Bajo esta denominación nos ocuparemos en nuestra balanza de uno de los factores más importantes y más desconocido del Estado actual venezolano, así como del papel que este sector desempeña en la ejecución de las políticas de Chávez.
Pero, antes de explanarnos sobre el tema, nos sentimos en la obligación de detenernos en la palabra que lo designa, en el nuevo barbarismo que hemos adoptado.
Lo haremos, no por afanes lingüísticos, sino a fin de impedir que la vecindad lexical es histórica con otro barbarismo, el de “boliburguesía”, que por lo regular aparece siempre con fuerte carga de denuesto y rechazo”, y con la costumbre también muy anclada entre nosotros de tomar el término burocracia en su acepción peyorativa desvirtúen nuestro único propósito: ocuparnos objetivamente de una situación objetiva que nos involucra a todos.
Comenzando por lo último: de la burocracia que queremos hablar es de ese segmento social que hoy encontramos en todas las naciones, situado en la franja que une y separa al mismo tiempo el poder del Estado y las actividades, necesidades y aspiraciones de los miembros de la sociedad civil.
Estamento social que, con conciencia más o menos lúcida de lo que es y representa dentro de la nación, se encarga con su trabajo diario de hacer posible el cumplimiento de aquella voluntad del Estado y de sus poderes, sin pretender reemplazarse a ella o tratar de dificultar su realización, estorbarla o impedirla.
Pues bien, este sector social, la burocracia, de la cual Max Weber se empeñara en demostrar, un siglo atrás, que, “una vez plenamente establecido, figura entre las estructuras socales más difícil de destruir”, venía evolucionando entre nosotros al ritmo precipitado y anómalo que impone a todo el acontecer social nuestra condición de país petrolero.
Y en un período de apenas medio siglo (desde la caída de Gómez (930-40) hasta el inicio de la alternabilidad presidencial dentro del mismo sistema democrático (960-70) la burocracia en Venezuela creció en términos desmesurados por comparación a otros países de su mismo nivel de desarrollo y llegó a convertirse en un segmento social que, por su reclutamiento, sus normas de funcionamiento, la estabilidad de sus miembros y su independencia respecto a las distintas políticas de los gobiernos, (elementos que no son otros que los que conforman la carrera administrativa) adquirió esa condición de mediador entre la voluntad de los gobernantes y las necesidades y aspiraciones de los gobernados.
Pero esa burocracia , viviente y vigorosa aún hasta finales de siglo (no es nada difícil probar que al “advenimiento” de Chávez aún existían funcionarios y empleados, en justicia, educación, obras públicas, sanidad y hasta dependencias de Miraflores, de encontradas posiciones políticas entre ellos, que contaban con treinta y más años continuos de carrera) fue desmantelada por la voluntad de Chávez y los buenos servicios de sectarios perseguidores como Tascón y otros) para convertirla en una burocracia bolivariana, una “boliburocracia”.
Y esto nos lleva al primer fragmento de nuestro barbarismo: la bolivarización (que, como se sabe, no es otra cosa que la “•chavización”) de la burocracia en Venezuela. Ya el reclutamiento, la permanencia en el cargo o la destitución del mismo, depende en última instancia de la adhesión plena al chavismo.
Así, en definitiva, la “boliburguesia” es una condición que Chávez le ha impuesto a quienes la conforman, a la inversa de lo que ocurre con la boliburguesa, que es una condición social que han escogido, bregado y realizado sus miembros por su propia voluntad y, al parecer, cuando más con la complicidad de Chávez.
Era nuestro propósito describir la condición social de la “boliburocracia”. Esperamos que nuestro breve análisis sirva para ulteriores exámenes sobre su papel y sus responsabilidades en nuestro actual acontecer.