A pesar de ser un género teatral menor en desuso y olvidado en los rincones de la desmemoria del siglo XIX español, en Venezuela existe, para asombro de Ripley, una señal de televisión dedicada exclusivamente al sainete criollo. Es la señal de ANTV que día a día, con ligereza expresiva, ambientación popular y realismo puro, se erige como un valor documental, que describe y refleja de manera irrebatible los tiempos revolucionarios que corren.
Sus comediantes son los mejores pagados del mundo y sus montajes los más onerosos de la picaresca universal. Son todos asambleístas, que sientan sus coloradas posaderas en un centenar y pico de escaños, electos por 8% de la voluntad popular y que, sin embargo, se erigen como la voz suprema e incontrovertible del pueblo soberano. Se reúnen, como parodia de cuerpo legislativo, para proponer, analizar y debatir las leyes capitales de la república, en inusitada componenda, donde las acciones de esos tres verbos rectores, se transforman en uno solo e ineludible: decir amén, a todo lo que les solicita el Jefe Supremo.
De no ser por las devastadoras consecuencias, que semejante contubernio provoca, la ya legendaria claque de focas, confabuladas en el hemiciclo de la Asamblea nacional, sería el hazmerreir de toda la nación. (Probablemente lo sean, más allá de lo nefasto de sus coros parlamentarios y de los minúsculos índices de audiencia que exhibe ese canal, ya que el país entero puede presenciar los más flagrantes de sus montajes a través de los noticieros independientes).
Saineteros, al fin, juntos conforman una suerte de zoo polítiquero, integrado por personajes de utilería, representando especímenes humanos variopintos, que escenifican la más hilarante comedia costumbrista de todos los tiempos republicanos, cuyo argumento radica única y exclusivamente en cómo de manera supina, oportunista y chulesca, convertir el texto constitucional en un simple borrador lleno de tachaduras y enmiendas perversas.
Un borrador siempre inconcluso, de páginas abiertas a la voluntad de cambios y modificaciones que se le antojen, en sus caprichosas noches de insomnio, al revolucionario mayor, de verbo, sapiencia y requerimientos incontestables, para esa caterva de correligionarios obsecuentes, raudos y serviles, a la hora de aplaudir cualquiera de sus desatinos presidenciales con la señal de costumbre.
No existe otro medio de comunicación masivo, tan revelador de la suprema impudicia revolucionaria como ANTV. Sin desperdicio alguno, su programación: el Sainete Parlamentario, es síntesis y esencia del régimen.