20 de noviembre 2017

El odio como motor político

Nicolás y Tibisay

No consultar en referendo al país sobre si desea o no una constituyente, es un fraude en sí mismo. Haría bien el gobierno en entender que no podrán matar o encarcelar al 82% de los venezolanos que exige una solución democrática a esta crisis

No es posible construir nada sobre la base del odio, y menos una sociedad democrática, inclusiva y solidaria. El gobierno debe reflexionar con urgencia sobre los efectos catastróficos que su política de odio ha tenido sobre el tejido social, político y económico de la nación. Es necesario recordar que esta desgracia que ha arruinado al país, tuvo su origen en los fallidos y sangrientos golpes de estado del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Se dieron, en nombre de la lucha contra la corrupción y la pobreza, básicamente, y hoy, 18 años después, todos los problemas de entonces han empeorado dramáticamente, y se le ha agregado una buena cantidad adicional.

Venezuela es hoy famosa en el mundo por la insólita corrupción gubernamental, y por unos niveles de pobreza que treparon al 82%. El odio y la mentira, fueron convertidos en política de estado. El país es bombardeado todos los días a través de una extensa y poderosa red de medios de comunicación, dedicados a mentir y a destilar odio contra toda persona, partido o institución que no se pliegue a los desafueros del poder. Los medios del estado fueron secuestrados y junto a cientos creados por ellos, han sido puestos al servicio del régimen y sus personeros más recalcitrantes.

Los demócratas venezolanos son objeto diariamente de todo tipo de insultos, vejaciones, agresiones, así como de incitaciones al odio, por parte del presidente de la república y de funcionarios de toda laya, en una irracional orgía de desprecio por los derechos humanos, y un despliegue de procacidad nunca antes vista. En estos terribles y dolorosos momentos que vivimos, se impone llamar a la ciudadanía a no imitar esas conductas, aun entendiendo que la acumulación de agresiones y vejaciones a lo largo de casi dos décadas, ha soliviantado los ánimos y generado un clima de repudio manifiesto a esas prácticas. El gobierno es el responsable de la destrucción del país, y de la generación de un clima intolerable de violencia represiva que lleva un promedio quizá mayor a un muerto diario durante estos casi 60 días de legítima protesta.

El régimen haría bien en preguntarse si con un respaldo no mayor al 18%, no debería ya, sin más dilación, concretar la búsqueda de soluciones, para que cese la violencia en todas sus expresiones. A esa búsqueda no contribuye propiciar una fraudulenta constituyente que no va a aceptar el pueblo de Venezuela, entre otras razones porque después de controlar todos los poderes durante 18 años y habiendo despilfarrado la más inmensa masa de dólares en la historia, no fueron capaces de solucionar ni un solo problema. Se necesita ser estúpido para no ver claramente que la intención es imponer una dictadura definitiva, sin dejar opción alguna a la democracia. Este recurso desesperado por aferrase al poder, y el celestinaje irresponsable del tsj y las 4 mujeres del cne, ratifica que estamos en un golpe de estado continuado.

No consultar en referendo al país sobre si desea o no una constituyente, es un fraude en sí mismo. Haría bien el gobierno en entender que no podrán matar o encarcelar al 82% de los venezolanos que exige una solución democrática a esta crisis. La vía responsable, más fácil, no traumática, verdaderamente democrática, es la consulta al soberano. No dice el régimen ¿contar con el apoyo mayoritario de los venezolanos? ¿Ser amados por el pueblo? ¡Pues bien! ¡Hagan elecciones! Y demuéstrenselo al mundo.

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