18 de diciembre 2017

La humillante espera por una caja Clap

CLAP

En primera persona, una crónica en IV partes sobre el proceso que tienen que padecer los venezolanos para acceder a una bolsa de comida promocionada por el Gobierno

I

Lo previo. Todo comenzó aproximadamente el 14 de diciembre de 2016. Era miércoles. 3:00 pm. Por el grupo de chat del edificio informan que en la noche pasarán a buscar el dinero para el pago de los CLAP.

El primer problema. El pago de las bolsas de los CLAP en mi edificio se deben cancelar en efectivo antes de recibirlas, y por esos días de diciembre yo había depositado todos los billetes que me quedaban: el país estaba conmocionado por la decisión de Maduro de sacar de circulación los billetes de Bs. 100.

-¿Te puedo transferir?

-No. Debe ser en efectivo.

Un compañero de trabajo me prestó los Bs. 10.300 para pagar la bolsa que, habían prometido, venía con pernil para la cena navideña. Yo no lo creí, con este Gobierno no hay nada seguro. Pasó el 24 de diciembre y ya estábamos próximos a recibir el año nuevo cuando nos informaron que nos devolverían el dinero.

Era de esperarse, nuevamente el Gobierno baila, suelta su carcajada y se burla del pueblo como le da la gana. Lo único que pude comprar con esos Bs. 10.300 fue un pollo para no pasar por debajo de la mesa la despedida de un año nefasto y uno que viene lleno de esperanzas, porque estas no se deben perder.

 

II

Nuevamente el chat del edificio. Esta vez a inicios de febrero: “Esta noche pasamos a recoger el dinero porque vienen los CLAP”, leo.

De nuevo debo pedir prestado, nuevamente me agarra un día del mes donde la quincena ya se ha agotado. Solo de los CLAP es imposible vivir para mi familia. La gente dice “me dan” el CLAP. No, no los dan, los compramos, los pagamos.

Esta vez entrego el dinero en efectivo a otra persona que quedó encargada en la comunidad de hacer el acopio por familia. El chico que lo venía haciendo hasta ahora se fue del país con su familia.

Del día del pago ya van dos semanas. Los organizadores nos comentan su odisea para depositar el dinero: debía ser en una sede específica del Banco de Venezuela, donde ya han robado a otros voceros.

La historia que nos cuenta se resume así: el chico se fue primero para revisar la zona y entrar al banco a pedirle a alguien que le dé el número de cuenta; luego se va su suegra con dos vecinas más para que sean testigos. El dinero lo lleva una chica en moto que va con su padre. Nerviosa, entra al banco. Adentro –cuenta- se siente peor, había mucha gente y todos iban a cancelar el dinero de los CLAP de sus respectivos edificios. Se sienten inseguros, y hasta la Gerente de la institución le pide al vigilante que no deje entrar a nadie más que venga a pagar CLAP porque le tienen la agencia colapsada.

¿Por qué tenemos que someter a las personas a padecer esa angustia si cada quién puede hacer una transferencia o depositar en el banco y simplemente entregarles el recibo que constate que se hizo la transacción? ¿Por qué todo lo hacen tan complicado? No lo entiendo.

 

III

“Vecinos, estén alerta para cuando los llamemos. No sabemos hora, puede ser en la noche o en la madrugada, para que juntos vayamos al edificio de la Misión Vivienda cercano a buscar la caja”. Un nuevo mensaje del chat. Muchos vecinos no esperaron: se fueron a hacer vigilia frente al edificio en cuestión, pues no confían en manos de quien quedará su comida.

Yo me fui a casa a esperar. A las 10:00 pm nos piden que bajemos a la calle. Nos reunimos. Salimos juntos caminando. Me impacté al ver tanta gente cuando llegamos al edificio.

No podía creer que a esa hora de la noche estuviéramos allí esperando una caja de comida. Había adultos mayores con más de 80 años, los vi llorando sentados en las aceras con las manos en su rostro para no ser vistos, un llanto silencioso pero lleno de dolor y sentimiento. En eso, nos dieron las 2:00 de la madrugada.

La noche trajo los rumores. Se empezó a correr la voz que los que estaban adentro abrían las cajas y los productos no venían completos. Hubo nerviosismo y se empezó a notar el cansancio, la impotencia y la rabia. La gente empezó a gritar que no había derecho que nos tuvieran allí a esas horas de la madrugada, los del Consejo Comunal empezaron a discutir con los del CLAP. Observé una guerra de poderes, los primeros habían organizado a los voceros de cada edificio por orden de llegada, pero los CLAP querían obrar como les diera la gana. No había seguridad de ningún tipo, solo dos soldados que permanecían en el balcón, estuvimos muy expuestos a que nos pasara cualquier cosa.

Me dolió ver cuando entregaban las cajas y las personas de cada edificio salían en fila con ella en el hombro ¿Por qué estamos pasando por esto? ¿Por qué estoy aquí? Son las 2 de la madrugada y debo ir al trabajo en la mañana. Mamá, una anciana de 80 años me esperaba; le pedí por teléfono que se durmiera, que no pasaba nada, que todo estaba bien, pero ella sabe que esto… esto no está bien.

 

IV

Finalmente anuncian que llegó el turno de mi edificio para recibir las cajas del CLAP. Un total de 5 de nuestros vecinos se colocan en fila para empezar a lanzar las cajas, otros esperan abajo. A mí, junto a otras mujeres, nos corresponde contarlas, mientras unas señoras que estaban a mi lado gritaban que ellas eran 7 en su edificio y solo mujeres, que por qué no se las entregaban de una vez, que estaban solas, -yo seguía contando- ellas gritaban impotentes, la rabia las hacía gritar más duro y yo a su lado, ya oía como un aullido,

 

En la soledad de mi casa, mi anciana madre me esperaba con ojos llorosos. Esperé que se fuera a dormir, vi la caja, pero mis lágrimas no paraban de salir. La impotencia, el dolor y la rabia se apoderaron de mi ser, pensaba en mis 40 años ininterrumpidos de trabajo, y tener que salir a las 10 de la noche de mi hogar y regresar a las 3:00 de la madrugada con una caja de alimentos ¿Qué estoy haciendo? Me sentí humillada, vejada, violada.

Trabajo para poder comprar lo que desee, lo que pueda, cuando quiera y dónde quiera, como lo hacía antes. Lo que tengo ha sido por esfuerzo propio, y creo que a mi edad debería estar disfrutando de otras cosas maravillosas que tiene la vida y que este país ofrecía, los políticos con su egoísmo nos fueron acabando poco a poco, y este gobierno llegó a destruir todo lo que consiguió a su paso, la corrupción, el desamor de mucha gente han arruinado nuestro país. Soy una mujer de trabajo, no sé mendigar nada, si compro esta caja es porque la necesito, la pago y me corresponde por ser ciudadana de este país, pago mis impuestos en cada cosa que compro.

Mi señora madre vive conmigo, no tiene pensión a pesar de haberse inscrito tres veces, toma medicamentos y tengo que cubrir sus necesidades, no puedo comprar a los bachaqueros, creo que es corrupción y son personas que sencillamente también van en contra del pueblo trabajador y honesto, no puedo pagar los precios exorbitantes en los supermercados que tienen mercancías importadas, la inflación nos arropa y ningún salario es suficiente.

Los alimentos traídos por los CLAP son importados, después los embasan  en otro país, como  si aquí no hubiera gente que puede hacerlo y ganarse su sustento, –da mucho que pensar- esa noche la gente comentaba ¿quiénes se estarán llenando con esto? –sabemos quiénes- nos quieren tener como borregos, debo decir que éste dolor que siento no es por mí solamente, es por los ancianos que vi llorando, por la gente que salía como hormigas con la caja en sus hombros con su dignidad rota, por los que son chavistas, maduristas y opositores, por mis vecinos… porque nos están pisoteando, se están burlando de todos y nos están acabando, para mí, Dios está a cargo, no creo en nada más.

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