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Avance | Opinión | 26/11/2009 12:38:32 p.m.
Titanic
¿Qué no podría hacer por Caracas el alcalde Jorge Rodríguez, por ejemplo, si tomamos en serio sus palabras, con el dinero confiscado a estos barones del negocio bolivariano?
Por: Elizabeth Araujo
 
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Ahora resulta que Hugo Chávez ignoraba que a sus espaldas crecía una pandilla de asaltantes de dineros públicos quienes, de la noche a la mañana, pasaron de ser aventureros en la política a honorables hombres de negocios.

Casi estuvo a punto de preguntar por el nombre de ese señor, administrador apenas ayer de un mediano estacionamiento, que erigió su vertiginosa fortuna una vez que el paro petrolero fue conjurado y hoy, por malos designios de las encuestas, aparece marcado como el caso que posiblemente saque del profundo sueño al señor contralor.

“Esos ricachones”, se quejó el Presidente con fingida iracundia, mientras sus ministros –asistentes al foro de los izquierdistas trasnochados del mundo– aplaudían no muy convencidos. Si por algún instante cerraban los ojos, surgía ante ellos la imagen borrosa de la familia humilde de Sabaneta de Barinas, a la cual ahora sus vecinos y demás pobladores  comparan con aquella serie televisiva de Falcon Crest.

Los relatos y argumentos acerca de la caída de este magnate, de quien debieran estar agradecidos, podrán variar, y es lógico que la repentina intervención a sus bancos, seguida de la sorpresiva detención, añada más suspenso a las especulaciones.

Pero la certidumbre de que la revolución bolivariana está por hundirse y que sus tripulantes corren a la zona de salvavidas, se vuelve cada vez más evidente para quienes hoy sufren los tormentos de un país desintegrado, con escasos servicios públicos y demasiada violencia en las calles.

Cualquiera sea la explicación, la pregunta obligatoria es si Ricardo Fernández Barrueco terminará siendo el único “ricachón” que amarró fortuna a la sombra de las desgracias que hoy padecen los trabajadores que ven cerradas sus empresas o de los funcionarios que todavía no han cobrado sus aguinaldos.

En todo caso, ¿de qué manera abordará la Asamblea Nacional este vergonzoso escándalo, sin que los personajes que todos conocen, vinculados familiarmente a los ministros y altos dirigentes del PSUV, sean mencionados y por tanto sujetos a investigación?

¿Cómo borrar los adjetivos halagadores que en marzo de 2006 tuvo el presidente Chávez en favor de este banquero y de otros empresarios enquistados en el poder y cuyas constantes giras en el exterior les han servido para dejar en buen resguardo lo que se han ganado sudando su franela roja?

¿Qué no podría hacer por Caracas el alcalde Jorge Rodríguez, por ejemplo, si tomamos en serio sus palabras, con el dinero confiscado a estos barones del negocio bolivariano?

“Esos ricachones”. Quienes lo escucharon decirlo, vieron también a un Chávez sofocado, como si algo le faltara al mundo y él fuese el único en saberlo. Ahora se asoma y ve el peligro.

Mientras nos fatigaba con canciones de Alí Primera y promesas sin cumplir, su revolución se enrumba sin control al iceberg. La costa está muy lejos.



 
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