12 de diciembre 2017

Tiempos de resistencia

TSJ y Maduro

Maduro gobierna a discreción amparado en los ilegales decretos de Estado de Excepción y Emergencia económica –suerte de patentes de Corso- otorgadas por un TSJ servil y ajeno al Estado de Derecho y por el apoyo de las bayonetas

Venezuela entra en el 2017 padeciendo una crisis sistémica, suerte de tormenta perfecta que lejos de amainar recrudece por el empeño de quienes gobiernan de persistir en el mismo modelo causante de la misma.

La respuesta del chavismo a la necesidad y deseos mayoritarios de cambio ha sido terminar de acabar con la democracia dando un golpe de Estado, cancelando toda salida democrática a la crisis política.

Maduro gobierna a discreción amparado en los ilegales decretos de Estado de Excepción y Emergencia económica –suerte de patentes de Corso- otorgadas por un TSJ servil y ajeno al Estado de Derecho y por el apoyo de las bayonetas.

El reciente cambio de gabinete muestra la radicalización del régimen y su indisimulada disposición de hacer todo lo necesario para asegurar el continuismo.

La Constitución Nacional es letra muerta, aunque no está formalmente derogada, en la práctica no es observada por quien tiene como primer mandato “cumplirla y hacerla cumplir”.

Frente a este panorama las fuerzas democráticas deben asumir que las cosas serán más complicadas y riesgosas. Ahora se trata de resistir y derrotar una dictadura.

Lo cual supone fortalecer la unidad opositora, transformándola en un frente nacional que convoque y contenga a todos aquellos sectores políticos y sociales partidarios de restituir la vigencia de la Constitución Nacional.

Denunciar ante el país y el mundo la condición dictatorial del gobierno chavista, lo cual es clave para fortalecer en la comunidad internacional la preocupación por el destino de Venezuela y la presión por el cambio.

Convocar, promover y acompañar todas las luchas de los venezolanos por sus derechos y reivindicaciones políticas, civiles y sociales.

Asumir el tema del diálogo sin complejos, lo que significa desechar la idea de que conversar con el régimen es una traición o el único recurso para resolver los problemas del país. Pero no desechar ese mecanismo como vía de un eventual entendimiento a favor de una salida pactada. En ese sentido, hay que exigir a los facilitadores la creación de un escenario y un formato distinto al anterior que haga posible arribar a unas conversaciones con resultados constructivos. Mientras no se garanticen esas demandas no debe reponerse la mesa de diálogo.

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