16 de diciembre 2017

Nadie nos habla del “oro azul”

coltan

La AN debiera interesarse en el caso y averiguar al menos a dónde va el coltán venezolano en un mercado continuamente en alza y con el petróleo de capa caída. El Minbam y sus 15.000 militares debieran saber perfectamente quién, dónde, cómo y cuánto mineral se extrae, y qué se hace con tan lucrativa “cosecha” de ese mineral
El 16 de marzo de 2010, hace exactamente seis años, el Correo del Orinoco informaba que según el Ministerio de Industrias Básicas y Minería (Minbam), el gobierno estaba implementando proyectos de desarrollo integral, para la extracción y comercialización de un mineral estratégico recién descubierto al sur del Orinoco en los estados Bolívar y Amazonas, su nombre: Coltán. En ese tiempo las reservas estaban estimadas en 100.000 millones de dólares, según dijo el presidente venezolano, y apenas se iniciaba la prospección.
El plan de explotación, adelantado por el Minbam, consideraba la creación de una empresa nacional de minerales estratégicos para su aprovechamiento, que ya entonces se “bachaqueaba” vía Colombia hacia Estados Unidos. Para evitar esto, el Presidente ordenó una amplia operación militar, desplegando más de 15 mil efectivos de la Guardia Nacional, el Ejército y la Armada en la zona fronteriza con Colombia donde se hallaban los yacimientos. Las autoridades venezolanas adelantaron también que la extracción del Coltán estaría operada por una minería sustentable, y velando por la rectificación del deterioro ambiental que la actividad pudiera ocasionar.
Han pasado seis años y excepto los expertos en la materia, que imagino estarán al tanto, nadie menciona para nada el asunto del coltán; muchos pensarán que para qué, ¿tan importante es? Pues sí, el asunto del coltán es dramáticamente importante. Por el control de su extracción ha habido dos guerras terribles entre países africanos que han costado más de seis millones de muertos. Así que la curiosidad me ha llevado a indagar sobre ese mineral del que desconozco casi todo.
El coltán no es realmente ningún mineral establecido. Es un término que no se utiliza en el lenguaje científico y que responde a la contracción de dos minerales bien conocidos: la columbita, óxido de niobio, con la tantalita, óxido de tántalo; son escasos en la naturaleza, y un claro ejemplo de cómo el avance tecnológico contribuye a que materiales considerados simples curiosidades mineralógicas sean cruciales debido a novísimas aplicaciones.
De esos minerales se extrae el tantalio y el niobio, utilizados en distintas industrias de aparatos eléctricos, centrales atómicas, misiles, fibra óptica y otros, aunque la mayor parte de la producción se destina a la elaboración de condensadores y otras partes micrométricas sustituyendo ventajosamente al sílice. El coltán resulta hoy día esencial para el desarrollo de las nuevas tecnologías. Es vital, sobre todo, para la industria aeroespacial y de telecomunicaciones, pero también para tecnología militar, ordenadores portátiles, teléfonos móviles y armas inteligentes, minúsculos lentes de cámaras digitales, videojuegos, satélites, estaciones y vehículos espaciales, industria aeroespacial, levitación magnética, aceleradores de partículas, trenes magnéticos y un largo etc. Para fabricar todo eso y mucho más se necesita coltán, que incluso es utilizado en cirugía de implantes. Por eso no resulta extraño que en los últimos 10 años el coltán se haya convertido en el objetivo estratégico para la mayoría de las compañías de explotación minera.
El coltán también es imprescindible, por ejemplo, para formar aleación con el acero en los oleoductos; se aplica en la construcción de baterías cada vez más pequeñas, permitiendo que su carga dure mucho más tiempo. Como anécdota, en su día la compañía japonesa Sony tuvo que aplazar varios meses el lanzamiento de su PlayStation 2 por no disponer de coltán.
Entre Brasil, Colombia y Venezuela ha surgido un mercado negro de coltán en las selvas amazónicas, que cubren la zona fronteriza. En las dos últimas la mayor parte de la minería del coltán es ilegal, sin embargo, los mineros y los compradores a pequeña escala son abundantes. El coltán venezolano se vende en todo el mundo, incluso a través de Internet. Autoridades colombianas y activistas de derechos humanos dicen que la minería ilegal de coltán alimenta una de las mayores redes de contrabando a cargo de paramilitares armados y narcotraficantes.
Por otro lado el pasado presidente informó que empresas de China, Rusia y Canadá estarían participando en un consorcio estatal para le extracción de coltán, sin embargo entre el descuido u omisión oficial no existe información verificable. Hay determinadas multinacionales que, como grandes compradoras de este mineral, no están interesadas en que los conflictos sociales derivados de la extracción del mineral, y su dudosa legalidad, sean aireados en los medios de comunicación.
Es mucho más rentable adquirir a precio de gallina flaca y transportar una tonelada de coltán, que cabe en una camioneta pickup, que 14.000 barriles de petróleo. Ambos se venden por 400.000 dólares en los mercados internacionales. Venezuela está entre los 10 mayores productores del súper estratégico mineral, y según los que saben, contando con unas reservas inmensas de coltán aún sin terminar de cuantificar. Lo verdaderamente llamativo, aunque no sorprenda, es que el Estado venezolano no aporte ninguna información sobre el asunto.
Pienso que la AN debiera interesarse en el caso y averiguar al menos a dónde va el coltán venezolano en un mercado continuamente en alza y con el petróleo de capa caída. El Minbam y sus 15.000 militares debieran saber perfectamente quién, dónde, cómo y cuánto mineral se extrae, y qué se hace con tan lucrativa “cosecha” de ese mineral conocido internacionalmente como “oro azul”, ese del que nadie nos habla.
Sin embargo mientras el Gobierno guarda un ensordecedor silencio sobre las nuevas reglas, si es que hay, para los buscadores del oro azul, las patrullas de la zona, tan magníficamente entrenadas y pertrechadas en los desfiles, no han logrado frenar, ni un poco, el contrabando de coltán.
En fin señores, la mesa con el guiso está servida.
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Edición del 2017/11/02
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