Un fantasma está recorriendo Estados Unidos: el fantasma de una derecha rabiosa que cuenta con fuerte respaldo del opositor partido Republicano, aunque dice estar harta de los partidos políticos.
Esa derecha es conocida como el movimiento Tea Party, en alusión a las protestas de los colonos norteamericanos contra las autoridades británicas que intentaron cobrar un impuesto al té, y que para muchos marcó el inicio de la Revolución.
Anti-establishment, anti-inmigrante, y exhibiendo tonalidades racistas, el Tea Party cuenta con fondos inagotables de muchas corporaciones y multimillonarios.
Su propósito es alterar el espectro político en Washington. Ya ha demostrado su poder al ofrecer respaldo y fondos a Scott Brown, quien propinó a los demócratas una derrota estratégica de enorme importancia al conquistar la banca en el Senado que había quedado vacante en Massachusetts tras el fallecimiento de Edward Kennedy.
Esa banca era todo lo que necesitaban los republicanos para acabar con la super mayoría demócrata de 60 votos en el Senado. Gracias a Brown, el "senador 41º" de los republicanos, el partido opositor podrá bloquear la más importante iniciativa del presidente Barack Obama: la de la reforma de las leyes sobre atención a la salud.
Por cierto, uno de los lemas favoritos del Tea Party, cuando Kennedy vivía y era el campeón de ese proyecto de reformas, era el de “Bury Obamacare with Kennedy”. Una traducción no literal sería "Entierren el plan de salud de Obama junto con Kennedy".
El macabro lema se cumplió. La muerte de Kennedy, y su reemplazo por Brown, sirvió para enterrar el plan. No hay un solo demócrata, más allá de Obama, que crea que el plan de salud será resucitado, especialmente este año, cuando se realizarán elecciones en que estarán en juego los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 36 de las 100 bancas en el Senado, además de 38 gobernaciones. El plan es muy impopular, y los demócratas saben que si lo apoyan sellan su derrota.
La marcha sobre Washington
En diciembre de 1773, estalló en Boston, Massachusetts, la llamada "Revolución del Té". Miles de colonos se oponían a un impuesto al té decidido por las autoridades británicas sin su consentimiento, y lanzaron el lema de "No taxation without representation".
Si las autoridades coloniales querían fijar nuevos impuestos, decían los colonos, pues deberían consultar a los afectados. Para demostrar su enojo, un grupo de colonos norteamericanos abordó tres buques destinados a Gran Bretaña, en cuyas bodegas iban 342 arcones cargados con té, y los arrojaron a la bahía de Boston.
El Tea Party de la actualidad ha intentado evocar lemas y temas similares a los de los padres fundadores de Estados Unidos. Aunque sus activistas estuvieron presentes durante el 2009 en muchos actos donde se proclamó la oposición al programa de reforma de la atención a la salud, y se criticaron los planes de rescate de bancos y de fábricas, o los planes de asistencia a propietarios de viviendas con dificultades para repagar sus hipotecas, su lanzamiento real ocurrió el 12 de septiembre de 2009.
Exactamente un día después del aniversario de la destrucción de las Torres Gemelas, y de manera sorpresiva, decenas de miles de personas se congregaron en Washington, D.C., para protestar contra el gobierno, contra su política económica, contra su plan de seguro de salud, contra los indocumentados, y especialmente contra Obama.
El movimiento parece ser para blancos solamente. El periodista Michael Tomasky dijo en The New York Review of Books que 98% de los manifestantes que observó ese día en Washington eran blancos.
En un país que se enorgullece de ser "un crisol de razas", la ausencia de hispanos, que representan un 15,1 por ciento de la población de Estados Unidos (45,5 millones de un total de 301,6 millones de habitantes) o de afro-americanos, la segunda minoría más importante, con 40,7 millones de personas, muestra la tendencia racista del Tea Party.
Hay unas 30 organizaciones de ultraderecha que respaldan el movimiento. La principal es FreedoomWorks, una corporación de cabilderos financiada en parte por el multimillonario Steve Forbes y liderada por el ex legislador republicano Dick Armey, de Texas. Fox News Channel, el canal de televisión de la derecha rabiosa, ha divulgado de manera abundante las acciones del Tea Party.
Y si bien la ideología que anima al movimiento es similar a la de otros grupos populistas de derecha, que exigen limitar las tareas del gobierno federal y se oponen al rescate de los bancos, al rescate de la industria automotriz, al aborto, a la reforma del programa de salud, a la inmigración ilegal y al déficit fiscal, hay tres elementos que lo distinguen: una espontaneidad rigurosamente orquestada, una inagotable provisión de fondos y su influencia en sectores llamados independientes.
FreedomWorks, la principal patrocinante de los Tea Party, se ha especializado en crear grupos de protesta que si bien parecen ser organizaciones de base, "en realidad encubren el respaldo de corporaciones", dijo el periodista Tomasky. Durante el gobierno de George W. Bush, se intentó promover la privatización de la Seguridad Social.
El propósito era que también las corporaciones pudieran jugar a la bolsa con los fondos de pensiones. Hubo un inmenso alarido de protesta de numerosos grupos de defensa de los jubilados.
Para contrarrestarlo, los republicanos convocaron a actos en que personas comunes y corrientes exaltaban el plan de Bush. En una ocasión, una mujer que se identificó ante las cámaras de televisión como una madre común y corriente de Iowa elogió el plan de Bush.
Poco después se reveló que la sencilla mujer era directora de FreedomWorks en Iowa, y ganaba un sueldo varias veces superior al de cualquier madre común y corriente.
Un avance hasta ahora incontenible
Es siempre más fácil hacer avanzar una causa si sus promotores aparecen como representantes de una genuina indignación popular que como ejecutivos de corporaciones. Y hasta ahora, el movimiento del Tea Party ha logrado eludir el escrutinio público y sigue avanzando.
La última demostración de su fuerza fue en Massachussetts, donde el republicano Brown derrotó en enero de 2010 a la demócrata Martha Coakley con consignas y el apoyo de muchos activistas de la derecha republicana. Pero sin el sector independiente, Scott no hubiera triunfado.
Y ese sector, que en las elecciones presidenciales de 2008 dio el triunfo a Obama, en esta última ocasión se inclinó por Brown. El viraje de los independientes hacia la derecha es atribuido en buena parte a las protestas contra el proyecto de reforma de la atención a la salud lideradas por el Tea Party.
A mediados de agosto de 2009, una encuesta del periódico USA Today determinó que los independientes, por un margen de 35% a 16%, expresaban su simpatía por esas protestas. Las elecciones de noviembre de 2010 podrían marcar otra cresta en la popularidad de ese movimiento en parte genuino, en parte financiado por corporaciones y multimillonarios.