No es un edificio derruido como consecuencia del deslave producido en el estado Vargas en 1999. Tampoco una foto de alguna edificación afectada por el terremoto que sufrió Caracas en 1967.
Es algo mucho más cercano y actual. Se trata de los baños del Hospital de Lídice, sacrificados por la desidia oficial.
Esta “revolución” que pregona a los cuatro vientos su preocupación por los pobres, mantiene en pésimo estado los hospitales de la capital, a pesar de que la Asamblea Nacional aprobó grandes sumas de dinero para su refacción.
Esta foto explica por qué los trabajadores del sector salud exigen que en su contratación colectiva se incluya un seguro médico privado.
Ellos mejor que nadie conocen las carencias que vive el sistema público de salud. La verborrea presidencial no cura sus males.