23 de mayo 2017

Lo cortés no quita lo valiente

Chavistas y opositores

En esta hora hay que abrirle los brazos a todos los que quieran contribuir al restablecimiento del hilo constitucional y a una salida negociada de la crisis política y económica. Nuestro guión y punto de encuentro es la Constitución del 1999

En el estado de crispación en que se encuentra nuestro país se entiende que las pasiones se desborden, pero no hay que perder el norte. Lo que queremos es que se pueda concretar un cambio político mediante un procedimiento constitucional, pacífico y electoral. Ello supone entender la complejidad de la situación, que implica mandar un mensaje de reencuentro a quienes están en la acera de enfrente.

Estamos ante una cúpula del poder que ha perdido todo escrúpulo para perpetuarse a cualquier precio, pero se ha encontrado con una ciudadanía que no se amilana ante una represión desbordada.

En esta lucha por rescatar los derechos ciudadanos y restituir la vigencia de la Constitución, el del voto entre ellos, no podemos perder de vista que las formas no son un detalle. Hay que cuidar hasta el infinito el carácter no violento de la protesta. Esa es su fuerza y en ella reside su contundencia y masificación. Prefigura la sociedad que queremos, el camino para la reconciliación y la reconstrucción de nuestro país sobre nuevas bases.

El acoso personal debe ser excluido de nuestra protesta. Por más rabia y dolor que tengamos en nuestros corazones, no podemos reproducir una suerte de “chavismo al revés”, sembrando odio y retaliación.

La ceguera de quienes acosan los lleva al absurdo de colocar como objetivo a alguien como Maripili Hernández, que ha estado reclamando la realización de las elecciones regionales, un cronograma electoral y el fin de la absurda política del control de cambios. En esta hora hay que abrirle los brazos a todos los que quieran contribuir al restablecimiento del hilo constitucional y a una salida negociada de la crisis política y económica. Nuestro guión y punto de encuentro es la Constitución del 1999.

No es con retaliación que vamos a lograr resarcir los daños que con los que la cúpula gobernante agrede al pueblo venezolano, será con la reconstrucción de instituciones que garanticen la justicia. No tomándola por nuestra propia mano. Que se sepa que nuestro propósito no es una cacería de brujas, que cuando haya que juzgar a alguien se le garantizará el debido proceso. Que lo que queremos es una Venezuela donde quepamos todos, conviviendo en sana paz con nuestras diferencias procesadas democráticamente.

Aunque llegará el tiempo de hacer justicia, la prioridad de nuestro país una vez logrado el cambio político no es la obsesión de ver unos personajes siniestros en el Tribunal de la Haya, será a no dudar atender lo más pronto posible el abastecimiento de comida y medicinas, la seguridad ciudadana, la promoción del empleo y la atención a los sectores más vulnerable mientras se retoma la senda del crecimiento económico.

Esta lucha por lograr un cambio político en paz es un proceso complejo donde cada iniciativa cumple su función, y no son excluyentes: la movilización pacífica en las calles, la organización de la gente, las iniciativas de nuestros parlamentarios, la conducción política asertiva, la defensa de la Constitución y del derecho al voto, la presión internacional, todo para que sea posible una negociación política que abra los caminos a un desenlace en paz.

Lo cortés no quita lo valiente. En esta hora la firmeza de nuestras convicciones y de nuestra acción no se puede divorciar de los valores y las formas de la sociedad a la que aspiramos, que no son el odio y la retaliación, sino el reencuentro de todos los venezolanos con variadas preferencias políticas, y la restauración institucional de la justicia, la equidad y la Constitución.

Este medio no se hace responsable por las opiniones emitidas por sus colaboradores
;