29 de marzo 2017

Ideología roja hasta en la sopa

Aquí no se habla mal de Chávez

El despliegue de propaganda oficialista en medios de comunicación y entes públicos es aberrante e indignante

Esta semana me tocó hacer un tedioso trámite en Corpoelec y encontré el estímulo perfecto para venir aquí luego de leer un recuadro, perfectamente centrado bajo una imagen de Chávez, que prohibía hablar mal del susodicho en esa oficina.

Literalmente, lo juro, el letrerito bajo la foto dice que “En esta oficina no se habla mal de Chávez” (aunque se curan en salud al no exhibir fotos de Maduro porque a ese si es verdad que no lo salva ni la virgen María de los improperios que desataría la rabia represada entre los desatendidos por su gobierno.)

En el piso 3 del INAC en Caracas, Torre Británica, Altamira, se invierte la relación de la exaltación personalista: en esa recepción hay 6 retratos del presidente actual tratando de magnificar su “obra de gobierno” (foto con Cilia Flores incluida), mientras a Chávez “apenas lo recuerdan” en dos imágenes de un tamaño más reducido.

Resulta cuando menos indignante esa exaltación de personalismos, otra aberración de abusos de poder, la reiterada manifestación de propaganda en entes públicos, reforzada por sistemáticas campañas en prensa escrita, radio y televisión donde se trata de convencer, estilo Goebbles, que el Reich de “la V” es el mejor sistema político del planeta. Basura. La cruda realidad lo desmiente, con hechos ciertos y palpables, día a día.

Probablemente nuestros mecanismos de defensa nos ayudan a bloquear esa basura propagandística e ignorar su presencia. A ratos uno “se hace el loco” de que está allí pero es fuerte recorrer el pasillo de un ministerio o algún ente público y sentir que se está atravesando una suerte de panteón nacional realizado en serie, en lugar de simples oficinas.

Ni hablar de la ideologización dentro del sistema educativo. De sobra conocemos las barbaridades que han incorporado los genios del socialismo a cualquier materia susceptible de mentirillas históricas, mentiras rojas –que no blancas- cuyas consecuencias son unos inocentes loros que en muchos casos terminarán repitiendo sandeces pseudorevolucionarias.

Lo de hoy es breve para no aburrir: estoy tan harto de esta gente como de sus despliegues propagandísticos. Esta semana el malestar me lo disparó el culto a los personalismos pero por donde uno busque un tema para criticar lo va a encontrar. Fíjense que ni siquiera estoy llegando a otros más sensibles como delincuencia, economía, inflación, desabastecimiento, etc. Parece que más les importa cultivar una imagen –basada en engaños- que en enfrentar y solucionar los verdaderos males que aquejan a nuestra sociedad.

Volviendo a lo de las fotos hoy aprovecharé para recrear cualquiera de ellas, la que usted prefiera, para pedirle que me acompañe en un ejercicio sencillo: piense qué le diría al reverendo hijo de Barinas, por ejemplo, si tuviese la oportunidad de tener aunque fuese una breve plática con él. (En mi caso confieso que sería visceral y que me costaría ordenar los reproches que le quisiera recitar para “agradecerle” el tiempo y los recursos perdidos durante las casi dos décadas que llevamos en el sistema actual.)

Me contengo, vuelvo a ser mesurado y culmino con una vuelta retórica al letrerito de Corpoelec: en esta cuartilla no se habla mal de Chávez. Descansa en paz galáctico. Con Nico y su narcogobierno tenemos suficiente material para entregas venideras. Hágame caso y piense por un momento: ¿qué le diría usted a Maduro si tuviese la oportunidad de charlar con él?

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