12 de diciembre 2017

Esas emboscadas de la vida

Ernesto González-UCV

La vida nos tendió una emboscada y se nos llevó a Ernesto González, un científico de la salud que terminó navegando en las corrientes turbulentas de las ciencias sociales, haciendo carne su verbo interdisciplinario. Venido de los andes peruanos recaló en nuestro país para hacerse investigador y docente, más tarde autoridad universitaria, un vice-rector académico de la UCV

A Ocarina

No sé si tenía razón mi mamá en su versos juveniles cuando escribía que las viudas lo que necesitan no es consuelo sino resignación, guardándose para sí todos los sentimientos y momentos vividos con su ser querido. Pero de que duele, duele, y mucho. Si el dolor y la tristeza nos embarga cuando un amigo muere, cómo no será para quien lleva el pálpito de la vida cotidiana de su compañero del día a día.

La vida nos tendió una emboscada y se nos llevó a Ernesto González, un científico de la salud que terminó navegando en las corrientes turbulentas de las ciencias sociales, haciendo carne su verbo interdisciplinario. Venido de los andes peruanos recaló en nuestro país para hacerse investigador y docente, más tarde autoridad universitaria, un vice-rector académico de la UCV que supo conjugar la fortalezas de la continuidad de la universidad autónoma con la necesidad de su innovación, que no puede esperar, como lo demostró durante su gestión. Esos aprendizajes los repartió más tarde por otros lares del continente desde el instituto latinoamericano de educación superior de la Unesco.

Se nos fue también ese amigo lleno de bondad y buena conversación que gozamos quienes tuvimos el privilegio de estar en la atmósfera donde se abatían las cortinas de la formalidad para compartirlas pequeñas reuniones, en medio de la degustación de la cocina de diferentes latitudes.

Saber gastronómico que Ocarina y Ernesto convirtieron en la cátedra universitaria Antropología de los sabores donde han explorado los vasos comunicantes entre cultura y alimentación.

Como si no fuera duro perder un ser querido, en nuestro país de estos tiempos turbulentos ya sabemos que se agrega la angustia por todos los obstáculos que hay que vencer en medio de limitaciones de medicamentos y tratamientos, que transforman todo evento médico en un reto lleno de desasosiego, todo lo cual nos hace sentirnos que es más que una metáfora la emboscada que nos arrebató a Ernesto.

No hay vuelta de hoja, no sirve saber de la gravedad de la enfermedad, cuando llega el desenlace nos deja impotentes y sin palabras. Sólo vale abrazarnos para continuar la vida, guardando todo lo que nos regaló el destino gracias a ese buen amigo, valga la redundancia.

Ya no tendremos a quién preguntarle los secretos peruanos del ceviche con rocoto o degustar esos tiraditos con los que nos deleitaba a los amigos, pero nadie nos quita ese regalo lleno de sabor y sentimientos que Ernesto nos dejó, así como todas esas jornadas llenas de empeño incansable por pensar y actuar por una universidad y un país que supere la penumbra actual e ilumine un nuevo amanecer para su gente, donde con más sosiego podamos reírnos de todo lo bueno que nos legó este regalo de la vida que fue tener a Ernesto con nosotros.

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