24 de octubre 2017

La arepa sigue rodando

Arepa

Las razones del interés mundial por la arepa ¿a qué se debe? Mi tesis es que es producto de la migración forzada de millones de compatriotas que han debido buscar fuera de nuestras fronteras las oportunidades que aquí se les niegan

Trajo cola mi escrito de la semana pasada sobre la arepa en el mundo, al menos por los comentarios recibidos a través de las redes sociales. De todo tipo, desde si es de origen colombiano o venezolano, hasta poner en duda los motivos de la migración venezolana actual. Aprovecho entonces para puntualizar algunos hechos que requieren de mayor espacio para su interpretación.

Desde el río San Lorenzo en Canadá hasta el río Negro en la Patagonia el maíz era el principal ingrediente de la dieta diaria prehispánica. Se consumía transformado en comida elaborada de distintas maneras, desde tortillas hasta humitas, pero sólo en Venezuela adquirió la forma de arepa, voz cumanagota derivada de erepa que era como los indígenas del oriente venezolano llamaban al maíz y que luego se aplicó en todo el territorio para designar el pan que muchas veces no era acompañante de nada, sino la propia y única comida, tal como hacían las clases populares europeas con el pan de centeno, de cebada o de avena. La arepa era la comida.

Sobre la venezolanidad de la arepa no hay duda alguna, ya Fernández de Oviedo y Valdés daba cuenta en sus escritos que la arepa o erepa era del "dominio orinóquico de Venezuela", mientras en la costa ecuatoriana de Portoviejo lo comían en forma de "tortillas", según lo reconoce el historiador colombiano Víctor Manuel Patiño.

También en Colombia y en Panamá la arepa es importante (y diferente), no sólo por su consumo compartido, sino por alimentar a la Gran Colombia creada por Bolívar en 1819, dándole unidad alimentaria al nacimiento de esas naciones, hermanadas por el cordón umbilical de maíz, aunque cada una las prepare a su propio estilo.

Las razones del interés mundial por la arepa ¿a qué se debe? Mi tesis es que es producto de la migración forzada de millones de compatriotas que han debido buscar fuera de nuestras fronteras las oportunidades que aquí se les niegan. Un informe del Banco Mundial revela la cantidad en 521.620 emigrantes venezolanos para 2010.

Cifras de organismos no gubernamentales estiman que para 2015 el número se triplicó. Son más de dos millones de venezolanos los que han abandonado el país en los primeros tres lustros del siglo XXI y hoy se encuentran diseminados en los cinco continentes.

Se trata de una emigración selectiva formada en su mayoría por profesionales o grupos de posición económica estable, contrario a lo acontecido con grupos sociales de otros países latinoamericanos.

Muchos han debido dedicarse a tareas ajenas a su profesión y, con o sin experiencia, han encontrado en el negocio de la comida una buena manera de subsistir honestamente.

También profesionales de la cocina están trabajando en restaurantes y hoteles en diferentes partes del mundo, pero son más los ajenos al oficio quienes se han arriesgado con emprendimientos por cuenta propia.

Nuestra arepa ha comenzado a rodar por el mundo y es posible que dentro de algunos años sea referencia alimentaria obligada en muchas partes, tal como hicieron los emigrantes italianos con la pasta napolitana a partir de 1850, o los mexicanos recolectores de frutas que cruzaban el río Grande con su tacos y enchiladas, o los chinos que llegaron con sus lumpias a San Francisco en la época del oro.

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