambiente nacional. Territorialmente había maniobra. Sectorialmente tienes estudiantes, empresarios, trabajadores. Se pudo diseñar una estrategia. Más allá de las razones técnicas están las razones políticas.

¿La Constituyente es indetenible?
Está caminando, va. Lo que la puede hacer indetenible o no es el propio pueblo, si participa o no. Allí está la legitimidad. En 1952 la gente participó en el plebiscito contra la línea de los partidos que decían abstención, y entonces perdió el FEI –el partido de Gobierno- a pesar de su propio diseño electoral para ganar.

¿Cuánta vida le queda al gobierno de Maduro? Tenía caducidad en 2018 pero la Constituyente eliminó eso.
Yo no lo veo en una sonda, tampoco sano y perfecto. Creo que tiene maniobra, un apoyo de 30% a 35%. Sigue teniendo apoyo dentro del chavismo. Veo a un gobierno que estuvo a la defensiva y ahora va a la ofensiva, va cambiando. Ahora el gobierno pudiera pensar en la relegitimación de poderes, con Maduro no terminando en 2018. También puede quedar la Constituyente y el Gobierno andando por un tiempo que no sabemos. En cualquier caso, Maduro tiene más vida de la que se le atribuye. Creo que llega a 2018. Posiblemente su gran problema es definir su destino. Es una decisión política difícil porque puede pensar “sí, todo el mundo me odia pero yo me comí las verdes…”. Allí veremos su altura. Yo creo que debería decir “yo voy a abrir el juego para otra opción, yo cumplí, fui el fusible y me quemé, y abro a otra figura del chavismo”. Ahora, sigo pensando que la alternancia va a ocurrir y que la primera opción para eso es la MUD.

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