29 de marzo 2017

Panaderos y conspiradores

Pan

Todo parte de una premisa: el régimen es el dueño de los dólares y, por lo tanto de la harina. Entonces decide sobre el producto final, el pan, y todo lo que involucra el proceso de fabricación y distribución. Sólo falta decir cuándo y con qué se lo debe comer el consumidor

Sobre la fachada del que fue el hotel Ausonia, diagonal al palacio de Miraflores, todavía puede verse un curioso graffiti: una pieza de pan dibujada verticalmente y luciendo en su parte superior una especie de aletas como las de las bombas aéreas. La extravagante imagen la completa una consigna: “No uses el pan como arma”. Como difícilmente un alimento (que además apenas se consigue) pueda ser utilizado como arma por los consumidores, es obvio que el mensaje va dirigido contra quienes lo fabrican.

Son muchos los meses que lleva la pinta en la fachada de esa edificación, que hace un tiempo fue expropiada y convertida en fortín de la llamada Guardia de Honor, lo que de entrada revela que este régimen, que ha creado el mayor y más costoso aparataje comunicacional del que se tengan conocimiento, no renuncia ni a las más elementales herramientas de propaganda, ni siquiera esa que va dirigida a los transeúntes. Que la oposición tome nota.

En segundo lugar llama la atención que la pieza comunicacional no haya sido extendida a otras zonas del centro de Caracas. Debe ser porque el alcalde psiquiatra no ha dejado ni una cuarta de pared libre con otras imágenes híbridas dedicadas a Obama, Ramos Allup, Dólar Today o cualquier adversario de moda, o solamente para proclamar que el casco histórico es para uso exclusivo del chavismo.

Lo cierto es que la andanada dominical de Maduro contra los panaderos, las amenazas y anuncios de operativos que ya están dejando su saldo de panaderías intervenidas, decomiso de mercancía y criminalización de sus dueños tiene antecedentes de vieja data. Viene siendo madurada, valga la redundancia, diseñada y afinada desde hace mucho tiempo en la continuación de la perversa estratagema con la cual el régimen culpabiliza a las víctimas de sus equivocadas y absurdas políticas.

El agregado que ha traído la nueva embestida es, por una parte, el “despliegue” en el que entran en acción conjuntamente el Sundae, la milicia, los CLAP y las UBCH, como expresión de esa mescolanza siniestra que ha hecho el chavismo del Estado, el gobierno, el partido y la revolución en los más variados ámbitos y que ha tenido una acción devastadora en el entramado y funcionamiento institucional del país.

Por otro lado, la “conspiración” y el “sabotaje”, porque eso y no otra cosa es lo que para el gobierno está ocurriendo con la escasez de pan, será enfrentado instructivo en mano para intervenir hasta en la más mínima decisión de los panaderos puertas adentro de sus negocios: qué clases de pan pueden fabricar, el precio, desde qué hora lo pueden vender, cómo van a atender al público, cuanta harina pueden almacenar, en qué estado se encuentran los equipos, cuánto personal trabaja, verificación de facturas y la prohibición expresa, oh pecado capital, de prestarse sacos de harina entre panaderías.

Todo parte de una premisa: el régimen es el dueño de los dólares y, por lo tanto de la harina. Entonces decide sobre el producto final, el pan, y todo lo que involucra el proceso de fabricación y distribución. Sólo falta decir cuándo y con qué se lo debe comer el consumidor.

Tras el anuncio de las medidas, viene la consabida amenaza de “ocupación temporal” de las panaderías y, eventualmente, la entrega a los CLAP. Estigmatización, criminalización y atropello mediante la siembra del terror y el abuso del poder, la senda por la que continúa la destrucción de Venezuela y el hundimiento de sus ciudadanos en la zozobra y la desesperación.

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