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Avance | Opinión | 12/11/2009 12:22:15 p.m.
Fantasmas
El pasado lunes el mundo celebró la caída de un absurdo. Todos, menos los gobiernos de Cuba y de Venezuela para quienes todavía el modelo comunista sigue siendo "el mejor de los mundos posibles"
Por: Elizabeth Araujo
 
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El pasado lunes el mundo celebró con alegría y hasta con nostalgia los 20 años de la caída de un absurdo. Vendido durante siete décadas como “el mejor de los mundos posibles”, el modelo comunista se desplomó casi por inercia tras mantener su mentira a la fuerza, prevalido de repetitivos discursos, cifras falsas y una cruenta represión.

Es probable que la equivocación del secretario de propaganda del Partido Socialista Unificado de la RDA, Günter Schabowwski, al adelantar el decreto que permitía viajar fuera de las fronteras, haya precipitado los hechos, pero no cabe duda de que el final del oprobioso muro de 155 km, con hormigón reforzado de alambre de púa electrificado y 310 torres de vigilancia, estaba por llegar.

Entonces este mismo lunes de festejos ocurrió algo insólito. Ni la prensa oficial de Cuba ni los voceros del gobierno venezolano se dieron por enterados y añadieron con su silencio una demostración de cuan alejados siguen estando estas revoluciones de la realidad.

Mercenarios de un cuerpo de ideas que reclama hechizo y mentiras, los llamados “intelectuales del chavismo” llenaron ese día de manera vergonzosa su agenda con justificaciones banales, sin reparar que más allá de sus narices, hace exactamente 20 años, una parte del planeta había dado un gigantesco salto hacia un sistema democrático y libre, todavía lleno de imperfecciones pero provisto de uno de los dones más preciados del hombre: la libertad.

Mientras Berlín era una fiesta, en Caracas los voceros del PSUV, PPT y PCV aportaban mansamente sus ladrillos para erigir la pared que un insensato militar con ínfulas de iluminado se empeña en construir con su necio propósito de separar a dos pueblos hermanados por su historia, sus usos y costumbres y hasta fervientes admiradores de un mismo Libertador.

Preocupa que la negación voluntaria de un acontecimiento histórico de enorme significado se conjugue con la participación en la puesta en escena de una guerra inventada bajo una coartada: recuperar la popularidad perdida del líder, y peor que ello reciba todavía la complicidad de intelectuales y jóvenes que militan en el proceso bolivariano.

¿A dónde se fueron esos revolucionarios que alguna vez ardieron su furia al cuestionar un universo de explotación e injusticias? Como no hay respuestas, cierro los ojos y los imagino nerviosos, callados, la mirada tendida en la distancia, y la insegura lucidez que sólo conduce al estallido contra sí mismo, pero con la severa prohibición de reconocer la realidad que les rodea.

Como esa reina insensata de la obra de Shakespeare a quien Hamlet le interroga si no ve el fantasma: “¿no ve usted nada ahí?”, y la reina terca, asustada, responde “No veo nada, y sin embargo veo todo lo que es”.



 
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