Chávez cambió por completo nuestras relaciones con Brasil. Estamos en presencia de una acción personalista que no consulta a la nación y que convierte las relaciones diplomáticas sólo a nivel presidencial.
Esto es visible en las relaciones con Lula y el Brasil. Es su "hermano" Lula que eleva los negocios en una proporción verdaderamente aberrante: más de 7 mil millones de dólares nos exporta el vecino del Sur mientras nuestro país coloca la ínfima cantidad de 98 millones de dólares.
Para 1998 la balanza comercial era favorable a Venezuela. El cambio tan desigual obedece necesariamente a las inversiones brasileras, de sus grandes transnacionales, lo que era justo que sucediera, pero no era fatal tan gran desnivel si se hubiese dado continuidad a una política de Estado que tomaba en consideración el sur de Venezuela y los estados Roraima, Amazonas y Belén de Pará del norte del Brasil.
Los esfuerzos de CAP y los constantes y visionarios de Caldera con Brasil daban resultados. Había una población al norte de ese continente que tenemos como vecino al que se le podía suplir de todo.
Su lejanía con Río, Sao Paolo y Brasilia, y no digamos con el sur del Brasil, le daba prioridad a nuestro país hasta el punto que se llegó a hablar de "Merconorte". Esto obligaba a varias decisiones, entre las que destacamos desarrollar el sur de Venezuela.
En lo referente a Bolívar significaba tomar a Santa Elena de Uairén como gran centro dinamizador, para lo cual era necesario ordenar a esa población darle electricidad y agua, terminal de pasajeros, aeropuerto, aduana principal y convertirla en un centro estudiantil. Eso eran los planes que el autócrata abandonó.
Los gobernadores de Bolívar, Amazonas, Anzoátegui y Monagas, así como los alcaldes, CVG y empresarios, eran partícipes de estas políticas. Las reuniones de los mandatarios regionales y locales de ambos países eran frecuentes.
El entonces gobernador David De Lima viajó a Manaos más de una vez con algo muy productivo para nosotros. En Manaos se adelanta un desarrollo avanzado.
Para la época facturaba más de 22 mil millones de dólares. Se terminó la carretera Manaos-Boa Vista-Santa Elena de UairénPuerto Ordaz. Y el plan del segundo puente sobre el Orinoco contempla la perspectiva de desviar la inmensa corriente de mercancías que se transportaba marrío por un alto porcentaje de martierra, ampliar el puerto de Guanta y dotar de servicios la línea fronteriza y la aduana.
Ahora se retoma el tema. Se han perdido 10 años y se han destruido los mecanismos que se habían creado. Para colmo un alcalde irresponsable intenta ranchizar a Santa Elena de Uairén.
Lo reseñado indica como esta política partidista y personalista, carente de soberanía nacional, termina favoreciendo a las grandes transnacionales brasileras.
Coloca a un lado lo que la práctica de las relaciones con los vecinos se resume en pocas palabras: no hay integración que no ubique en lugar destacado la comunidad de intereses de las fronteras y de quienes habitan en ellas.