21 de octubre 2017

El no a Maduro

No a la dictadura

Hemos pasado de una confrontación entre oposición y gobierno a un enfrentamiento entre una nación y una cúpula que usa la crisis para aumentar sus privilegios y enriquecimientos personales

Estamos frente a la aplicación violenta y desesperada de un plan para instaurar, en ruptura definitiva con la Constitución y la democracia, un sistema totalitario similar al de Cuba.

La primera fase de esa estrategia se agotó. El gobierno no puede satisfacer las necesidades de los sectores populares y la única respuesta a sus demandas es la represión.

En esta primera fase tuvo varios éxitos: 1. Ilusionar y controlar a la mayoría de la población, 2. Ganar, uno tras otro, frecuentes eventos electorales y usar esos triunfos para extender y afianzar su dominación, 3. Crear la sensación de una redistribución más justa de la renta, con programas sociales vitrina debido a la multiplicación del precio del petróleo, 4. Difundir una cultura de empoderamiento simbólico de los pobres contra los ricos, 5. Satanizar a la oposición e inducirla a la polarización, 6. Debilitar a las organizaciones sociales y de los trabajadores, fomentando un aparato paralelo, 7. La hazaña, inédita en la experiencia de la izquierda mundial de lograr colonizar y apoderarse pacíficamente, desde el Gobierno, a todos los poderes públicos y a las FAN.

Pero, la invasión del Estado para controlar todo el cuerpo social se encontró con varios escollos. Surgieron varias oposiciones. La primera, desde los partidos democráticos aún en medio de sus deficiencias y nadando contra la corriente. El movimiento estudiantil que desde las Universidades ha producido buena parte de los dirigentes de la oposición del asfalto. Los residuos en ciertos nichos de profesionales, en movimientos sociales, dirigentes de comunidades y ciudadanos comunes. Los empresarios actuaron con cautela, esquilmados por el fatal desempeño de sus representantes en el fracaso del golpe del 2002. Y finalmente la de sacerdotes, monjas, obispos, cardenales y movimientos laicos que forman a la iglesia católica de Venezuela.

Hoy el no del país a Maduro es tan rotundo que lo obliga a romper con la mejor constitución del mundo, el más preciado legado de Chávez y maniobrar para constitucionalizar su golpe y perpetuar a la maraña de intereses económicos ilegales que asaltó al Estado para obtener impunidad. Lo de la revolución es ya un escuálido pretexto.

Maduro no tiene escapatoria. Ni ninguno de los responsables por crímenes de lesa humanidad y lesa patria. Pero sus seguidores que aun hoy lo apoyan por convicciones y ajenos a delitos, tienen una responsabilidad y un lugar para participar en la creación de un nuevo país, donde podamos convivir pensando distinto. Es importante iniciar estos encuentros antes de una precipitación del fin del plan totalitario.

Hemos pasado de una confrontación entre oposición y gobierno a un enfrentamiento entre una nación y una cúpula que usa la crisis para aumentar sus privilegios y enriquecimientos personales.

La MUD pasó a ser de plataforma opositora a eje de una amplia y determinante resistencia general de la sociedad a una dictadura. Una sociedad cuyo costo de abandonar la protesta es infinito.

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Edición del 2017/10/19
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