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Blogs | Crónicas desde Nueva York | 14/08/2009 09:51:40 a.m.
Tomando medidas en Afganistán
El gobierno de Washington se propone medir el progreso en Afganistán como antes lo hizo en Vietnam y en Irak, pero a veces, la métrica descuida el factor humano
Por: Harry Blackmouth
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Obama podría carecer del vigor político, especialmente entre los demócratas y su base liberal, para continuar con su esfuerzo militar o ampliar la presencia norteamericana" ( The New York Times, 7 de agosto de 2009).

LA GUERRA DE OBAMA

Cuando se es emperador, la ¿Se está ganando o perdiendo la guerra en Afganistán? ¿Hay maneras de medir el éxito o el fracaso de la campaña militar que ha adquirido renovado vigor durante el gobierno del presidente Barack Obama? Sí, el gobierno de Washington está convencido de que puede aplicarse a la guerra una estrategia empresarial conocida como "metrics", que mide en las compañías el reintegro de inversiones, las tasas de pérdida de personal o de despido de empleados, y las ganancias.

pasión es el peor defecto. El más ocioso de los emperadores siempre será mejor que un emperador apasionado. Obama tiene el celo religioso de un John F. Kennedy, que en su empeño por adelantar la causa de la justicia y la democracia en el mundo, dio luz verde a la invasión de Cuba, contribuyó a la crisis de los misiles que estuvieron a punto de borrarnos a todos del mapa, y abrió las compuertas de la guerra de Vietnam enviando "asesores" para adiestrar al ejército de Vietnam del Sur.

Algunas de las medidas deCuando el presidente Obama divulgó en marzo su nueva estrategia para Afganistán y para Pakistán, dio énfasis a la importancia de esas medidas.

sarrolladas por el gobierno de Obama tratan de establecer el tamaño, vigor y autoconfianza del Ejército Nacional de Afganistán, que sería nacional si todo el territorio afgano se limitara a Kabul, la capital.

"Estableceremos claros controOtra medición consiste en reales para evaluar el progreso y para que seamos responsables" por las medidas a adoptar, dijo Obama.

"De manera constante examinaremos nuestros esfuerzos para entrenar a fuerzas de seguridad afganas y nuestros progresos en combatir a los insurgentes. Mediremos el crecimiento de la economía de Afganistán y la producción de narcóticos. Y revisaremos si estamos usando las herramientas y tácticas correctas a fin de... concretar nuestros objetivos" (que no especificó).

lizar una encuesta de opinión para determinar la percepción que tiene el pueblo afgano de la corrupción administrativa "a niveles nacional, provincial y distrital", dijo The New York Times. Suponemos que parte del éxito de la estrategia de Obama consistiría en demostrar que la corrupción se ha reducido de manera drástica. Pero, como dijo el columnista Max Boot en la revista Commentary: "Debe ser difícil determinar si la corrupción en Afganistán ha subido, bajado, o permanece sin cambios. ¿Difícil? Digamos que es imposible" .

Esas "mediciones" del éxito han sido exigidas por el Congreso de Estados Unidos. Según The New Anthony Cordesman, del CenYork Times, "son consideradas cruciales si el Presidente desea convencer a la Colina del Capitolio y al país que su modificada estrategia está funcionando". Sin esas señales concretas de progreso "el señor tro de Estudios Estratégicos e Internacionales, señaló hace dos años que existe otra medición más importante: "la batalla por el control de la población y del espacio".

¿Quién gobierna y provee de seguridad y de servicios esenciales en una zona determinada? Pues ocurre que en los últimos años el Talibán reconquistó vastas franjas de territorio y de población, "aunque perdió virtualmente todo encuentro táctico". Tal como señalaba el general Creighton Abrams, uno de los comandantes norteamericanos en Vietnam, "el bando que controla el área durante la noche es el ganador real".

OTRAS MEDICIONES
En noviembre de 2005, el gobierno del presidente George W. Bush divulgó su programa titulado "Definiendo la victoria en Irak". En el programa se enunciaban 18 "benchmarks" -puntos de referencia- capaces de medir si se estaba triunfando en la nación árabe. No vamos a aburrir al lector enunciando esos 18 puntos de referencia, pero basta decir que se intentaba crear "un Irak pacífico, unido, estable, democrático, seguro, un motor del crecimiento económico regional, capaz de enseñar a otros los frutos de un gobierno democrático", y otra serie de objetivos que ni siquiera los ángeles en el cielo podrían concretarlos.

De todas maneras, esos "benchmarks" no pudieron cumplirse.

El 4 de septiembre de 2007, la Oficina del Contralor General del Congreso dijo en un informe que "hasta el 30 de agosto de 2007, el gobierno iraquí cumplió con tres objetivos, de manera parcial con cuatro, y no satisfizo 11 de los 18 requisitos. En líneas generales no se han aprobado leyes" cuyo propósito era contribuir a crear un Irak pacífico, unido, estable, democrático, y seguro. "La violencia sigue siendo alta, y se ignora si el gobierno iraquí gastará 10.000 millones de dólares en fondos de reconstrucción".

Antes del fracaso de ese tipo de "metrics", el gobierno de Bush había elaborado otro tipo de evaluación denominado "the rat rate", el promedio de soplones que podían delatar a miembros de la resistencia. Tanto en el 2005 como en el 2006, la Casa Blanca solía informar de cuántos informantes habían soplado y ofrecido datos -esperamos que a cambio de dinero-, sobre sitios donde se escondían los milicianos o donde había bombas.

Peter D. Feaver, quien sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional de Seguridad en esa época, dijo luego: "Pensábamos que era una buena medición sobre cómo el pueblo (iraquí) se estaba enfrentando" a sectores de la resistencia. "Pero luego", dijo Feaver, "descubrimos que mientras la tasa de soplones había mejorado de manera constante en el curso de 2006, también había aumentado la violencia".

De todas maneras, señala Cordesman, la historia de la contrainsurgencia demuestra que las mediciones tienen una falla fundamental: "Si bien los gobiernos saben cómo evaluar el éxito, son incapaces de analizar el riesgo del fracaso".


 
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