15 de diciembre 2017

Farsa aberrante

Nicolas Maduro-Constituyente

La Constituyente de Nicolás es una nueva trampa. Un fraude. Es otro “trapo rojo” que lanza para ver si los venezolanos mordemos el anzuelo. La Asamblea Nacional Constituyente de 1999 estableció que sólo el pueblo, mediante un referéndum convocatorio, puede solicitar una Constituyente

¿Caemos en la trampa de Maduro al discutir su Constituyente? El primero de Mayo, Nicolás lanzó la perlita: su decreto 2830, publicado en la Gaceta Oficial 6295, con el que nos anunciaba que convocaría una Asamblea Nacional Constituyente, de carácter “Comunal”, violando abiertamente lo que está establecido en la Carta Magna aprobada en 1999 por, entre otros, Hermann Escarrá, quien ahora le confiere a este decreto de Nicolás una justificación y base jurídica que no tiene; y que no es más que una aberración para proceder con un acto que está en contra de la soberanía del pueblo. Pueblo sobre el que recae la potestad de solicitarla.

Si en Venezuela existiese independencia de poderes, y los funcionarios actuaran apegados a las normas, a la moral y a la ética, no tendríamos por qué estar preocupándonos por una constituyente –que desde su lanzamiento está prostituida- porque simple y llanamente la Constitución del 99, esa que Chávez elogió tanto y de la que se jactó como la mejor y más robusta del mundo, establece los pasos que deben seguirse para que se realice. Y por ningún lado, ninguno de los artículos establece que es el Presidente, actuando como un vulgar dictadorzuelo que impone su voluntad -o sencillamente porque no le da la gana de entregar el poder- llama a una Asamblea Nacional Constituyente añadiendo, para más ñapa que, en el referendo de convocatoria, sólo participarán quienes él escoja. Es decir, su círculo más íntimo de allegados y afines. Sus secuaces. Sus cómplices en esta nueva y flagrante violación de la Constitución.

Mientras esto se discute en el Palacio de Miraflores y sus alrededores, las protestas de la ciudadanía siguen. Se versionan, cogen fuerza, se reinventan; pero, no cesan. Y, asimismo, las represiones brutales de los esbirros del régimen se acentúan, con saña y odio, azuzados desde el poder que los dirige. Aumentan los venezolanos heridos –algunos de mucha gravedad- y los detenidos, muchos de ellos ya con sentencia dictada. Y más triste aún, se incrementa la cifra de compatriotas asesinados en manos de la Guardia Nacional, paramilitares y colectivos amparados por el régimen.

Venezuela está en el clímax del caos - ¿caos qué a Nicolás le conviene? – pero que, a diferencia de otros años, estamos próximos a encaminarnos hacia un desenlace. O terminan de quitarse la careta y reconocer que es una dictadura; o permiten lo que los venezolanos estamos exigiendo: libertad y respeto a la Constitución. Algo tan sencillo como acatar lo que establece nuestra Carta Magna. Y digo que estamos cerca de un desenlace porque, en esta ocasión, las protestas están generando unas condiciones que son muy distintas. Los ojos del mundo, como nunca antes, están sobre Venezuela. Y si bien la salida de esta situación no depende de los organismos internacionales, su intervención, el hecho de que ahora nuestro país sea uno de los principales puntos de discusión en las asambleas y reuniones, es como la piedra en el zapato, que genera incomodidad y no se puede ignorar. Tengo la esperanza de que, en esta oportunidad, la presión internacional, unida a nuestras protestas, las de la sociedad civil, ayudarán a desatar el nudo gordiano que nos oprime en este momento.

Se acabó la petrochequera de Chávez que aflojaba un cheque tras otro comprando respaldos. Ya no es posible que el régimen le oculte al mundo lo que ocurre en Venezuela. Y tan conscientes y preocupados se muestran por nuestra situación que, los países vecinos –como Brasil y Colombia- están preparándose porque prevén una estampida de compatriotas, que atravesarán en oleadas las fronteras, pidiendo refugio. Y ninguna nación, por más humanitaria y solidaria que sea, está en capacidad de atender más allá de sus propios problemas.

Los venezolanos queremos, y las protestas lo demuestran, algo muy simple: que se respete y se cumpla la Constitución. Esta nueva farsa de Nicolás, rebuscada y retorcida, ha generado malestar hasta dentro de las filas del chavismo que, por obediencia al difunto, “respaldan a Nicolás”; pero sienten que, con este llamado a Constituyente, Maduro pretende “sepultar” el legado del insepulto; para implantar abiertamente su dictadura a la cubana. Ya no es sólo Luisa Ortega la que dice que en Venezuela se rompió el hilo constitucional. Hay mucho rojo-rojito que está marcando distancia de las órdenes del amo.

No cesaremos de protestar mientras cada día aparezca en el panorama político, social y económico venezolano, una nueva razón para alzar la voz y reclamar. Porque, no es sólo “la prostituyente” de Nicolás lo que caldea los ánimos y aumenta el rechazo hacia el régimen. Es todo: es el país irreconocible y descompuesto que han dejado a su paso estos 18 años de chavismo/madurismo.

La Constituyente de Nicolás es una nueva trampa. Un fraude. Es otro “trapo rojo” que lanza para ver si los venezolanos mordemos el anzuelo. La Asamblea Nacional Constituyente de 1999 estableció que sólo el pueblo, mediante un referéndum convocatorio, puede solicitar una Constituyente. Maduro podrá desearla, sugerirla; pero, el mecanismo legal, y la solicitud está en nuestras manos, en las de nosotros los venezolanos que creemos en la democracia. Así está establecido. Sin importar las justificaciones que fabrican hoy en día Escarrá, Jaua y compañía.

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Edición del 2017/10/26
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