21 de octubre 2017

La voz de Kees

Kees

Kees tenía voz, una llena de colores, trazos y escenas. Una que echaremos en falta en esta redacción

Con Kees se podía conversar. Un intercambio con él era toda una experiencia, pues los sentidos había que agudizarlos para entender, pero también para hacerse entender. Sordomudo desde siempre, nacido en Holanda y llegado a Caracas ya adulto, dialogar en español era una tarea exigente. Él lo sabía y hasta se reía con inocencia. Pero no dejaba de decir las cosas, como fuera. De dejar claro su opinión. De reclamar cuando quiso hacerlo. De agarrar rabietas y hasta de decir que No. Quizá esos momentos producían más ideas entre los interlocutores de las que ambos lograban captar, pero la síntesis era única, siempre en buen puerto. 

La genialidad de su trazo y su maestría con el color posiblemente eran consecuencia de entender al mundo a partir de las imágenes, sin banda sonora más que los propios pensamientos. Quién sabe en qué idioma los tendría. Desde afuera se veían los resultados, en cada ilustración, en cada sonrisa, en cada palmada pesada, en cada apretón de manos cual tenazas, en cada obra de este artista con quien tuvimos el privilegio de compartir espacios, ideas, risas y hasta confabulaciones editoriales.

A Venezuela llegó al frente de un barco de vela, que él mismo guiaba. Y en Caracas se quedó. Decía que era por el sol, ese calorcito tropical que los nacidos en esta tierra normalizamos hasta no tomarlo en cuenta y que él aprovechaba siempre en pantalones cortos. Eso lo convirtió en caraqueño, como defendió hasta el último día siempre, además, convencido de que el país enfrenta su peor momento. Con sus lápices y pinceles -vestigios de un arte perdido en era digital- lo fue retratando siempre. Y que no le dieran cuerda para afirmar que estamos en dictadura.

De su boca salían sonidos, palabras, fuertes, imponentes, sin medida del volúmen; como sus dibujos. Así llenaba los espacios de la redacción. Mudo pero parlanchín. Porque Kees tenía voz, una llena de colores, trazos y escenas. Una que echaremos en falta en esta redacción.

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Edición del 2017/10/19
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