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Blogs | Coordenadas  | 09/02/2010 10:34:26 a.m.
Valdés y sus contextos
Sobran elementos para probar que la más reciente visita de Ramiro Valdés representa, incuestionablemente, la visita de un político extranjero a Venezuela que más intenso y diversificado interés haya despertado en nuestra historia reciente, por no decir, simple y llanamente, en toda nuestra historia.
Por: Oswaldo Barreto
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Sobran elementos para probar que la más reciente visita de Ramiro Valdés representa, incuestionablemente, la visita de un político extranjero a Venezuela que más intenso y diversificado interés haya despertado en nuestra historia reciente, por no decir, simple y llanamente, en toda nuestra historia.

Ni las repetidas visitas de políticos de igual o de mayor jerarquía formal que la suya, ni sus propias y conocidas visitas anteriores provocaron una reacción tan inmediata y de tal envergadura. Viva reacción que impacta, no solo por su intensidad, sino por la heterogeneidad de sus manifestaciones.

Ya no estamos sólo, como es usual en este género de acontecimientos, ante los análisis de los formadores de opinión en los medios de comunicación o ante las declaraciones de partidos y asociaciones políticas. La visita de Valdés, en efecto, alimenta todo género de diálogo, desde las conversaciones en vivo más íntimas y familiares, hasta las que se dan en la infinita gama de encuentros que propician celulares y computadoras.

Súbito y masivo interés que cobra aún mayor importancia en el plano de nuestra vida política cuando tomamos conciencia de su más inmediato resultado: un personaje cuya hoja de vida y actual desempeño apenas si era conocido hasta ayer nomás por los que se ocupan de historia de Cuba o de historia de las revoluciones, hoy se le discute en las escuelas, en los cafés y en los medios de transporte.


SUS CIRCUNSTANCIAS , QUE
SON TAMBIÉN LAS NUESTRAS
¿A qué se debe este repentino y singular cambio en nuestra mentalidad colectiva? Los títulos de algunos de los textos donde se analiza, se comenta o se toma partido sobre esta visita y su sentido nos hacen ver que Ramiro Valdés es ya un personaje que no necesita presentación. Así, el editorial de Teodoro Petkoff en TalCual de ayer es perfecta- mente claro en su imprecisión: "¿A qué vino?" Y el título que lleva la sagaz encuesta que, al voleo, realizara el semanario La Razón, en la ca- lle, da por sentado que cualquiera sea el interlocutor, el personaje le es conocido: "¿Qué busca Valdés? Pero cuando entramos en los textos respectivos, como en los muchos otros textos que hemos podido leer sobre Valdés, nos damos cuenta que lo que más ha despertado atención, o mejor, que el interés mayor que despierta esta nueva visita de Valdés, no emana tanto de su personalidad (que a la mayoría de la gente le puede ser perfectamente desconocida), como del contexto económico y geopolítico en que se da su visita. No es tanto Ramiro Valdés quien nos inquieta, sino para decirlo con famosos términos, lo que nos inquieta son las circunstancias actuales de Ramiro Valdés, que, en estos tiempos de crisis y de amazas ciertas de una escasez generalizada, son también las nuestras, las de todos los venezolanos.


UNA MISIÓN DISTINTA
Porque ésta no es la primera vez que Ramiro Valdés es huésped de la "revolución bolivariana". Hay quienes sostienen que en más de una ocasión y de manera secreta el compañero de los Castro desde la época del Moncada y de la Sierra Maestra, el altísimo y casi permanente funcionario del Estado fidelista, ha estado entre nosotros.

Pero, en todo caso, de manera publica, solemne incluso, Ramiro Valdés estuvo entre nosotros. Vino a cumplir con toda transparencia una misión solemne: festejar en el Panteón Nacional el 50 aniversario de la Revolución Cubana, el 10 de enero de 2009.

Viendo retrospectivamente esta visita, esto es, desde la perspectiva que nos da esta nueva visita, no podemos menos de constatar, la escasa importancia que la opinión pública, tanto de orientación oficialista como de oposición, acordaron a la presencia de Valdés en el más importante lugar sacralizado de la nación. Y era, sin embargo, el mismo Valdés, con los mismos atributos que hoy se le señalan como sus principales características: el organizador del terror como método político para imponer un sistema de privaciones materiales y espirituales.

El hombre que ha dominado la reacción popular a la escasez y a la vigencia del racionamiento, el que ha dominado toda actitud ante la revolución que no sea una "actitud dentro de la revolución"; el hombre que ha castigado toda disidencia dentro del régimen, sin piedad y sin límites. Pero es que a nadie se le podía ocurrir que Valdés venía en misión de ejercer esos sus dones en nuestra sociedad, de ilustrar al chavismo en las endemoniadas artes que fue desarrollando en Cuba a lo largo de esa revolución cuyo 50 aniversario venía a celebrar.

Y esta ausencia de una encrespada reacción como la de ahora se debe a que Ramiro Valdés venía a Venezuela a ilustrar a los venezolanos sobre lo que era la esencia de esa revolución que, sin tomar en cuenta la voluntad del pueblo cubano, contaba ya 50 años "Nuestra generación, en uno de los momentos más oscuros encontró en Fidel Castro, esa luz salvadora. En Fidel sobre todo, hallamos la capacidad de ver mejor y más lejos que todos los demás. Lo había dicho Marti con admirable agudeza, refiriéndose precisamente a Bolivar: `No es que los hombres hacen pueblos, sino que los pueblos en su hora de génesis, suelen ponerse vibrantes y triunfadores en un hombre’. Son palabras escritas hace más de un siglo, que parecen hablarnos en esta época de Fidel y de Chávez" (Discurso de Ramiro Valdés en el Panteón de Venezuela).

Y esa terrible y pedestre identificación de la revolución con la voluntad de un individuo que es el fundamento mismo, la base ideológica de las más abyectas tiranías, pudo pasar sin una gran reacción de la opinión venezolana, porque la realidad venezolana, la realidad de la sociedad venezolana de entonces, nos hacía pensar en todo, menos en que también nosotros iríamos a conocer una situación donde esa misma ideología podía promoverse e imponerse, a punta de terror y de miedo. Las circunstancias de Ramiro Valdés, su pasado, sus métodos, en nada se identificaba con las circunstancias en que nos desenvolvíamos.

Ahora, bien lo sabe Valdés y lo saben los Castro y Hugo Chávez, las circunstancias son otras: el fantasma de la escasez en todos los planos de la vida material y espiritual nos acechan. Valdés vino a decirle a Chávez que cuente con él en estos años de penuria y a decirnos quien le tengamos miedo. Todos, desde la oposición hasta los militantes chavistas. El y ellos­ creen tener los secretos para dominarnos.


 
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