El Partido Socialista Unificado de Venezuela está a punto de largarse los pantalones como organización capaz de asumir y realizar la labor que le impondrá la condición que tratará de definir este Congreso, calificado expresamente de “Congreso ideológico”.
Estamos, para decirlo con palabras menos solemnes, ante la apertura del primer Congreso de una organización que desde su nacimiento ha pretendido ser un partido con vocación socialista y revolucionaria.
Desde el momento mismo tuvimos la certeza de que estábamos ante un acontecimiento que entrará incuestionablemente en la historia de los partidos políticos, particularmente en la riquísima y tormentosa historia de los partidos socialistas revolucionarios.
Y se nos hacía evidente que ingresará en la historia no con los comunes atributos que suelen adjudicarse a los Congresos después de realizados, sino con títulos únicos y adquiridos desde antes de que se realice la primera sesión.
Sucede que el PSUV, a pesar de compartir el mismo bagaje ideológico y la misma orientación revolucionaria con otros partidos que han existido o existen en el mundo, se halla, sin embargo, en una condición única.
El PSUV es el Partido del Gobierno, pero quien gobierna en Venezuela, no es el Partido, como sucedía en la URSS o en China, incluso cuando en los respectivos gobiernos y partidos de esos países imperaba de manera absoluta una sola persona: Stalin y Mao gobernaban “en representación” del Partido Comunista.
Por otra parte, el PSUV, a pesar de ser un partido chapado a lo marxista-leninista, no es partido único, sino un partido más. Sus resoluciones y acuerdos no serán actos de gobierno (como lo eran en China y en URSS) y sólo repercutirán en la vida de los militantes y simpatizantes del partido, como sucede con todos los partidos comunistas que funcionan dentro de un sistema pluripartidista.
Pero no serán éstas las únicas singularidades de este Congreso. Hay dos más y de peso. La primera la puso en evidencia nuestro colega de Tal Cual, Ernesto Campo, cuando en su reportaje Congreso con tropiezos (T.C, 16-11-09), puso en evidencia que los tres frentes que se enfrascarán en lucha ideológica, corresponde, a tres grupos de empleados o funcionarios de tres sectores distintos de la burocracia, controlados, respectivamente, por Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez. Figuras que capitanean estas facciones, no como ideólogos, sino como jefes de funcionarios.
No será entonces una lucha por las ideas, sino una enmascarada lucha por puestos y sinecuras. Y la otra singularidad de este Congreso –que ya está en juego en la anterior—es que, al revés de lo que acontecía con los congresos de aquellos otros partidos, donde la marcha entera del gobierno reflejaba las decisiones del Congreso, en este Primer Congreso del PSUV, todo lo que se discutirá y cuanto habrá de decidirse reflejará la voluntad del Gobierno, esto es, del único que aquí gobierna.
Histórico Congreso ya en las vísperas de su realización.